Mostrando entradas con la etiqueta libros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta libros. Mostrar todas las entradas

domingo, 10 de octubre de 2010

Miyuki Miyabe, por fin en español

El próximo día 18 sale a la venta la primera novela de Miyuki Miyabe en español, publicada por Quaterni (traducción del inglés de Purificación Meseguer). La primera, pero no la última; porque le seguirán Crossfire, The Devil's Whisper y Shadow Family; todo un festín. Esta "avanzadilla" (es mucho más que eso, la verdad) es Kasha (1992), una novela que me cautivó las pasadas navidades tras comprarla en Tokio. Miyabe es una escritora japonesa de gran prestigio y una abundante (y variada) obra.
Respecto a la edición en español, un primer aspecto a comentar sería el título. Me consta que en la editorial le dieron bastantes vueltas al tema. No era sencillo. El título original es metafórico y hace referencia a una criatura mítica sintoísta que devora los cadáveres. Para un japonés, la referencia es, por lo tanto, clara y puede ver cómo se construye la metáfora al leer el libro. Para un occidental, no está tan claro. Aquí podía optarse por dejar el título original y explicar qué es eso del Kasha (Quaterni lo hace, desde luego), o cambiarlo por otro totalmente diferente, como hicieron en la traducción al inglés (All She Was Worth). La solución de Quaterni (La sombra del Kasha) no me acaba de convencer (para gustos, colores), porque yo creo que llama a error. Puede pensarse (y a eso ayuda el diseño de la portada) que vamos a leer una historia de espíritus (y yo no contaría con ello). Vamos, que puede hacer que algunos lectores se sientan defraudados por un contenido más sociológico que de terror. Y que otros lectores que no se animen a leer la novela pensando que es una historia de terror, se pierdan un libro estupendo que no puedo sino recomendar. Pero, vamos, que el título original suponía, sin duda, un reto.
La traducción parece muy correcta y fluida, lo que me hace pensar que es posible que los lectores en español salgan ganando con una traducción del inglés en lugar de una del japonés. En mi experiencia, las traducciones de novelas en japonés al español no acaban de dar grandes resultados (suelen chirriar bastante, con loables excepciones como el Kafka en la orilla de Lourdes Porta). En cambio las traducciones al inglés suelen ser muy buenas. Quizás a alguien pueda llamarle la atención esta práctica, que es, por otra parte, bastante habitual entre las editoriales de este país. Sin ir más lejos, la versión catalana de dos de los tres volúmenes de Millenium se hizo del francés. En fin no seré yo quien defienda las traducciones de lenguas puente; pero tampoco voy a criticarlas si el lector sale ganando. Y ya digo, muchas traducciones al inglés que he leído me han parecido muy fieles al espíritu original de las novelas japonesas (desde las limitaciones de alguien que no habla japonés, pero que aprecia una prosa natural y no forzada), entre ellas, la de la novela que nos ocupa.
Pues, nada, a disfrutar de una trama rica y variada, bien hilvanada, que además nos descubrirá una cara de Tokio que puede resultarnos desconocida (y brutal). Y todo ello de la mano del inspector Honma, el típico policía japonés que no es un genio, pero que resuelve los casos a base de tenacidad cuando no está comiendo, bebiendo sake, leyendo el periódico o viajando el tren.
Una auténtica novela policíaca (recomendable incluso para quienes no sean muy partidarios de este género), por más que atípica (de ahí su atractivo para muchos públicos diferentes), que engancha y mantiene el interés hasta el mísmisimo final, inesperado por abrupto y muy original.

Se puede descargar el primer capítulo aquí.

viernes, 6 de agosto de 2010

Vuelve Erlendur

He podido comprobar que la traducción al inglés de Mýrin (Jar City, 2000) es mucho mejor que la de La mujer de verde que leí hace casi medio año. La lectura de esta novela me ha arrancado la espinita que se me había quedado clavada y ahora entiendo más (con sus matices) la fascinación que ejerce Arnaldur (así se llama a la gente en Islandia, por el nombre de pila, sin apellido ni nada, qué curioso, no deben repetir mucho los nombres, porque si no...) en propios y extraños. Con esta novela el escritor islandés ganó el prestigioso premio Glasnyckeln ("Llave de cristal") a la mejor novela negra nórdica y el premio de la crítica francesa a la mejor novela negra (a secas).
Jar City vuelve a estar protagonizada por el inspector Erlendur; "primo" de Kurt Wallander (protagonista de la serie policíaca de Mankell) y de Rebus (ídem de Ian Rankin). Es el típico policía divorciado, con hijos con problemas (en esto se lleva la palma, la verdad), falta de higiene, malos hábitos dietéticos, poco presumido; pero bueno en su trabajo. Y de nuevo nos vemos transportados a otra cultura, a un país lejano en muchos sentidos, gracias a la labor sociológica del bueno de Erlendur, que, no es por nada, pero hay que ver las cosas que le da por investigar a este hombre y la manga ancha con la que le dejan hacer. Como en La mujer de verde, la mirada se vuelve al pasado de Islandia, del que tan poco sabemos (al menos yo). No en vano Erlendur es un hombre marcado por el pasado. Tras leer estas dos novelas, me quedo con la sensación de que en Islandia todo empieza siempre hace cuatro décadas. Me habían comentado que Arnaldur Indridason repetía bastante los esquemas de las tramas y este pequeño muestreo apunta en esa dirección.
El final decepciona; pero, por lo demás, resulta de lo más entretenida. Vaya afición que le he pillado yo a esto de la negra, para ser que nunca había leído nada antes.


Mýrin está publicada en español con el título de Las Marismas, por RBA (aunque no sé si podemos fiarnos mucho de la traducción).

domingo, 7 de marzo de 2010

La lengua bien empleada

El próximo martes día 9 de marzo los Novelantes se reúnen para comentar la lectura del primer volumen de la autobiografía de Elias Canetti, publicado en 1977, que lleva por título La lengua salvada (Die gerettete Zunge. Geschichte einer Jugend). Como apunte, diré que a pesar de que este título se ha traducido a veces con "absuelta" en lugar de "salvada", en mi humilde opinión de traductora, yo también hubiera apostado por "salvada". También he de decir que es la primera vez que leo algo de Canetti y que las primeras decenas de páginas de este primer tomo me desanimaron un poco a seguir. Soy poco amiga de la verbosidad (miento, adoro a Rushdie) y al principio tomé por pedantería y arrogancia algo que más tarde (voy por el segundo tomo, La antorcha al oído) he comprendido que es el producto de una sólida formación intelectual de otra época, de una forma de entender el mundo vinculada íntimamente a una época y una clase social. En ese sentido, Canetti es un clásico y como tal debe leerse.
Pero sus descripciones de sus años de juventud son tan minuciosas (incluso de los incidentes adolescentes más insulsos) que debo dosificarme la lectura y combinarla con una novela para seguir con ella. La verdad es que sigo leyendo por pura curiosidad. El hombre tiene una vida de esas tan novelescas que cuesta imaginarse que pudiera darse en la vida real. Descendiente de judíos sefardíes que en su éxodo desde España pierden su Cañete original (que se transforma en Canetti, mucho más europeo), el futuro escritor vive su infancia en varias lenguas y tiene la osadía de elegir como lengua literaria el alemán, un idioma que no es su primera lengua (ni la segunda, ni la tercera), que su madre (siempre su madre) le fuerza a aprender a toda pastilla y sin miramientos, y que él había asociado siempre a la intimidad de sus padres.
A pesar de la meticulosa labor de los traductores (en algunos casos se contó con la ayuda del autor), alguna frase chirría (traducir del alemán es muy complicado por las muy diferentes estructuras que presentan las frases en un idioma y en otro). Eso no impide disfrutar de los capítulos en su conjunto (aunque más de unos que de otros) y sobre todo de algunas perlas como cuando el autor nos dice "Todo lo que he vivido más tarde ya había sucedido una vez en Rustschuck"; el onírico escenario de su niñez. También me impresionó que cuando descubre a su pintor favorito, Brueghel, escribiera "lo encontré en mí mismo". O que, respecto a una conversación con su madre en un cementerio, crea que "de las frases que me decía en esos momentos he ido surgiendo yo".
Los Novelantes han elegido bien; puede que este libro sea la mejor puerta de acceso a la obra de Canetti. Sin duda fue el que le dio más popularidad; su primer éxito real de público (seguramente es más accesible que su obra anterior) y el que influyó decisivamente para la concesión del premio Nobel en 1981 (sus "contrincantes" eran Borges y García Márquez). Es curioso, porque esta se considera una de las grandes autobiografías del siglo XX y los autores no suelen recordarse por su obra de "vejez".

