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domingo, 10 de octubre de 2010

Miyuki Miyabe, por fin en español

El próximo día 18 sale a la venta la primera novela de Miyuki Miyabe en español, publicada por Quaterni (traducción del inglés de Purificación Meseguer). La primera, pero no la última; porque le seguirán Crossfire, The Devil's Whisper y Shadow Family; todo un festín. Esta "avanzadilla" (es mucho más que eso, la verdad) es Kasha (1992), una novela que me cautivó las pasadas navidades tras comprarla en Tokio. Miyabe es una escritora japonesa de gran prestigio y una abundante (y variada) obra.
Respecto a la edición en español, un primer aspecto a comentar sería el título. Me consta que en la editorial le dieron bastantes vueltas al tema. No era sencillo. El título original es metafórico y hace referencia a una criatura mítica sintoísta que devora los cadáveres. Para un japonés, la referencia es, por lo tanto, clara y puede ver cómo se construye la metáfora al leer el libro. Para un occidental, no está tan claro. Aquí podía optarse por dejar el título original y explicar qué es eso del Kasha (Quaterni lo hace, desde luego), o cambiarlo por otro totalmente diferente, como hicieron en la traducción al inglés (All She Was Worth). La solución de Quaterni (La sombra del Kasha) no me acaba de convencer (para gustos, colores), porque yo creo que llama a error. Puede pensarse (y a eso ayuda el diseño de la portada) que vamos a leer una historia de espíritus (y yo no contaría con ello). Vamos, que puede hacer que algunos lectores se sientan defraudados por un contenido más sociológico que de terror. Y que otros lectores que no se animen a leer la novela pensando que es una historia de terror, se pierdan un libro estupendo que no puedo sino recomendar. Pero, vamos, que el título original suponía, sin duda, un reto.
La traducción parece muy correcta y fluida, lo que me hace pensar que es posible que los lectores en español salgan ganando con una traducción del inglés en lugar de una del japonés. En mi experiencia, las traducciones de novelas en japonés al español no acaban de dar grandes resultados (suelen chirriar bastante, con loables excepciones como el Kafka en la orilla de Lourdes Porta). En cambio las traducciones al inglés suelen ser muy buenas. Quizás a alguien pueda llamarle la atención esta práctica, que es, por otra parte, bastante habitual entre las editoriales de este país. Sin ir más lejos, la versión catalana de dos de los tres volúmenes de Millenium se hizo del francés. En fin no seré yo quien defienda las traducciones de lenguas puente; pero tampoco voy a criticarlas si el lector sale ganando. Y ya digo, muchas traducciones al inglés que he leído me han parecido muy fieles al espíritu original de las novelas japonesas (desde las limitaciones de alguien que no habla japonés, pero que aprecia una prosa natural y no forzada), entre ellas, la de la novela que nos ocupa.
Pues, nada, a disfrutar de una trama rica y variada, bien hilvanada, que además nos descubrirá una cara de Tokio que puede resultarnos desconocida (y brutal). Y todo ello de la mano del inspector Honma, el típico policía japonés que no es un genio, pero que resuelve los casos a base de tenacidad cuando no está comiendo, bebiendo sake, leyendo el periódico o viajando el tren.
Una auténtica novela policíaca (recomendable incluso para quienes no sean muy partidarios de este género), por más que atípica (de ahí su atractivo para muchos públicos diferentes), que engancha y mantiene el interés hasta el mísmisimo final, inesperado por abrupto y muy original.

Se puede descargar el primer capítulo aquí.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Decadencia en Kansas

