lunes, 28 de abril de 2008

"Intimidad": no maten al mensajero (I)

Acabo de empezar la nueva novela de Hanif Kureishi y, mientras me formo una opinión más concreta y fundamentada de Something to tell you (publicada en inglés por Faber&Faber con una pavorosa portada) retomaré aquí Intimidad, que se nutre (como Something..., como todas sus obras) de sus naufragios sentimentales, la vida cultural y multirracial de Londres, las relaciones entre padres e hijos... Kureishi tiene a bien mantener informados a sus lectores de sus diversas crisis de madurez (no ha salido de una y ya está entrando en otra, la de los treinta, la de los cuarenta, ahora con los cincuenta...) con gran poder analítico y frases demoledoras, por realistas y cargadas de pesimismo.
Siento debilidad por él desde que leí El buda de los suburbios. Y aún más desde que le vi en la presentación de un libro en Londres, hará diez años, con su aspecto tímido y desconcertado. He leído todas sus novelas, relatos e incluso el libro que escribió sobre su padre. Me parece un escritor honesto que convence en las distancias cortas y que no solo escribe bien, sino que esculpe frases colosales, no de esas que se utilizan vanamente (no se oye a la gente decir "como decía el personaje de Kureishi..."), sino de las que te perforan al leerlas, de tan veraces y certeras.
Intimidad
es un libro muy bien resuelto que no se ha valorado en su justa medida por su paralelismo con la vida del autor. Gira entorno a la terrible decisión de abandonar mujer y gemelos (casi bebés) por una nueva novia, más joven. Decisión no solo de Jay, el protagonista, sino de Hanif, el autor.
Jay / Hanif consigue ponernos de su parte en el conflicto con la esposa editora y perfecta, a quien le daría gustosamente «una buena carta de recomendación». El protagonista resulta tan seductor que preferiríamos irnos de vacaciones con un hombre que asegura que «hay ciertos polvos por los que una persona sería capaz de lanzar a un mar helado a su media naranja y a sus hijos», a hacerlo con su fantástica esposa. De hecho, tras la publicación de Intimidad, se criticó a Kureishi por «misógino» (debido al retrato de la esposa y al de la amante, Nina, objeto más que sujeto, pasiva y complaciente). Kureishi reaccionó diciendo que la gente no quiere oír hablar de matrimonios que fracasan y hombres que abandonan a sus mujeres sin que éstas les hayan dado «motivos de peso». Fue uno de los primeros escritores en atacar el ansia de que la ficción fuera «políticamente correcta». En Gran Bretaña, lamentablemente, se acabó juzgando más al padre que abandona a sus bebés que al escritor.
Para mí, es una novela / novella más madura y menos deslumbrante que El buda... (con su irresistible mezcla de raza, rock, sexo y política). Ha sido muy adaptada, al teatro sobre todo. Se puede considerar una novela escénica, en cuanto a que el conflicto que la motiva lo es. Se cuestiona el escenario vital del protagonista y se le da importancia a todo lo que forma su entorno. Además, se presta al monólogo y al intimismo (característica que la ha hecho muy popular en salas alternativas). Se puede decir que Kureishi acostumbra a escribir de forma «escénica» debido a su faceta de dramaturgo (sus orígenes) y guionista, de manera que todo lo que escribe puede escenificarse de una forma u otra. El conflicto en sí hace que se trate de una novela moderna, atemporal y universal al mismo tiempo: ¿Cómo interrumpir lo cotidiano con el melodrama? Parece imposible encontrar el momento adecuado para algo así.

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