miércoles, 24 de febrero de 2010

Murakami a la carrera

Después de un montón de tiempo sin ir a correr, el otro día me hice cuatro kilómetros escasos (poquísimo, pero es que estoy desentrenada) por obra y gracia de la lectura de What I Talk About When I Talk About Running (Hashiru Koto Ni Tsuite Kataru Toki Ni Boku No Kataru Koto, 2007, diría que no está traducido al español), tal es el poder que tiene este hombre sobre mí. Bromas aparte, es difícil leer este librillo y no sentir ganas de ponerse en forma, y no será porque no cuente también todos los inconvenientes (el dolor, las lesiones, el calor, el cansancio, etc.).En la crítica que apareció en el New York Times cuando se tradujo al inglés, Geoff Dyer (que, por cierto, dejaba el libro a caer de un burro), decía de los potenciales lectores de este libro que serían "un 70% de fanáticos de Murakami, un 10% de entusiastas de este deporte y un 20% de fanáticos de Murakami y aficionados a correr que sencillamente estarían al borde del orgasmo antes siquiera de pagar en la librería". Me temo que estoy en ese 20%; no tanto por mi afición a correr (es algo que he hecho durante años de forma poco constante, según la época en la que me pilla la idea), como por el hecho ineludible de que me leería sus listas de la compra si Murakami hiciese como mi marido y no las tirase jamás.
Dyer se queja de la falta de estilo de Murakami, de lo poco trabajado que está el libro, de su sencillísima prosa. Es cierto que no está a la altura de nada de lo que he leído suyo (cosa que me imaginaba y por eso no lo había leído hasta ahora). Pero tiene otros aspectos interesantes. Por ejemplo, vemos la claridad de ideas de este hombre (Murakami, no Dyer). Me imagino que al ser un librito muy conciso, se ha simplificado mucho todo; pero no deja de ser admirable. He de reconocer que Murakami es un tipo que me cae bien. Aunque no me parece un requisito para leer la obra de nadie, desde luego, es más fácil que te gusten estos retazos de memorias si ya de entrada el hombre te resulta simpático. Y hay algunas partes cuyo mérito reconoce hasta el "criticón" de Dyer, como cuando nos cuenta que se va a Atenas para correr la ruta original de la maratón, en pleno verano. Quizá es la parte que más me ha gustado más a mí también.
Cuando comenté con otro entusiasta de Murakami que este decía que la mayor parte de lo que sabe sobre la escritura lo ha aprendido corriendo a diario, este escéptico por naturaleza (mi amigo, no Murakami) apuntó que siempre se pueden encontrar paralelismos entre los oficios y las aficiones (por lo visto, Camus decía que la mayor parte de lo que sabía sobre la moralidad y el sentido del deber lo había aprendido del fútbol). Pero lo cierto es que Murakami lo explica de forma que parece que realmente correr forme parte de su oficio de escritor. Nos dice que la literatura es tóxica (en cuanto el escritor se enfrenta a la toxina de la que no puede escaparse nada humano, sin la cual no hay creatividad) y que para hacer algo contaminante, como escribir, hay que estar muy sano.
Pues nada, ahora sí que solo me queda esperar a que traduzcan su última novela (ya tardan).

Los Novelantes han incluido (por fin) a Murakami en su cartel y hablarán de Kafka en la orilla en octubre.

jueves, 18 de febrero de 2010

Boyd por triplicado (y III)

Restless es una novela, premiada (cómo no), de 2006; pero no la más reciente de William Boyd (la última es Ordinary Thunderstorms, de 2009). A pesar de ser una obra de ficción, contiene mucho material histórico poco difundido, lo que le confiere un interés especial. De hecho, fue al informarse sobre la segunda guerra mundial para la trama de espionaje de Any Human Heart cuando le interesó tanto el tema que de ahí surgió esta novela. Restless combina dos tramas (un misterioso pasado y el presente de un progenitor y su hija) tal y como hacía The Blue Afternoon. Y como en esa novela, la parte más interesante es la reminiscente. Estando en Hiroshima estas navidades recordaba cómo el gobierno de EE.UU. quería entrar en la guerra y las estratagemas que emplearon para convencer a sus ciudadanos, que no lo veían nada claro.
Cuando Winston Churchill se convierte en Primer Ministro de Gran Bretaña en mayo de 1940, no tarda en encontrarse más solo que la una ante el poder nazi. Para poder salir del embrollo, decide que los EE.UU. tienen que echarle un cable y convertirse en sus aliados. Pero un 80% de los estadounidenses se declaran contrarios a entrar en la guerra. Para hacerles cambiar de opinión, comienza una campaña de propaganda pro-británica y anti-germana en la prensa de los EE.UU. De ello se encargan los servicios secretos británicos y en todo ello participa Eva, protagonista de Restless. Recientemente, The Washington Post describía esta operación como "magistral" y "con toda seguridad la más eficaz de la historia".
Para mí, el punto débil de esta novela, entretenida, interesante y bien escrita, es justamente el haber combinado toda esa parte histórica con la vida de la hija de Eva y de la propia Eva en Oxford. Debería haberse limitado a que la hija descubriera el pasado de su madre por un método a elegir; porque las andanzas de la hija (y las actuales de la madre) no están nada logradas y no proceden. Es sorprendente la soltura con la que la hija acepta el pasado de espía de su madre (hasta se lo cuenta a una amiga), por cierto. Y el final, absurdo y sin sentido. Una vez más, Boyd debería habernos ofrecido menos para darnos más.