Cuando las cosas se tuercen, se tuercen de verdad y todo lo que pueda salir mal, lo hará. Esa parece ser la moraleja de esta intrigante novela de la autora estadounidense Gillian Flynn, que ha salido airosa de la famosa "prueba del algodón": la segunda novela tras un debut exitoso. Dark Places (2009) es original y, por lo tanto, difícil de etiquetar. Por más que se intente clasificar como novela negra, nos recuerda más a la serie del detective Jackson Brodie de Kate Atkinson, que a las novelas nórdicas tan de moda. Hay algo un tanto "juguetón" y sarcástico que la hace muy diferente de esas novelas con viento y frío donde la ironía solo aparece tras previo aviso. Aunque algo tienen todas en común: una labor de documentación social e histórica que diferencia la novela negra actual de la clásica (de Raymond Chandler, para entendernos). En este sentido, sigue chirriándome un poquito ese afán (en general) por ofrecernos según qué información; porque el intento a veces resulta demasiado evidente.
La protagonista, Libby Day, es una "víctima profesional" (en palabras de la novelista Laura Wilson), una especie de buitre (muy dado a las metáforas, eso sí) que lleva casi un cuarto de siglo alimentándose de los cadáveres de sus hermanas y su madre. Y sin embargo se nos hace simpática, por su humanidad y por la soltura con la que admite lo que en otras personas se considerarían defectos. También Libby nos recuerda a los personajes un tanto confusos (interiormente, no literariamente, quiero decir) de Kate Atkinson. De hecho, no me extraña que esta autora le guste (llegué a Gillian Flynn por un elogio de Atkinson); podría ser perfectamente una de sus alumnas más aventajadas. Y Libby, con esa lengua tan afilada y sus sentencias y su falta de compasión (empezando por sí misma) parece un tanto "British".
Estamos ante un libro bastante realista (sin gente de esa tan inteligente que lo adivinan todo). Libby Day no busca la verdad, busca pasta. Michelle estará muerta, pero no por ello vamos a decir que fuera un encanto de niña. Patty Day no era una heroína y la paciencia de su hermana Diane tiene sus límites, como la de todo el mundo. Hay que destacar la estructura a dos tiempos; un recurso que a veces resulta pesado, porque uno se encuentra más cómodo en uno de ellos y lee rápido cuando llega el otro, pero aquí funciona sorprendentemente bien. Y es que
Dark Places está bien escrito. De hecho, se trata de una prosa más rica de la que esperaríamos a priori de este género. Empieza con mucha fuerza, con esa frase tan contundente: "I have a meanness inside me, real as an organ" (en español pierde un poco, quizá por un exceso de "floritura", "Albergo la maldad en mi interior, tan real como un órgano más"). Luego, al final, decae un poquillo; pero es un libro interesante que vale la pena leer. Aunque se la ha comparado hasta la saciedad con la novela de Truman Capote sobre unos asesinatos reales en una granja, In Cold Blood, no sé yo si llegaría tan lejos; porque la de Capote me parece una gran novela más digna de llegar a ser un clásico. Pero Gillian Flynn apunta maneras (no era fácil de escribir esa escena tan violenta que, al estar protagonizada por niñas, la verdad es que impresiona bastante). Está por ver si se quedará aquí, con lo cómoda que está, o si será más ambiciosa.
Como anécdota, no entiendo el protagonismo que se le da en la edición española al club de marras (La llamada del Kill Club me parece un título nefasto), que no me parece tan macabro como lo venden. En realidad, en la novela empieza siendo algo clandestino y quizás más oscuro, pero acaba como una reunión de venta de "tupperware".

Comienzo en inglés aquí y en español aquí.
Esta novela está publicada en español por la editorial Viceversa.

