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lunes, 15 de marzo de 2010

El mundo sin Thomas Mann

En la penúltima reunión de los Novelantes, la dedicada a Zadie Smith, surgió un tema interesante que luego continuó en forma de comentarios en el blog de la tertulia. Se habló de la escritora británica como un producto de su tiempo y se comentó que hoy en día sería difícil que surgiera un Thomas Mann (o un Proust, por decir algún nombre).
Me parece un debate muy interesante, ¿realmente somos tan superficiales? ¿carecen nuestros escritores de una formación sólida, a la manera clásica? Nuestro mundo es evidentemente más "pop", y por eso tenemos figuras literarias como Haruki Murakami. Y si surgiera un nuevo Thomas Mann, no digo yo que no se nos pasara desapercibido a unos cuantos. Aunque no descarto que pudiera aparecer alguien así. En cualquier caso, alguien tuvo la misma inquietud antes que nosotros. Canetti, en La antorcha al oído, se pregunta:

¿Habrá hoy en el mundo algún Tolstoi? Y si lo hubiera, ¿sabríamos reconocerlo? Y aunque mereciéramos reconocerlo algún día, ¿lo conseguiríamos?

Pues ahí queda eso. Por cierto, que ya he acabado el tercer tomo de las memorias de Canetti y me he quedado un tanto sorprendida con el papel que juega su matrimonio con Veza. Nos suelta entre dientes que se han casado (cuando ya no podía posponer más el anuncio) y nada de comentar cómo toman la decisión, lo enamorado que está (habla más, sospechosamente, de Anna Mahler y cómo le tenía de fascinado en la misma época)... No digo que Veza no tenga el espacio que se merece en las memorias (¿quién soy yo para juzgarlo?); pero Canetti le dedica páginas enteras a las anécdotas de sus compañeros de laboratorio cuando estudia Química y luego nos escamotea un acontecimiento que debió tener mayor importancia en su vida. En fin.

martes, 9 de febrero de 2010

Nunca segundas lecturas fueron buenas (II)

A lo que íbamos. White Teeth dio en el blanco (y nunca mejor dicho). Su mezcla de dolor y humor (una especie de tragicomedia un tanto disparatada) para ilustrar los dilemas de los inmigrantes en Gran Bretaña era lo suficientemente "amable", a pesar de la ironía, como para no levantar excesivas ampollas. Y eso siempre ayuda. Así que sedujo a todo el mundo y cuando la revista Time publicó su lista de las 100 mejores novelas en inglés (1923-2005), no se olvidaron de White Teeth. La novela se adaptó incluso a la televisión (en 2002).
Pero siempre hay algún aguafiestas, y en el caso de Zadie Smith, su "cruz" particular es el crítico inglés James Wood, quien desde el mismo momento de su publicación tuvo a bien incluir esta novela en lo que él denomina "realismo histérico" (de hecho, se sacó el concepto de la manga justamente en un artículo sobre White Teeth). Wood critica el ansia contemporánea por crear novelas excesivamente ambiciosas, que puedan describirse como "grandes novelas" y que en su afán por abarcar demasiado, acaben hablando de muy poco. Para Wood, esta novela es un ejemplo de obra que persigue la "vitalidad a cualquier coste", con la que el lector, como resultado, acaba "sabiendo mil cosas sin saber nada de una sola persona". Esta relectura me ha hecho pensar que para ser una novela tan extensa, la construcción de personajes no es todo lo sólida que debería. ¿Conocemos realmente a los personajes de White Teeth? Wood tiene su parte de razón al criticar a los escritores que parecen más obsesionados con la crítica social que con la ficción; con decirnos "cómo funciona el mundo en lugar de lo que siente un personaje respecto a algo". Y no contento con meter a Zadie Smith en el mismo saco que Don DeLillo y Thomas Pynchon, decide que Salman Rushdie cojea del mismo pie (y eso ya me fastidia más, claro).
Para mí, Zadie Smith es un caso claro de que los críticos no suelen "bajarse del burro" con facilidad. A la que apareció su nombre en la tercera lista de "Mejores novelistas británicos jóvenes" (menores de cuarenta), publicada por la revista Granta (la Biblia, poco más o menos) en 2003, nadie se atrevió a decir en voz alta (o a escribirlo, mejor dicho), pero quizá no era para tanto. Pero, bueno, lo cierto es que la lista esa estaba maldita y la mayoría de los incluidos no han vuelto a levantar cabeza. No sé si Zadie Smith nos sorprenderá en el futuro; como es muy joven, tiempo tiene de encontrar su historia, su voz, su fuerza. Las "vacas sagradas" de la generación anterior, como Ian McEwan (otro que anda por el nuevo cartel de Novelantes, por cierto), parece que no han desistido y la siguen considerando su heredera natural. Preguntado hace un par de años por los escritores que deberían relevarles, se quedaba ("claramente") con tan solo uno: Zadie Smith, "toda una figura a tener en cuenta". Pues seguiremos esperando, a ver.