Principio de Restless (en inglés) aquí.
Sin respiro está publicada en Alfaguara.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Boyd por triplicado (II)

Seguimos con uno de los libros más conocidos de William Boyd, el premiado Any Human Heart (2002). A pesar de estar ambientado antes de su época, resulta un tanto autobiográfico; después de todo, Boyd ha vivido en Nigeria y estaba allí durante la guerra de Biafra y, como su protagonista, también es de origen escocés, estudió filología francesa, estuvo en el Jesus College de Oxford, vive entre Londres y Francia, ha vivido del periodismo... El principal defecto que le encuentro a esta novela, bien escrita, es que resulta demasiado obvio que se nos quiere hacer ver el siglo XX a través de Logan Mountstuart; uno de esos hombres que se las arregla para surcar acontecimientos históricos y países como quien da un paseo por el parque. Eso fuerza un poco las cosas. La vida de Mountstuart contiene todos los ingredientes; ejerce todo tipo de oficios poco habituales y es que lo vive todo (algo un tanto improbable). Tan pronto conoce al pintor Jackson Pollock mientras dirige una galería de arte en Nueva York, como vive la guerra de Biafra mientras enseña en la universidad en Nigeria. Incluso anciano y retirado del mundanal ruido se ve envuelto en una historia del pasado, que, cómo no, se encarga de investigar. Es poco realista, vamos. Y conocer, es que conoce a todo el mundo. Ya sé que es una novela; pero es que no solo conoce a Hemingway en París, que no podía faltar (lo raro sería un personaje que no le hubiera conocido, siempre sale en todas las novelas, el hombre), sino también a Virginia Woolf, James Joyce y muchas otras figuras de la literatura, el arte, la política... (junto con alguna inventada, como Nat Tate, de quien hablaremos enseguida).
Como parece tener por costumbre, Boyd ha hecho los deberes y se ha documentado de maravilla. La historia de Alfred de Marigny, que sucede mientras el duque de Windsor (a quien también conoce Mountstuart, por supuesto) es gobernador de Bahamas es totalmente verídica. También es real el personaje de John Godfrey, el director de Inteligencia Naval de la Royal Navy que fichó a Ian Fleming (también sale, claro) antes de que fuera un escritor famoso. Queda patente que, como él mismo ha comentado, mientras investigaba para esta novela le interesaron temas que más tarde desarrollaría también en Restless (como las noticias falsas anti-nazis, la Baader-Meinhof...). Algunas de las historias están mejor resueltas que otras, eso sí. Concretamente, la de las correrías por una Nigeria en guerra es mucho estirar, para mi gusto. Y lo de Londres y los terroristas con Logan ya anciano es simplemente disparatado. A pesar de todo, de los tres libros suyos que me he leído, este es el que más me ha llenado; el más conseguido.
Y lo prometido es deuda, volvamos a Nat Tate (que tiene miga la cosa); un personaje inventado en 1998, cuando Boyd publicó Nat Tate: An American Artist 1928-1960, una obra que presentaba como reales los cuadros y la biografía de un pintor expresionista abstracto del Nueva York de los años 50, de vida trágica. De hecho, Boyd bautizó al supuesto pintor a partir del nombre de las dos pinacotecas británicas más famosas: la Nat-ional Gallery y la Tate Gallery. En Any Human Heart no solo aparece Nat Tate como un personaje más junto con pintores famosos (y reales), sino que hay también una nota al pie de página que nos remite a la obra de referencia sobre el artista. En lo que fue sin duda una jugarreta "orsonwellesiana", se publicó el libro como si no fuera una obra de ficción y varios destacados críticos de arte cayeron en la trampa. En la fiesta con motivo del lanzamiento de la obra, mientras el cantante David Bowie (que estaba en el ajo) leía fragmentos de la biografía, varias personas del mundo del arte recordaban haber conocido en vida a Nat Tate. Como era de esperar, hubo bastante gente a la que no le hizo ninguna gracia cuando se descubrió el pastel.


Las aventuras de un hombre cualquiera
(permítanme que me carcajee, no era esto lo que se quería decir con el título, que se refiere a un ser humano como los demás, justamente no puede decirse que Mountstuart sea un hombre cualquiera, por dios) está publicada en Alfaguara.

martes, 16 de febrero de 2010

Boyd por triplicado (I)

William Boyd pertenece a la misma generación que otros escritores de más renombre; como Martin Amis, Julian Barnes, Ian McEwan, Salman Rushdie o Kazuo Ishiguro. Aunque no estamos hablando de un desconocido; sus novelas se han traducido a más de veinte idiomas y ha ganado multitud de premios, entre ellos el Whitbread a la mejor primera novela y el Somerset Maugham Award (por A Good Man in Africa), y ha quedado finalista al Booker en al menos una ocasión (con An Ice-Cream War). En 1983 fue elegido uno de los 20 mejores novelistas jóvenes británicos por la revista Granta (junto con McEwan, Rushdie y compañía, por supuesto). Para saber cómo les han ido las cosas a quienes hace veinticinco años eran poco más que escritores prometedores, hay un interesante artículo de hace un par de años en Babelia.
No había leído nunca ninguna de sus novelas; pero ahora que he leído tres (en los últimos meses, los tres premiadas), puedo decir que, en mi opinión, este escritor (de prosa fluida y eficaz) mezcla siempre demasiados ingredientes en la coctelera, haciendo que todo parezca un tanto improbable, quizá por demasiado ambicioso. Lo que pasa es que cuando se lee sobre su persona, se ve que en él también se da una conjunción de aspectos bastante curiosos y poco probables (desde su nacimiento en Ghana hasta los meses que pasa al año en su castillo francés, donde elabora un vino que por lo visto ha ganado premios y todo); de hecho, se podría decir que William Boyd ha tenido (y tiene) una vida de novela.
Empezaremos (puro orden cronológico) por The Blue Afternoon (1993), que ganó premios tanto en Gran Bretaña como en los EE.UU. En esta novela apreciamos rasgos comunes si no al conjunto de su obra (no soy quien para opinar) si a parte de su obra (la que yo he leído, concretamente); una hija atribulada (varias novelas de Boyd tienen protagonistas femeninos) con un progenitor de misterioso pasado que de repente se les viene encima (como en Restless) y ambientaciones de lo más variadas. En este caso, un país del que desconozco todo (Filipinas) y otro que no he pisado (EE.UU.). También parece que Boyd tiene una obsesión con el tema de la identidad, con lo que significa abandonar la persona que has sido y empezar una nueva vida, silenciando el pasado. La parte de The Blue Afternoon que transcurre en Filipinas (la historia retrospectiva, para entendernos) es la que me pareció más interesante (lo mismo me pasó con Restless). Supongo que uno de los puntos fuertes de Boyd debe ser la documentación; porque logra ambientar estupendamente una época un tanto remota. En cambio, en mi opinión, falla con las vicisitudes de la vida de la hija, que no despertaron mi interés en absoluto. Encuentro que ni el padre "de viejo" ni la hija son personajes sólidos, a diferencia de los de la historia en Filipinas. Y este desnivel se aprecia también en Restless. Any Human Heart es otra historia (en todos los sentidos).
Continuará.


La tarde azul
está publicada en Alfaguara.

martes, 9 de febrero de 2010

Nunca segundas lecturas fueron buenas (II)