lunes, 9 de agosto de 2010

Nórdicos de verano

A falta de aire acondicionado, se puede recurrir a esos escritores que "vinieron del frío", como tan machaconamente los publicitan las editoriales españolas. Por más que sé de alguien a quien todos los suecos le parecen iguales, no puede compararse a Henning Mankell con Stieg Larsson. Un poco de respeto por un escritor conocido mucho antes y que escribe bastantes menos disparates (frito debe estar el hombre desde el "boom Larsson", en una de estas se cambia la nacionalidad). Un buen ejemplo es La quinta mujer (Den femte kvinnan, 1996). Que 481 páginas sepan a poco tiene su mérito. Como lo tiene también la combinación de crítica social y trama policíaca con unas minuciosas descripciones de la climatología sueca, tan desapacible; con su viento, la lluvia, el frío y la niebla... Lo bueno de leer novelas ambientadas en países que no conoces (solo he estado en Estocolmo, aunque me encantaría visitar el resto del país) es que puedes viajar un poquillo, enterándote de las diferencias entre regiones (según si nieva o no, rasgo fundamental donde los haya que hace que necesites neumáticos de invierno para el coche o no) e imaginándote cómo debe ser vivir en un lugar así (lo dicho, es que casi se pasa frío).
Se ha escrito mucho sobre el contenido social de la novela policíaca nórdica y hay críticos que apuntan a que es en este formato donde podemos encontrar la crítica más auténtica de unas sociedades consideradas de bienestar desde fuera, pero con ciudadanos tremendamente críticos y preocupados por los cambios (a peor, se entiende) que sufre su país. Suecia estará muy mal, no lo dudo, pero que se vengan a ver cómo tenemos el patio por aquí, que van a alucinar... Un aspecto que realmente llama la atención es la cantidad de maltratadores de mujeres que parece haber en Suecia. Este es uno de los elementos principales de la trama de La quinta mujer; novela protagonizada por una especie de Lisbeth Salander con ganas de vengarse de los hombres que no aman a las mujeres (que las detestan, más bien). Ante la impunidad que parece abundar en estos casos, una mujer se toma la justicia por su mano (en consonancia con la formación de milicias ciudadanas que pretenden solucionar la inoperancia policial). Descubrimos los detalles de todo ello paso a paso y de la mano del inspector Kurt Wallander, a quien "conocí" hace unos meses en una novela anterior; Los perros de Riga (Hundarna i Riga, 1992), muy entretenida también, pero que me gustó menos porque la encontré más "fantasiosa" (he descubierto que me gustan las novelas policíacas cuanto más realistas mejor). Hablando de Wallander, me encantaría ver la serie de la BBC con mi admirado Kenneth Brannagh interpretando al famoso inspector sueco.
Lo dicho, he estado la mar de entretenida con esta novela, y eso que al empezar, en Argelia, me temí que este Mankell me volviera a liar con algo de tipo El chino, que tan poco me gustó. Definitivamente, creo que el Mankell que más me interesa es el de la serie Wallander. Aunque incluso aquí se le va un poco la mano a veces. ¿Era necesario que a Anna Ander la mataran unos integristas argelinos, con lo que había sufrido ya la mujer? Este hombre parece que no puede quedarse quieto en Suecia, mira que le gusta viajar. Entiendo que era necesario para la trama que Anna Ander muriera por culpa de un hombre, pero ¿no podía haber sido a causa de los maltratos sufridos, o a manos de otro maltratador? Y qué flojos los polis suecos esos de Ystad, ¿no? que el asesinato del florista les parece de lo peor que han visto. Pocas pelis americanas en su haber, vamos. La trama está más tensa y resulta más interesante en la primera mitad que en la segunda, donde incluso puede detectarse algún fallo de poca relevancia. Y hablando de fallos ¿no hay correctores en Tusquets? Seguramente la puntuación en sueco es diferente de la española (con el alemán pasa); pero para eso tiene que haber un corrector, para corregir esas comas mal puestas que se le han pasado (comprensiblemente) al traductor, pero que llaman la atención al lector, para poner "robo" (y no "atraco") cada vez que se habla de la floristería, para reformular alguna frase que suena peculiar y que tiene fácil solución...
Y con el "boom nórdico" este pasa lo que sucede con todo "boom editorial" que se precie, que hay que publicar autores nórdicos escriban lo que escriban y meterlos a todos en el mismo saco como operación comercial. Como consecuencia positiva, se está publicando a muchos autores totalmente desconocidos por aquí que parecen muy interesantes y a los que habría que echarles un ojo. Pero también tenemos a escritoras de segunda que alcanzan mucha fama (y venden mucho) con libros que son entretenidos como mucho. Entre ellas, Camilla Läckberg, por más premios que gane y por más populares que sean sus libros (creo que lleva siete con los mismos protagonistas y el mismo escenario) en Suecia y en otros países. Que parece imposible que un lugar tan pequeño como Fjällbacka (localidad costera en la que nació la propia autora) dé para tanto crimen y , sin embargo, fíjate... He leído, en la traducción al inglés, el primero, Isprinsessian (La Princesa de Hielo, 2002), en el que se forma el ya famoso tándem entre el policía Patrik Hedströn y la escritora Erica Falck. Todo lo que rodea a este personaje, Erica, tiene un cierto tufillo "Bridget Jones" que no me convence nada. Por no hablar de una trama plagada de casualidades y la frivolidad y desapego con que se trata el tema de los malos tratos. Como en otras novelas policíacas nórdicas, los crímenes del presente se acaban enlazando siempre con el pasado, y el escenario y la climatología (aquí nieva que no veas) tienen un gran protagonismo. Pero ni por esas, a esta la veo muy floja y no me quedan ganas de seguir explorando su bibliografía.