Dientes blancos está publicada por Salamandra y Quinteto (bolsillo).
Los Novelantes se reúnen hoy para comentar la lectura de White Teeth.

lunes, 8 de febrero de 2010

Nunca segundas lecturas fueron buenas (I)

Los lectores desmemoriados tenemos la suerte de que con los libros que tenemos en casa podríamos pasar el resto de nuestras vidas, releyéndolos una y otra vez (casi) como si fuera la primera vez. Lo malo de las segundas lecturas no es que te acuerdes de la trama, de los personajes (cuando los Novelantes leyeron la primera novela de Kate Atkinson, Entre bastidores, la recordaba bastante a pesar de los años transcurridos), sino que (casi) nunca te gusta tanto como la primera. Tengo curiosidad por ver qué pasa cuando relea al Murakami de Kafka en la orilla (que me hizo devorar el resto de sus libros) o al seductor Kureishi de El Buda de los suburbios (ambas son lecturas para Novelantes en el cartel de este año). Para la "tertu" anterior a los Novelantes, releí Intimidad, también de Kureishi. Y tuve una agradable sorpresa al ver que seguía encontrándole el mismo interés. Pero, vamos, por lo general, con la honrosa excepción de Cumbres borrascosas (que podría leer decenas de veces más), las novelas no suelen salir airosas de relecturas que haces con más años y más horas con un libro en el sofá.
Leí
White Teeth (Dientes blancos) cuando se publicó en el 2000. Tenía todos los ingredientes para que me abalanzara sobre la novela casi caliente aún de la imprenta. Hablaba de un Londres que yo he conocido y vivido, y la editorial "vendía" a su autora como "la nueva Salman Rushdie". Ahí es nada. El propio Rushdie, lejos de ofenderse porque le hubiesen encontrado repuesto, recomendaba vivamente la lectura de la primera novela de Zadie Smith. Otro motivo más para no perder ni un momento e ir a comprarla. De repente, no era que Zadie Smith fuese protagonista absoluta de la esfera literaria británica, es que parecía que la esfera era ella; una autora desconocida tres años atrás, cuando consiguió agente literario con un capítulo y unos pocos relatos. Su propia historia parecía de ficción: se subastaron los derechos de una novela de la que solo existían algunos capítulos, todo el mundo esperaba con ansia su publicación. Y no defraudó a (casi) nadie. De hecho, ganó los premios más prestigiosos a los que podía optar: el Guardian First Book Award, el Whitbread First Novel Award y el premio al primer libro de un escritor de la Commonwealth. Y como no podía ser de otra forma, a mí también me encantó. Me pareció ocurrente, bien escrita y todos los dardos daban en la diana.
Parecía imposible que una segunda novela pudiera llegar a estos extremos de paroxismo y, de hecho, no lo hizo. De entrada, la joven autora se declaró profundamente agobiada por su repentina fama y dijo que estaba pasando por un bloqueo creativo. No fue muy largo, porque en 2002 publicaba The Autograph Man. De nuevo, una novela bien escrita que pretendía ser ocurrente y volver a llenar de dardos la diana. Pero lo cierto es que por mucha imaginación que le echase, The Autograph Man (
El cazador de autógrafos) era un intento fallido de volver a conseguir blancura dental. La acogida crítica fue tibia; pero las ventas no podían fallar. El siguiente bloqueo duró un poco más y Smith no publicó On Beauty (Sobre la belleza) hasta 2005. Las ventas bajaron un tanto (por la decepción que sufrieron muchos lectores con el segundo libro), pero los críticos decidieron que no podían equivocarse tanto y que aquella novela sí que era lo que habían estado esperando (ganó el Orange Prize for Fiction en 2006 y quedó finalista del Man Booker Prize). Para mi gusto, cada novela estaba más vacía que la anterior. De hecho, la tercera me pareció que, a pesar de estar bien construida, no tenía nada que contar. O, al menos, nada que me interesara a mí. Lo que demuestra, una vez más, que no basta con escribir bien. El bloqueo creativo actual debe ser el más duro de superar, porque no ha vuelto a publicar ninguna otra novela ni hay indicios de que vaya a hacerlo pronto.

Dientes blancos, Sobre la belleza y El cazador de autógrafos están publicados por Salamandra y Quinteto (bolsillo).

Los Novelantes se reúnen el 9 de febrero para comentar la lectura de White Teeth.