A lo que íbamos. White Teeth dio en el blanco (y nunca mejor dicho). Su mezcla de dolor y humor (una especie de tragicomedia un tanto disparatada) para ilustrar los dilemas de los inmigrantes en Gran Bretaña era lo suficientemente "amable", a pesar de la ironía, como para no levantar excesivas ampollas. Y eso siempre ayuda. Así que sedujo a todo el mundo y cuando la revista Time publicó su lista de las 100 mejores novelas en inglés (1923-2005), no se olvidaron de White Teeth. La novela se adaptó incluso a la televisión (en 2002).
Pero siempre hay algún aguafiestas, y en el caso de Zadie Smith, su "cruz" particular es el crítico inglés James Wood, quien desde el mismo momento de su publicación tuvo a bien incluir esta novela en lo que él denomina "realismo histérico" (de hecho, se sacó el concepto de la manga justamente en un artículo sobre White Teeth). Wood critica el ansia contemporánea por crear novelas excesivamente ambiciosas, que puedan describirse como "grandes novelas" y que en su afán por abarcar demasiado, acaben hablando de muy poco. Para Wood, esta novela es un ejemplo de obra que persigue la "vitalidad a cualquier coste", con la que el lector, como resultado, acaba "sabiendo mil cosas sin saber nada de una sola persona". Esta relectura me ha hecho pensar que para ser una novela tan extensa, la construcción de personajes no es todo lo sólida que debería. ¿Conocemos realmente a los personajes de White Teeth? Wood tiene su parte de razón al criticar a los escritores que parecen más obsesionados con la crítica social que con la ficción; con decirnos "cómo funciona el mundo en lugar de lo que siente un personaje respecto a algo". Y no contento con meter a Zadie Smith en el mismo saco que Don DeLillo y Thomas Pynchon, decide que Salman Rushdie cojea del mismo pie (y eso ya me fastidia más, claro).
Para mí, Zadie Smith es un caso claro de que los críticos no suelen "bajarse del burro" con facilidad. A la que apareció su nombre en la tercera lista de "Mejores novelistas británicos jóvenes" (menores de cuarenta), publicada por la revista Granta (la Biblia, poco más o menos) en 2003, nadie se atrevió a decir en voz alta (o a escribirlo, mejor dicho), pero quizá no era para tanto. Pero, bueno, lo cierto es que la lista esa estaba maldita y la mayoría de los incluidos no han vuelto a levantar cabeza. No sé si Zadie Smith nos sorprenderá en el futuro; como es muy joven, tiempo tiene de encontrar su historia, su voz, su fuerza. Las "vacas sagradas" de la generación anterior, como Ian McEwan (otro que anda por el nuevo cartel de Novelantes, por cierto), parece que no han desistido y la siguen considerando su heredera natural. Preguntado hace un par de años por los escritores que deberían relevarles, se quedaba ("claramente") con tan solo uno: Zadie Smith, "toda una figura a tener en cuenta". Pues seguiremos esperando, a ver.

Dientes blancos está publicada por Salamandra y Quinteto (bolsillo).
Los Novelantes se reúnen hoy para comentar la lectura de White Teeth.

lunes, 8 de febrero de 2010

Nunca segundas lecturas fueron buenas (I)

Los lectores desmemoriados tenemos la suerte de que con los libros que tenemos en casa podríamos pasar el resto de nuestras vidas, releyéndolos una y otra vez (casi) como si fuera la primera vez. Lo malo de las segundas lecturas no es que te acuerdes de la trama, de los personajes (cuando los Novelantes leyeron la primera novela de Kate Atkinson, Entre bastidores, la recordaba bastante a pesar de los años transcurridos), sino que (casi) nunca te gusta tanto como la primera. Tengo curiosidad por ver qué pasa cuando relea al Murakami de Kafka en la orilla (que me hizo devorar el resto de sus libros) o al seductor Kureishi de El Buda de los suburbios (ambas son lecturas para Novelantes en el cartel de este año). Para la "tertu" anterior a los Novelantes, releí Intimidad, también de Kureishi. Y tuve una agradable sorpresa al ver que seguía encontrándole el mismo interés. Pero, vamos, por lo general, con la honrosa excepción de Cumbres borrascosas (que podría leer decenas de veces más), las novelas no suelen salir airosas de relecturas que haces con más años y más horas con un libro en el sofá.
Leí
White Teeth (Dientes blancos) cuando se publicó en el 2000. Tenía todos los ingredientes para que me abalanzara sobre la novela casi caliente aún de la imprenta. Hablaba de un Londres que yo he conocido y vivido, y la editorial "vendía" a su autora como "la nueva Salman Rushdie". Ahí es nada. El propio Rushdie, lejos de ofenderse porque le hubiesen encontrado repuesto, recomendaba vivamente la lectura de la primera novela de Zadie Smith. Otro motivo más para no perder ni un momento e ir a comprarla. De repente, no era que Zadie Smith fuese protagonista absoluta de la esfera literaria británica, es que parecía que la esfera era ella; una autora desconocida tres años atrás, cuando consiguió agente literario con un capítulo y unos pocos relatos. Su propia historia parecía de ficción: se subastaron los derechos de una novela de la que solo existían algunos capítulos, todo el mundo esperaba con ansia su publicación. Y no defraudó a (casi) nadie. De hecho, ganó los premios más prestigiosos a los que podía optar: el Guardian First Book Award, el Whitbread First Novel Award y el premio al primer libro de un escritor de la Commonwealth. Y como no podía ser de otra forma, a mí también me encantó. Me pareció ocurrente, bien escrita y todos los dardos daban en la diana.
Parecía imposible que una segunda novela pudiera llegar a estos extremos de paroxismo y, de hecho, no lo hizo. De entrada, la joven autora se declaró profundamente agobiada por su repentina fama y dijo que estaba pasando por un bloqueo creativo. No fue muy largo, porque en 2002 publicaba The Autograph Man. De nuevo, una novela bien escrita que pretendía ser ocurrente y volver a llenar de dardos la diana. Pero lo cierto es que por mucha imaginación que le echase, The Autograph Man (
El cazador de autógrafos) era un intento fallido de volver a conseguir blancura dental. La acogida crítica fue tibia; pero las ventas no podían fallar. El siguiente bloqueo duró un poco más y Smith no publicó On Beauty (Sobre la belleza) hasta 2005. Las ventas bajaron un tanto (por la decepción que sufrieron muchos lectores con el segundo libro), pero los críticos decidieron que no podían equivocarse tanto y que aquella novela sí que era lo que habían estado esperando (ganó el Orange Prize for Fiction en 2006 y quedó finalista del Man Booker Prize). Para mi gusto, cada novela estaba más vacía que la anterior. De hecho, la tercera me pareció que, a pesar de estar bien construida, no tenía nada que contar. O, al menos, nada que me interesara a mí. Lo que demuestra, una vez más, que no basta con escribir bien. El bloqueo creativo actual debe ser el más duro de superar, porque no ha vuelto a publicar ninguna otra novela ni hay indicios de que vaya a hacerlo pronto.

Dientes blancos, Sobre la belleza y El cazador de autógrafos están publicados por Salamandra y Quinteto (bolsillo).

Los Novelantes se reúnen el 9 de febrero para comentar la lectura de White Teeth.

miércoles, 20 de enero de 2010

La cara oscura de Tokio

Por más que le guste esa ciudad a mi compañero de viajes, está claro que en todas partes cuecen habas, y tras descubrir el año pasado que hasta en Suecia había injusticias, corrupciones y demás, pues tampoco vamos a mitificar a los japoneses. De hecho, aparte de mi fotógrafo particular, seguramente nadie idealiza a un país obsesionado con la soledad y la muerte, que ha dado un vuelco tan grande desde la destrucción total causada por la segunda guerra mundial hasta la sociedad de consumo feroz y la bonanza económica (todo ello en menos de medio siglo), que claro, se han quedado un poco descolocados.
Para mí, uno de los grandes defectos de los japoneses (generalizando que es gerundio) es su consumismo, algo que me ha dejado patidifusa en las dos ocasiones que he estado en Tokio; sobre todo en el elegante y comercial barrio de Ginza, donde la gente hace cola para entrar a la tienda de ropa de moda como otros la hacen para ir a la discoteca. No deja de sorprenderme ver aglomeraciones en joyerías tipo Tiffany's o tiendas como Louis Vuitton, sobre todo porque en Barcelona parece que nunca haya más de un cliente dentro y a mí no se me ocurriría entrar en la vida. Pero no es que los japoneses entren a curiosear, ¡es que salen con bolsas! Me maravilla, vamos.