La princesa de hielo está publicada en español, en edición de bolsillo, por Maeva.

viernes, 6 de agosto de 2010

Vuelve Erlendur

He podido comprobar que la traducción al inglés de Mýrin (Jar City, 2000) es mucho mejor que la de La mujer de verde que leí hace casi medio año. La lectura de esta novela me ha arrancado la espinita que se me había quedado clavada y ahora entiendo más (con sus matices) la fascinación que ejerce Arnaldur (así se llama a la gente en Islandia, por el nombre de pila, sin apellido ni nada, qué curioso, no deben repetir mucho los nombres, porque si no...) en propios y extraños. Con esta novela el escritor islandés ganó el prestigioso premio Glasnyckeln ("Llave de cristal") a la mejor novela negra nórdica y el premio de la crítica francesa a la mejor novela negra (a secas).
Jar City vuelve a estar protagonizada por el inspector Erlendur; "primo" de Kurt Wallander (protagonista de la serie policíaca de Mankell) y de Rebus (ídem de Ian Rankin). Es el típico policía divorciado, con hijos con problemas (en esto se lleva la palma, la verdad), falta de higiene, malos hábitos dietéticos, poco presumido; pero bueno en su trabajo. Y de nuevo nos vemos transportados a otra cultura, a un país lejano en muchos sentidos, gracias a la labor sociológica del bueno de Erlendur, que, no es por nada, pero hay que ver las cosas que le da por investigar a este hombre y la manga ancha con la que le dejan hacer. Como en La mujer de verde, la mirada se vuelve al pasado de Islandia, del que tan poco sabemos (al menos yo). No en vano Erlendur es un hombre marcado por el pasado. Tras leer estas dos novelas, me quedo con la sensación de que en Islandia todo empieza siempre hace cuatro décadas. Me habían comentado que Arnaldur Indridason repetía bastante los esquemas de las tramas y este pequeño muestreo apunta en esa dirección.
El final decepciona; pero, por lo demás, resulta de lo más entretenida. Vaya afición que le he pillado yo a esto de la negra, para ser que nunca había leído nada antes.


Mýrin está publicada en español con el título de Las Marismas, por RBA (aunque no sé si podemos fiarnos mucho de la traducción).