Y de ese consumismo y sus consecuencias personales y sociales es de lo que trata una estupenda novela de Miyuki Miyabe,
All She Was Worth (Kasha, 1992), premio Yamamoto Shugoro. Miyabe es una escritora tremendamente popular (y con gran prestigio crítico) en Japón y en otros países asiáticos que ha publicado novelas fantásticas, de terror, policíacas, de ficción histórica, de denuncia social, juveniles... Rara vez concede entrevistas, pero en una que he leído habla sobre las dos caras de Tokio: una reluciente y de poder económico (la que se conoce en el extranjero), y otra donde vive la gente normal y corriente, la que no tiene acceso al Tokio hermoso, que casi les asusta. Y ella ha elegido escribir sobre la cara que no reluce.
En el caso de
Kasha (el título en japonés hace referencia a una criatura mítica sintoísta que devoraba los cadáveres), Miyabe denuncia, desde una interesante perspectiva femenina, el consumismo de los japoneses y sus nefastas consecuencias. Lo curioso es que a pesar de que el contenido es casi de ensayo sociológico, se ha elegido como vehículo una novela policíaca, con el típico inspector de policía japonés que no es un genio, pero que resuelve los casos a base de tenacidad cuando no está comiendo (como un detective que yo me sé, pero sin los revolcones, que los nipones son muy púdicos), bebiendo sake o leyendo el periódico (o viajando el tren, que también tienen mucha afición).
Y el género no es excusa, estamos ante una auténtica novela policíaca, por más que atípica, que engancha y mantiene el interés hasta el mísmisimo final, inesperado por abrupto y muy original; aunque no resuelve algunas dudas (ni falta que hace, seguramente). Lo que empieza con la desaparición de una mujer tras lo que podría ser una riña de enamorados (por simplificar) acaba resultando una disección de la sociedad japonesa y sus encorsetamientos, vías de escape, trampas... La desesperación de una mujer es el hilo que mantiene firmamente hilvanada una trama rica y sofisticada, escrita con eficacia y (seguramente, por la impresión que me da) bien traducida. Un libro de los que no se leen todos los días. Absolutamente recomendable a pesar de la tendencia a las peroratas de algunos personajes (que según a quien pueden no resultar del todo creíbles).

Pero, claro, una escritora que lleva la friolera de 46 novelas publicadas (traducidas a 11 idiomas, son especialmente populares en China y en Corea), no puede mantener siempre el listón así de alto. Llevados por el entusiasmo tras leer All She Was Worth, nos propulsamos a comprar otro de sus libros en Kokuniya (creo que la estupenda librería de Times Square, en Shinjuku, se llama así) durante nuestra estancia en Tokio y dimos con The Devil's Whisper (1989, Majutsu wa sasayaku) que parece talmente que lo haya escrito otro autor. De entrada, la prosa no tiene nada que ver; resulta de lo más plana, algo que puede achacarse en parte a la autora, pero como se publicó tan solo tres años antes que Kasha, pues no lo acabo de ver muy claro. Yo diría que el traductor al inglés tiene mucha culpa; aunque, evidentemente, es solo una suposición. Otra teoría mía sería que esta novela esté destinada a un público juvenil (o al menos más joven que yo); algo que se vería refrendado por el hecho de que el protagonista sea un adolescente y se expliquen conceptos como el de "publicidad subliminal" que todos los adultos conocemos.
Lo que está claro es que se trata de una obra ambiciosa que no ha conseguido ser redonda. Será por tramas y subtramas: el negocio de utilizar a jóvenes que exprimen a hombres solitarios con medios (de lo más cruel), los daños que puede ocasionar la publicidad subliminal, el poder de la hipnosis, los "matones" del instituto, el rechazo social a los familiares de un ladrón de guante blanco o, de hecho, de cualquier persona a la que detenga la policía, la afición a robar en las tiendas... Vamos, que hay de todo, por no hablar de las cuitas de la adolescencia. Y lo curioso es que todo tiene un cierto sentido y la trama principal no se desmadra en exceso. Al final estamos hablando de cómo se puede manipular a las personas (da pavor lo fácil que parece). Y algo tiene la novela, claro, porque si no la hubiera dejado en la página 80 que para eso la ponen en las novelas. De hecho, resulta bastante llamativo que yo me haya leído semejante libro; hay que reconocerle ese mérito. Aunque en parte era por la magnífica impresión que me había causado
Kasha.

En inglés hay traducidos cinco libros de Miyuki Miyabe. En español no hay ninguno de momento.

martes, 19 de enero de 2010

En el tintero (III): libros y más libros

Bueno, ya veo el tintero medio vacío en lugar de medio lleno. Hablando en serio, espero dejarlo listo en enero; porque se me está llenando ya el de este año. Entre los libros leídos en 2009 y aún sin reseñar, destacaremos The Family Moskat (1945) de Isaac Bashevis Singer, premio Nobel de Literatura en 1978. Para entendernos, viene a ser un "antes de Auschwitz". Influidos por las películas de nazis, al final parece que en Alemania o en Polonia se pasara directamente de una situación normal al exterminio. Este libro muestra el deterioro de la convivencia, desde el desprecio a los golpes, pasando por los insultos, en Varsovia. Como ejemplo, al principio los judíos no pueden ir a la universidad; luego sí, pero no les dejan sentarse... La situación va "calentándose" hasta que sienten miedo de caminar por la calle fuera de sus barrios. A través de una familia (en la que se aprecian ecos de la familia de la que provenía el autor), se narran las decepciones de la vida, la insatisfacción de una clase social, todo ello desde principios del siglo XX hasta 1939, cuando estalla la guerra. Otro aspecto interesante para quien no conozca mucho de ese "antes de Auschwitz" es el amplio "muestrario" de judíos que aparece en la novela (siempre parece que fueran todos calcados); desde los muy ortodoxos que siguen las tradiciones al pie de la letra, como antaño, hasta los no practicantes, los que se convierten al catolicismo; desde las mujeres que llevan pelucas hasta las que se pintan. Sionistas, filósofos, "dilettantes", los que emigran a América, el sueño de Palestina; todo ello tiene cabida en esta novela de un escritor polaco que, aunque nacionalizado americano, siempre escribió en yiddish (supervisaba las traducciones al inglés). Muy recomendable.
Y seguimos con personajes judíos. Barney's version (1997) es una novela de Mordecai Richler, a quien se ha considerado en diversas ocasiones como el mejor escritor canadiense del siglo XX. Richler ha sido siempre un escritor provocador, con un ácido sentido del humor, y en esta novela hace gala de su incorrección política con un personaje de marcado corte autobiográfico que, como él, critica a la sociedad judía de Montreal y a los nacionalistas canadienses de ambos bandos. La verdad es que me esperaba más de un autor con tanta fama. Se trata de una novela bien escrita y para nada aburrida; pero no memorable. Quizá debería leer alguna de sus primeras novelas.
Otro de esos autores a quienes precede su fama y que estaban en mi lista de "hay que catar" es Kurt Vonnegut. De nuevo, puede que haya errado la obra con la que conocerle. Leí en diciembre Armageddon in Retrospect (and other new and unpublished writings on war and peace), una colección de relatos y escritos publicada de forma póstuma en 2008. Me pareció interesante el punto de vista del soldado raso estadounidense destinado a Europa en la segunda guerra mundial. De hecho, me acordaba de ello durante la visita a Hiroshima (porque en estos relatos se habla de la destrucción de Dresden, creo recordar). Puede que haya que seguir indagando y leer algo más representativo de este autor.
Acabaremos con los anglosajones (es un decir) con The House of Sleep (1997) de Jonathan Coe. Coe es un escritor curioso: escribe bien, sus novelas son muy elaboradas, inteligentes y divertidas, las ambienta bien... Pero no acaban de "cuajar". Sobre todo porque siempre lleva las tramas un paso más allá de lo que debería. Pensé lo mismo cuando leí su anterior novela, la disparatada ¡Menudo reparto!, sátira sobre la Inglaterra de Margaret Thatcher galardonada en Inglaterra y Francia (como la que nos ocupa).
Y, para finalizar, una novela japonesa (cómo no); Un grito de amor desde el centro del mundo
(2001) de Kyoichi Katayama. Se trata, según Alfaguara, de la novela japonesa más leída de todos los tiempos. De hecho, en el año 2004 alcanzó los tres millones de ejemplares vendidos, arrebatándole a la mismísima Norwegian Wood de Murakami el honor de ser la novela más vendida de todos los tiempos en Japón. Además se ha hecho una película, un manga y una serie de televisión como adaptación de la novela, que se enmarca en una tendencia nipona de principios de siglo XXI que ensalza el amor puro. Todo ello hizo que sintiera curiosidad y como es un librito tan corto, no había excusa para no echarle un tiento. Mi conclusión: me pilla mayor, al tratarse de un amor claramente adolescente narrado de forma simple. Con todo, tiene su interés, sobre todo la primera mitad (luego pierde bastante), la ambientación de algunas escenas y el personaje del abuelo del protagonista. Aunque desde ahora mismo aviso: no solo va de amor, sino que la muerte está muy presente (qué gente estos japoneses, no dejan pasar una oportunidad).

La familia Moskat está publicada por RBA.
La versión de Barney está publicada por Mondadori.
De Kurt Vonnegut hay varios libros en español, aunque creo el reseñado aquí no está traducido aún.
En español, La casa del sueño y ¡Menudo reparto! están publicadas en Anagrama. Trama de la primera aquí.

viernes, 11 de diciembre de 2009

La ternura de las matemáticas

Vaya mes más tonto; todavía no había conseguido ponerme, y eso que tengo un montón de reseñas por escribir. En fin. Dije (hace más de un año, eso sí) que seguiría leyendo a Yoko Ogawa y en eso he estado (ya en la cuenta atrás para volar a Japón, en avión, digo, no mentalmente). De momento, ha "caído" La fórmula preferida del profesor (Hakase no aishita sushiki, 2004). Con su aparente sencillez narrativa, Ogawa se ha ganado los elogios del mismísimo premio Nobel Kenzaburo Oé, quien ha dicho de esta autora, más o menos con estas palabras, que es capaz de expresar lo más sutil de la psicología humana en una prosa que es tierna pero penetrante. Y quien soy yo para contradecir a este hombre. Bueno, la verdad es que no tengo que llevarle la contraria al señor Oé porque estoy totalmente de acuerdo.
Este libro fue en su momento uno de esos fenómenos tan japoneses: vendió dos millones de ejemplares, ganó todos los premios (incluido el Yomiuri, el de las librerías japonesas y el de la Sociedad Nacional de Matemáticas,
“por haber mostrado la belleza de esta disciplina”), desató un inusitado interés por las matemáticas y se adaptó al cine, a la radio y al cómic. Ahí es nada. Fue la novela que catapultó definitivamente a Yoko Ogawa a la fama internacional; aunque lleva escribiendo desde 1988, es de lo más prolífica (ha publicado más de veinte obras de ficción y no ficción) y se la ha traducido ampliamente al francés.
Curiosamente, me ha parecido muy diferente de los relatos de The Diving Pool, con esas atmósferas tan inquietantes. Pero lo he disfrutado por lo a gusto que se "estaba" en ese libro; con una historia bonita y bien contada, sin dramatismos; pero, sobre todo, en uno de esos ambientes que tan bien crean los autores japoneses, que te envuelven como un "yukata" (esos kimonos de algodón blanco, sencillos y agradables, mucho más sofisticados de lo que parecen).

La fórmula preferida del profesor está publicado en Editorial Funambulista.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Defecto de forma

Mientras que a Margaret Atwood se la considera la mejor novelista canadiense contemporánea, se suele decir que Alice Munro (Ontario, 1931) es la mejor escritora de relatos en inglés del momento. Sus cuentos aparecen regularmente en publicaciones del prestigio de The New Yorker. Nunca he compartido tal entusiasmo (por Munro, quiero decir); pero debo ser la única porque dicha fama se ha visto reforzada este año al añadir el Man Booker a su larga lista de premios. El jurado del Man Booker (premio al conjunto de la obra de un escritor) la eligió por su "forma de escribir prácticamente perfecta". Cabe decir que Atwood fue una de las candidatas a dicho premio en 2007 y no lo consiguió; para gustos, colores, porque yo sigo pensando que escribe mucho mejor que Munro. Pero, bueno, siempre dispuesta a reconsiderar mis opiniones (aunque no entiendo mucho lo de la perfección a la hora de escribir), me he leído The View from Castle Rock (2005).
Quizá si no le precediera su fama, me hubiera parecido de mayor mérito su estilo. No lo sé. El caso es que su forma de escribir no me parece para tanto (admitiendo que escribe bien, por supuesto). Y la principal pega que le encuentro a este libro es que no sé si es una novela o una colección de relatos. Como soy tan cuadrada de mente, a mí me gusta que quede claro lo que estoy leyendo. En el título pone "Stories", así que debe ser una colección de relatos. Pero el caso es que se presentan en orden cronológico, formando una especie de memorias familiares, y cada relato continúa la saga familiar donde lo dejó el anterior. Pero como novela carece de unidad, no es homogénea; varía en tono, en ritmo, resulta deslavazada. Estamos tanto tiempo en el barco que nos lleva a América como en el hospital esperando a que atiendan al padre de la protagonista, alter ego de Munro.
He de decir que este libro se salvó de "la quema" por dos motivos básicos que nada tienen que ver con la autora: un viaje en tren sin otra lectura y mi reticencia a abandonar antes de la página 80. Y aunque es cierto que va ganando en interés según se avanza en la lectura, me quedo con la sensación de que Alice Munro lo ha escrito más para ella (quizá una deuda pendiente que necesitaba saldar dada su edad) que para los lectores.