miércoles, 17 de marzo de 2010

Seguimos con la negra

Aún con algo de fiebre y de capa caída, tengo que darme a la lectura. He de decir que la principal impresión que me queda tras leer La mujer de verde (Grafarpögn), de Arnaldur Indridason, es que está mal escrita por el traductor. No puedo decir que esté mal traducida (no sé ni una palabra de islandés) ni que (por el mismo motivo) Indridason escriba mal. Lo que sí tengo claro es que la traducción que he leído al español está muy mal escrita. Estamos en lo de siempre y no seré yo quien eche la culpa a un traductor. Hay que saber lo que se paga por la traducción de un libro, los plazos que se imponen... A quien culpo es a la editorial (RBA, en este caso, con su Serie negra); porque con que alguien se hubiera leído la novela lápiz en ristre y la hubiera pulido un mínimo (no es demasiado trabajo ni hacen falta conocimientos de islandés, solo de español), el resultado habría mejorado muchísimo. Me han comentado que la traducción al inglés es mucho mejor y me lo creo sin verla; porque es también mi experiencia con muchos otros títulos. También los periódicos británicos están mejor escritos que los nuestros; parece que en otros países la gente sigue manteniendo unos mínimos lingüísticos que aquí no le importan a nadie. En fin.
Hablando de la tan traída y llevada novela negra nórdica, recuerdo haber leído en algún momento en Babelia que este "boom" ha influido mucho en el atractivo turístico de esos países. La gente somos así; nos dicen que unos lugares que considerábamos idílicos, con sociedades modélicas, son auténticos campos de minas, llenos de maltratadores de mujeres y otros bichos, y nosotros para allá que nos vamos guía y cámara en ristre. Supongo que lo que es indudable es que estos autores (los suecos Larsson y Mankell son los más conocidos) nos han acercado a unos lugares que nos resultan bastante desconocidos. De Suecia aún tenemos más referencias, pero lo que está claro es que de Islandia somos muchos los que no sabemos gran cosa, más allá de algún reportaje o las vivencias de algunos amigos que hayan visitado ese país, que en la novela de Indridason resulta tan frío y remoto como nos temíamos. Me ha llamado la atención esa modalidad de desaparición tan islandesa, en medio de una tormenta de nieve. Y el retorno a una Islandia rural y pobre, antecesora de esa gran sociedad del bienestar que lamentablemente ha terminado hundiéndose.
En esta novela encontramos esas tendencias tan habituales (por lo poco que yo sé) del género en la actualidad (la figura del antihéroe como encargado de solucionar el crimen) y del "boom" nórdico en particular (esos malditos hombres que no aman a las mujeres). La trama está bien construida y los "flashbacks" resultan bastante espeluznantes. Si no fuera por la pobreza de estilo, sería una lectura más que entretenida. Pero, vaya, lo tengo que achacar a la traducción; porque, después de todo, esta obra fue galardonada con el Gold Dagger Award y el Glasnyckeln (los premios más importantes de novela negra en el ámbito anglosajón y nórdico, respectivamente).

miércoles, 10 de febrero de 2010

Me sobran los espectros

Con motivo de la Semana Negra de Barcelona, decidí dar un tiento a uno de los autores internacionales que se pasaron por nuestra ciudad, John Connolly, de quien no sabía absolutamente nada. Así que a pesar de mi alergia a leer libros que lleven la palabra best-seller en la portada (que mira que lo pone clarito), le hinqué el diente a The Unquiet (2007). Como digo, no había leído nada sobre este escritor aparte de que escribía novelas policíacas; ni siquiera estaba segura de que fuera irlandés, a pesar del apellido (no había contado con que un tipo de Dublín ambientara sus obras en Maine, nada menos).
Me he quedado muy sorprendida con la extraña mezcla de fenómenos paranormales y esquemas clásicos del género. Quizá si lo hubiese sabido de antemano no me hubiera chirriado tanto, no lo sé; igual es que me pilló desprevenida. Por lo visto, los fantasmas aparecieron en la obra de Connolly desde el principio, y han ido ganando terreno gradualmente, a pesar de la supuesta profanación del género que eso constituye. Yo es que, la verdad, chapada a la antigua que soy, estaba más preparada para el protagonista, el famoso detective Charlie Parker, que es el típico individuo solitario a su pesar (o no) y mordaz por vocación que esperas encontrar en estas novelas. Esta es la sexta novela que protagoniza Parker. De hecho, la primera novela de Connolly fue una de la "serie Charlie Parker", Every Dead Thing, publicada en 1999 con gran éxito de crítica y público. Y es que Connolly (que sí que es irlandés, pero vive entre Dublín y Maine, combinación pintoresca donde las haya) no escribe mal y sus personajes tienen una gran afición por el sarcasmo, lo cual les honra (desde mi punto de vista).
En una entrevista en La Vanguardia, Connolly comenta que la mayoría de lectores de novela negra son mujeres. Ya sé que la mayoría de lectores de cualquier cosa suelen ser mujeres (con la posible y probable excepción del Marca), pero nunca lo hubiera dicho. Para satisfacer la curiosidad de los lectores a los que nos sorprende que sus obras transcurran en los Estados Unidos, el escritor asegura, en esa entrevista, que necesitaba la distancia, que sus modelos son norteamericanos y que no quería escribir novelas irlandesas ni hablar del terrorismo. Pues la verdad es que irlandesa no parece la novela, no. En fin, Connolly, no contento con asegurar que le fascina lo sobrenatural (no, si algo me olía), vaticina que esa será la última tendencia en novela negra (vamos, que es un precursor). Lo curioso es que he leído otra entrevista en la que dice que no le gusta la novela policíaca, que él escribe novelas de misterio.
Yo, ya digo, seré una anticuada, pero adoro el orden y no veo la necesidad de hacer mezcolanzas (aunque a veces funcionan). Dicho lo cual, que me haya enganchado esta novela lo suficiente como para leerla seguido y sin abandonarla tiene su mérito (o ando yo muy aburrida).