Se puede leer el primer relato (el que da nombre al volumen) en inglés aquí.
La vista desde Castle Rock está publicado por RBA.
Otras colecciones de relatos de Alice Munro traducidas al español: Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio, El amor de una mujer generosa, Secretos a voces y El progreso del amor.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Rushdie el Grande

Mientras esperamos que este buen hombre nos regale otra novela tras la magnífica The Enchantress of Florence, no queda otro remedio que echar la mirada atrás, a sus libros más recientes. Su novela anterior, Shalimar the Clown (2005), recibió un cierto varapalo de la crítica por su excesiva ambición (a pesar de las reseñas negativas, el libro obtuvo varios premios de prestigio en India y Gran Bretaña, donde también quedó finalista para el Whitbread), lo que no deja de ser curioso; porque una de las principales características de Salman Rushdie es su insaciable ambición literaria. Rushdie es un escritor que no se acomoda, que no teme a los riesgos (es más, parece que le encanten). Y si hay un tema complicado que a Rushdie no le intimida lo más mínimo es el de esta novela: las tragedias políticas y religiosas del mundo moderno. Ahí es nada. Ese sería el plano más general, aunque Rushdie se concentra sobre todo en las raíces de la violencia y en la díficil situación de Cachemira.
Y si es cierto que las mejores partes de la novela son las que transcurren en Cachemira, no lo es menos que solo Rushdie puede salir airoso de una trama tan disparatada que consigue meter en una misma novela a los nazis y la resistencia, el conflicto de Cachemira, el yihadismo, los disturbios en Los Ángeles (el caso Rodney King) y a Akbar el Grande (por el que debe sentir una especial predilección). Y seguro que me estoy dejando algo. En mi opinión, el título no está a la altura de semejante despliegue. De hecho, siempre he pensado que los títulos no son el fuerte de este escritor de tanto talento. El único que me parece bueno (sin pasarse, pero muy adecuado) es Midnight's Children. Pero, desde luego, eso es un detalle sin demasiada importancia en comparación con las "constantes Rushdie": un auténtico torrente narrativo, su estilo majestuoso, la ironía...
Rushdie es capaz de transmitir el horror de un conflicto con el que la gente suele cenarse; solo por eso vale la pena leer este libro, aunque yo creo que tiene más méritos. A mí que me den cualquiera de estas novelas de Rushdie que la crítica a veces considera fallidas. Las prefiero mil veces a otras de escritores menores, por más que se las aclame y premie. El problema de Rushdie es que es superlativo. Y eso dificulta mucho las reseñas, los análisis... Para muestra, véase el título que le he dado yo a mi entrada.

Shalimar el payaso está publicado en Mondadori y Debolsillo.

martes, 10 de noviembre de 2009

El lado oscuro de Japón

Como preparación / anticipo de las vacaciones de navidad (¡volvemos a Japón!), me estoy dando un cierto "atracón" de novelas japonesas. En esta ocasión me llamó la atención el debut literario (desde entonces ha publicado tres obras más) de Hitomi Kanehara, Hebi ni Piasu (traducida al español como Serpientes y piercings); sobre todo por la combinación de juventud, premio prestigioso y gran éxito de ventas (un millón de ejemplares en Japón, la mitad de las ventas en el primer mes, y traducciones a 28 idiomas).
Kanehara escribió esta novela antes de los veinte años, cuando llevaba ya unos cuantos viviendo en las calles de Tokio tras irse de casa y dejar la escuela. Así que nos imaginamos que sabe de lo que habla cuando narra la vida de unos jóvenes que se automarginan de una sociedad que detestan y que buscan la soledad, el dolor, la muerte. Es decir, esta novela nos habla de esos jóvenes japoneses que tanto fascinan a los occidentales. Mientras en nuestra cultura la muerte es tabú, algo inaceptable, en Japón siempre ha sido una obsesión. Yo he de decir que leí esta novela por pura curiosidad; porque el sadismo no me atrae nada. Debo tener problemas para distinguir la realidad de la ficción; lo paso fatal con según qué escenas en las películas y las novelas. Y, en este caso, han sido 100 páginas de escalofríos. Pero no mucho más. Por más que la alabe Ryu Murakami, no le veo mérito literario más allá de conseguir que no dejemos el libro sin acabar (y en mi caso ni siquiera eso, porque no suelo dejarlos antes de la página 80 y con un libro tan corto, era quedar mal por poco, encima estaba de viaje y no tenía otras cosa que leer). Los personajes no están bien dibujados y no consiguen arrastrar al lector a su mundo, que este sienta al menos compasión por estos jóvenes tan perdidos. Nos quedamos fuera; horrorizados, perplejos, sintiendo repulsión e incomprensión, pero fuera.
Supongo que la concesión del prestigioso premio Akutawaga (el más importante en Japón) en 2004 a las escritoras más jóvenes de la historia del galardón (lo compartieron la propia Kanehara y Wataya Risa) era una especie de relevo generacional. Autores como Ryu Murakami (parte del jurado) y Banana Yoshimoto le pasaban el testigo a estas mujeres, hijas de una sociedad próspera, ultratecnológica, pero tan extraña, aislada y solitaria como la de la generación anterior (herederos de los traumas de la postguerra). En ese sentido, los primeros años del siglo XXI son una continuación de los contrastes que caracterizaron a la segunda mitad del siglo XX, con un país que sigue debatiéndose entre el pasado (quedan vestigios muy claros como el machismo, la pena de muerte, la fascinación por lo morboso...) y el futuro, con un presente más que confuso. No es extraño que se desee premiar y encumbrar a unas adolescentes en un país que también parece estar pasando por una larga adolescencia sin rumbo.
En fin, a mí Japón me fascina en su conjunto, no únicamente por su lado oscuro. Pero, si se trata de hablar de soledad, Haruki Murakami es mucho mejor escritor (me duele hasta la comparación). Para brutalidad, tenemos al "otro Murakami", mucho más sólido que la discípula que le ha salido. Y para personajes atormentados, Yoshimoto está a años luz de Kanehara. Vamos, que tanta automutilación no me aporta nada.

Serpientes y piercings está publicado en Emecé (Columna, en catalán).

jueves, 5 de noviembre de 2009

Un impecable mantel blanco

Natsume Sôseki (pseudónimo de Natsume Kinnosuke, 1867-1916) está considerado el máximo exponente literario de la época en la que Japón se abrió al mundo. Haruki Murakami reconoce que es el autor japonés que más le ha influido (cree que es el "forjador de la nueva literatura japonesa") y para el Nobel Kenzaburo Oé, sus personajes nos ofrecen "una nueva definición del humanismo". Pero no se vayan, que aún hay más: Miyazaki (el director de cine de animación) asegura haberse inspirado en la obra de este autor a la hora de crear Ponyo en el acantilado. Si a todo ello le sumamos que la edición de Botchan de Impedimenta fue Premi Llibreter 2008, pues surge, inevitablemente, la curiosidad por conocer algo de la literatura de Sôseki.
Empezamos por Botchan, protagonizada por un joven con escasas habilidades sociales y una mentalidad un tanto infantil al que se ha comparado repetidamente, de forma un tanto aventurada, a mi entender, con Holden Caulfield (el protagonista de El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger). Se trata de uno de esos raros libros que se leen sin que chirríen en absoluto a pesar de haberse escrito hace más de cien años. Las reacciones del protagonista producen ternura y llevan a la sonrisa. La prosa es sencilla y amena; no en vano en Japón es un libro leído mayoritariamente por público juvenil; aunque para un extranjero resulta interesante toda la ambientación de la novela, al mismo tiempo que resulta muy accesible (lo que explica que haya varios libros de este autor traducidos al español).
Natsume Sôseki es un clásico y, a la vez, el gran autor moderno de las letras japonesas. Y eso lo apreciamos sobre todo en Kokoro, donde alterna tradiciones de antaño (como el relato autobiográfico, que tanta popularidad había alcanzado) con estructuras más "occidentales"; mostrando la transformación de valores de la sociedad Meiji en su paso a la época moderna. Se pasa del colectivo al individuo, ganando peso sentimientos como la culpabilidad, la soledad o el amor. Kokoro se publicó por primera vez en 1914 en el periódico Asahi Shinbun, por entregas, y está considerada como una de las grandes obras de la literatura japonesa. Al igual que la edición de Impedimenta de Botchan, esta traducción de Kokoro cuenta con una interesante introducción que, sin embargo, no duda en destripar toda la trama de la novela. Por más que eso no sea lo más importante en estas obras, agradecería que transformaran estas introducciones en epílogos o se limitaran a dar las pinceladas sociales y literarias necesarias para que comprendamos mejor estas obras sin contarnos lo que vamos a leer. Aunque, como digo, la trama no es lo más importante en muchas novelas japonesas, y esta es un buen ejemplo de ello. La historia se podía haber contado de una forma mucho más directa, sin tantos rodeos ni tanto detalle; pero es que lo hermoso es ver cómo se deshace el ovillo. De hecho, tan absortos estamos observando todo el proceso, tan inmersos en su lentitud, que la muerte nos golpea como si no la hubiésemos anticipado ("gracias" a la introducción). Para mí, Kokoro es ese mantel blanco impoluto que "sensei" tiene en su casa. Como bien dice el personaje, si no va a estar impecable, mejor utilizarlo de otro color; así que cuando la novela se tiñe de sangre debe llegar inexorablemente a su fin.
Me parece que esta reseña me ha quedado un tanto críptica. En fin. Hay dos cosas de la introducción de Kokoro (no menos interesante por destripadora de tramas) que creo que son muy reveladoras. El traductor comenta que hasta que se rompe el aislamiento del país, en japonés no se contaba con un término para "beso", por lo que la primera vez que se traduce una obra extranjera donde aparece esa palabra acaba escribiéndose "lametazo". También cuenta (creo que lo leí también en la introducción de Botchan) que
Sôseki nunca se adaptó a la vida occidental y durante su estancia en Inglaterra se le ridiculizó por invitar a alguien a ver caer la nieve. Pues bien, estas son novelas para quienes gusten de semejante pasatiempo (yo misma).