Los atormentados, como toda la "serie Charlie Parker", está publicada por Tusquets.
Su última novela (octava de la serie) es Los amantes (en Bromera en catalán, como Els turmentats).

miércoles, 20 de enero de 2010

La cara oscura de Tokio

Por más que le guste esa ciudad a mi compañero de viajes, está claro que en todas partes cuecen habas, y tras descubrir el año pasado que hasta en Suecia había injusticias, corrupciones y demás, pues tampoco vamos a mitificar a los japoneses. De hecho, aparte de mi fotógrafo particular, seguramente nadie idealiza a un país obsesionado con la soledad y la muerte, que ha dado un vuelco tan grande desde la destrucción total causada por la segunda guerra mundial hasta la sociedad de consumo feroz y la bonanza económica (todo ello en menos de medio siglo), que claro, se han quedado un poco descolocados.
Para mí, uno de los grandes defectos de los japoneses (generalizando que es gerundio) es su consumismo, algo que me ha dejado patidifusa en las dos ocasiones que he estado en Tokio; sobre todo en el elegante y comercial barrio de Ginza, donde la gente hace cola para entrar a la tienda de ropa de moda como otros la hacen para ir a la discoteca. No deja de sorprenderme ver aglomeraciones en joyerías tipo Tiffany's o tiendas como Louis Vuitton, sobre todo porque en Barcelona parece que nunca haya más de un cliente dentro y a mí no se me ocurriría entrar en la vida. Pero no es que los japoneses entren a curiosear, ¡es que salen con bolsas! Me maravilla, vamos.

Y de ese consumismo y sus consecuencias personales y sociales es de lo que trata una estupenda novela de Miyuki Miyabe,
All She Was Worth (Kasha, 1992), premio Yamamoto Shugoro. Miyabe es una escritora tremendamente popular (y con gran prestigio crítico) en Japón y en otros países asiáticos que ha publicado novelas fantásticas, de terror, policíacas, de ficción histórica, de denuncia social, juveniles... Rara vez concede entrevistas, pero en una que he leído habla sobre las dos caras de Tokio: una reluciente y de poder económico (la que se conoce en el extranjero), y otra donde vive la gente normal y corriente, la que no tiene acceso al Tokio hermoso, que casi les asusta. Y ella ha elegido escribir sobre la cara que no reluce.
En el caso de
Kasha (el título en japonés hace referencia a una criatura mítica sintoísta que devoraba los cadáveres), Miyabe denuncia, desde una interesante perspectiva femenina, el consumismo de los japoneses y sus nefastas consecuencias. Lo curioso es que a pesar de que el contenido es casi de ensayo sociológico, se ha elegido como vehículo una novela policíaca, con el típico inspector de policía japonés que no es un genio, pero que resuelve los casos a base de tenacidad cuando no está comiendo (como un detective que yo me sé, pero sin los revolcones, que los nipones son muy púdicos), bebiendo sake o leyendo el periódico (o viajando el tren, que también tienen mucha afición).
Y el género no es excusa, estamos ante una auténtica novela policíaca, por más que atípica, que engancha y mantiene el interés hasta el mísmisimo final, inesperado por abrupto y muy original; aunque no resuelve algunas dudas (ni falta que hace, seguramente). Lo que empieza con la desaparición de una mujer tras lo que podría ser una riña de enamorados (por simplificar) acaba resultando una disección de la sociedad japonesa y sus encorsetamientos, vías de escape, trampas... La desesperación de una mujer es el hilo que mantiene firmamente hilvanada una trama rica y sofisticada, escrita con eficacia y (seguramente, por la impresión que me da) bien traducida. Un libro de los que no se leen todos los días. Absolutamente recomendable a pesar de la tendencia a las peroratas de algunos personajes (que según a quien pueden no resultar del todo creíbles).

Pero, claro, una escritora que lleva la friolera de 46 novelas publicadas (traducidas a 11 idiomas, son especialmente populares en China y en Corea), no puede mantener siempre el listón así de alto. Llevados por el entusiasmo tras leer All She Was Worth, nos propulsamos a comprar otro de sus libros en Kokuniya (creo que la estupenda librería de Times Square, en Shinjuku, se llama así) durante nuestra estancia en Tokio y dimos con The Devil's Whisper (1989, Majutsu wa sasayaku) que parece talmente que lo haya escrito otro autor. De entrada, la prosa no tiene nada que ver; resulta de lo más plana, algo que puede achacarse en parte a la autora, pero como se publicó tan solo tres años antes que Kasha, pues no lo acabo de ver muy claro. Yo diría que el traductor al inglés tiene mucha culpa; aunque, evidentemente, es solo una suposición. Otra teoría mía sería que esta novela esté destinada a un público juvenil (o al menos más joven que yo); algo que se vería refrendado por el hecho de que el protagonista sea un adolescente y se expliquen conceptos como el de "publicidad subliminal" que todos los adultos conocemos.
Lo que está claro es que se trata de una obra ambiciosa que no ha conseguido ser redonda. Será por tramas y subtramas: el negocio de utilizar a jóvenes que exprimen a hombres solitarios con medios (de lo más cruel), los daños que puede ocasionar la publicidad subliminal, el poder de la hipnosis, los "matones" del instituto, el rechazo social a los familiares de un ladrón de guante blanco o, de hecho, de cualquier persona a la que detenga la policía, la afición a robar en las tiendas... Vamos, que hay de todo, por no hablar de las cuitas de la adolescencia. Y lo curioso es que todo tiene un cierto sentido y la trama principal no se desmadra en exceso. Al final estamos hablando de cómo se puede manipular a las personas (da pavor lo fácil que parece). Y algo tiene la novela, claro, porque si no la hubiera dejado en la página 80 que para eso la ponen en las novelas. De hecho, resulta bastante llamativo que yo me haya leído semejante libro; hay que reconocerle ese mérito. Aunque en parte era por la magnífica impresión que me había causado
Kasha.

En inglés hay traducidos cinco libros de Miyuki Miyabe. En español no hay ninguno de momento.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Otro detective aficionado a la jardinería

Como el inspector de The Moonstone (de Wilkie Collins), el protagonista de Suna no Utsuwa (1961, traducido al inglés como Inspector Imanishi Investigates, creo que no hay traducción al español) no es el típico Marlowe, sino más bien alguien aficionado a la jardinería (concretamente a los bonsais), de hábitos ordenados y escritor de haikus. Con más suerte que pericia (en esta novela abundan las coincidencias, aunque no se le puede negar la persistencia), el inspector Imanishi consigue resolver un misterioso asesinato a base de viajar por medio país (adentrándose en todas sus clases sociales) y examinar de cerca las nuevas formas de expresión culturales del Japón de la posguerra.
La trama de esta novela policíaca japonesa está muy bien hilada y crea una adicción que ríete tú de Larsson. Se lee de un tirón. No en vano se considera a su autor, Seicho Matsumoto, el responsable de popularizar el género en su país. No solo está bien escrita y tiene un muy buen ritmo; sino que también la creación de personajes y de ambienes es sobresaliente. Lo antiguo y lo moderno conviven en el Japón de los años 60, creando un sofisticado escenario para esta obra publicada en la serie Soho Crime, que traduce al inglés novelas policíacas japonesas. La obra de Matsumoto sería un ejemplo de ese tipo de novela policíaca con gran contenido social que tan de moda parecer estar ahora (más de cuarenta años después de su publicación).
Matsumoto fue un autor muy popular y reconocido en vida, recibiendo el premio Akutagawa en 1952, entre otros. Se hizo muy famoso gracias a su colaboración con el director de cine Yoshitaro Nomura, que le llevó a adaptar ocho de sus novelas. De hecho, la película basada en esta novela se considera una de las obras cumbre del cine japonés. La tengo pendiente. Y leer otras novelas de la Soho Crime, que tienen muy buena pinta. Al final, me aficionaré a esto de las policíacas; todo es ponerse.