Primeras líneas de Kokoro.
Primeras líneas de Botchan.
Kokoro está publicada en Gredos y Botchan en Impedimenta.
También en español, del mismo autor: Yo, el gato, Sanshiro y Almohada de hierba.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Otro detective aficionado a la jardinería

Como el inspector de The Moonstone (de Wilkie Collins), el protagonista de Suna no Utsuwa (1961, traducido al inglés como Inspector Imanishi Investigates, creo que no hay traducción al español) no es el típico Marlowe, sino más bien alguien aficionado a la jardinería (concretamente a los bonsais), de hábitos ordenados y escritor de haikus. Con más suerte que pericia (en esta novela abundan las coincidencias, aunque no se le puede negar la persistencia), el inspector Imanishi consigue resolver un misterioso asesinato a base de viajar por medio país (adentrándose en todas sus clases sociales) y examinar de cerca las nuevas formas de expresión culturales del Japón de la posguerra.
La trama de esta novela policíaca japonesa está muy bien hilada y crea una adicción que ríete tú de Larsson. Se lee de un tirón. No en vano se considera a su autor, Seicho Matsumoto, el responsable de popularizar el género en su país. No solo está bien escrita y tiene un muy buen ritmo; sino que también la creación de personajes y de ambienes es sobresaliente. Lo antiguo y lo moderno conviven en el Japón de los años 60, creando un sofisticado escenario para esta obra publicada en la serie Soho Crime, que traduce al inglés novelas policíacas japonesas. La obra de Matsumoto sería un ejemplo de ese tipo de novela policíaca con gran contenido social que tan de moda parecer estar ahora (más de cuarenta años después de su publicación).
Matsumoto fue un autor muy popular y reconocido en vida, recibiendo el premio Akutagawa en 1952, entre otros. Se hizo muy famoso gracias a su colaboración con el director de cine Yoshitaro Nomura, que le llevó a adaptar ocho de sus novelas. De hecho, la película basada en esta novela se considera una de las obras cumbre del cine japonés. La tengo pendiente. Y leer otras novelas de la Soho Crime, que tienen muy buena pinta. Al final, me aficionaré a esto de las policíacas; todo es ponerse.

domingo, 30 de agosto de 2009

Lecturas de verano: El Chino

Sigo con otra lectura de las que me llevé a Bretaña. Junto con el tercero de Larsson (por gentileza de mi proveedora habitual y Novelante jefa), El Chino (2009) de Henning Mankell llenó de muertos suecos (y no suecos) mis apacibles atardeceres (continuamos con la desmitificación de Suecia). He de decir dos cosas al respecto. Una: a la que te has tragado sin rechistar la disparatada segunda entrega de las aventuras de Mikael Blomkvist, estás listo para que te entretenga la tercera casi tanto como la primera. Dos: por suerte no se me han quedado estos asesinatos asociados a Bretaña; bastará con que un lugar tan tranquilo haya quedado unido de forma irreversible a una banda sonora tan poco esperable como Metallica (por obra y gracia, cómo no, del conductor y compañero de viaje J.).
En fin. A Mankell le tenía ganas hacía tiempo y nunca había llegado a leer nada; así que decidí empezar por una novedad, dejando la célebre "serie Wallander" para mejor ocasión. Como anécdota, he de referirme ya mismo al frenesí de cafés y sandwiches de la jueza Roslin. Debe ser el deporte nacional sueco, concluyo; a esta mujer solo podría vencerla el mismísimo Blomkvist. Y, de entrada, un aviso para navegantes: nada de leer la contraportada si hay interés por leer el libro. Qué manera de destripar la historia. Y quien dice la contraportada, dice la página web de los editores, etc. Pasa como con los tráilers; que debemos ser todos muy vagos (o poco largos) y nos tienen que dar las pelis ya vistas y los libros, ya leídos. Un desastre. Entremos en materia, El Chino es, por lo visto, una especie de encargo que se hizo Mankell a sí mismo, alarmado por la creciente colonización china de un continente en el que él pasa parte del año, África. Ya sabíamos que los chinos están haciendo muchos negocios por allí (tanta materia prima suelta, tan poco control, tanta corrupción, a quién no le tienta); pero Mankell está convencido de que además buscan una forma de mitigar su superpoblación rural enviando a millones de campesinos pobres a que cultiven la tierra en el continente africano. Dicho sea de paso, espero que los manden sin pesticidas; que estos chinos les tienen una afición desmedida.
Y los encargos es lo que tienen, que se supedita toda una estructura narrativa a un mensaje determinado, con lo que esta suele resentirse lo suyo. A eso le achaco yo que la trama me resultara un tanto deslavazada. En mi opinión, las historias no fluyen bien al conectarse entre sí. Quizá Mankell haya sido demasiado ambicioso; no contento con "meter" dos pesos pesados como el continente africano y el coloso chino en la misma novela, hizo aparecer también a Suecia (y a sus lobos) y tanto trasfondo político y social acaba por ahogar un poco a la historia en sí. Y, de nuevo, como me está pasando últimamente con más libros de esta misma editorial (a quienes tenía en más alta consideración), me entran dudas de si hay problemas de traducción. Si no los hay, el estilo de este hombre deja un tanto que desear. Por no hablar de los fallos tipo no pagar el taxi (si Ma Li tenía las cenizas de su amiga y el encargo de dispersarlas, ¿por qué lo acaba haciendo Ya Ru?) y cosas sencillamente incomprensibles (¿por qué se carga Ya Ru al guardaespaldas?, luego resulta que no tiene nadie más a quien recurrir y tiene que ir él en persona, con lo que tendrá que hacer ese hombre, a matar a la jueza, cosa ilógica). Pues eso, que la novela tiene su interés, pero no me ha convencido. Tendré que leer una de las protagonizadas por el comisario Kurt Wallander, a ver.

Se puede leer el comienzo de la novela aquí.