martes, 8 de febrero de 2011

Estupendo

A qué niveles estará llegando la contaminación en Madrid y Barcelona, que hasta se está empezando a hablar de ello en los medios de desinformación y ya lo admiten las autoridades, tan reticentes ellas (la Comisión Europea lleva siglos diciendo que los niveles de polución en este país son preocupantes y perjudiciales para la salud, pero como nadie les hace nunca caso, que no sabe una para que los pusimos, la verdad...).

Total, que tan malo es fumar que a los fumadores habría que meterlos en un campo de concentración / reeducación / ponga aquí la palabra oportuna (hay que encargar un estudio de esos que cuestan un pastón, preferentemente a mí, para decidir la nomenclatura más adecuada); pero si se mueren 10.000 o 15.000 personas al año por la contaminación ¿de quién es la culpa? Pues igual de los conductores (seguro que muchos son fumadores, para más inri, qué gente, oyes, son peor que el Assange ese). Pero de las autoridades regionales, estatales, etc. seguro que no. Que no tienen nunca la culpa de nada, angelitos.

Lo dicho, para qué nos estamos afanando en mantener los pulmones limpios de tabaco para llenarlos de otro humo negro menos relajante (conste que yo no he fumado nunca, y va en serio, no como el académico aquél).

Qué ganas de irse a la montaña, pordiós, que digo yo que el aire estará más limpio.

domingo, 9 de enero de 2011

Las palabras las carga el diablo

Siempre me llama la atención cómo funciona el país ese tan dispuesto a perseguir con saña a quien difunda sus oscuros secretos (haciendo uso de la libertad de expresión y de prensa, o no), que no se escandaliza, sin embargo, si una política publica en las redes sociales un mapa con puntos de mira y retórica militar contra sus rivales.

A mi entender, hacer apología de la violencia (no puedo ver de otra forma lo que hizo la ex gobernadora en cuestión) en un país en el que buena parte de la población tiene derecho a portar armas de fuego es algo más que una irresponsabilidad; con independencia de que ocurran asesinatos posteriores (relacionados o no).

No se trata ahora de culpar a una persona en concreto (un partido entero debería responder de sus actos); pero en su momento debería haberse exigido la retirada del dichoso mapa (y de los textos que lo acompañaban), así como la publicación de una petición de disculpas a los políticos demócratas implicados. Eso, como mínimo. Ahora que las cosas se les han ido de las manos, es un poquito tarde para disculpas.

sábado, 8 de enero de 2011

Sin hogar

Leo en Babelia un artículo un tanto deslavazado sobre la relación de diversos escritores con los libros que atesoran en sus casas. Allí encuentro una cita atribuida (erróneamente, a mi parecer) al escritor y explorador británico Richard Burton: "El hogar es donde están los libros". Estoy prácticamente segura de que fue el actor Richard Burton (ávido lector y gran fan de Shakespeare) quien dijo "Home is where the books are".

En cualquier caso, estamos sin hogar y en un cierto limbo. Casi vivo en el trabajo a pesar de carecer de oficina. En menos de una semana he conseguido volver a necesitar vacaciones. Y todo ello sin mis libros (y sin las estanterías y las paredes en las que estaban). No es la primera vez, quién sabe si será la última; pero se hace raro. En fin.

miércoles, 5 de enero de 2011

La clave de la obra de Murakami

La da él mismo en un artículo titulado (no muy acertadamente, a mi entender) "Realidad A y Realidad B", publicado en una traducción justita y con problemas de maquetación (qué daño hace a la vista que se coman los espacios entre las palabras, y qué poca justificación tiene tamaño error) en La Vanguardia justo antes de navidades (cuando estaba aún más "entretenida" que ahora).

Murakami escribe: "el papel de una historia es mantener la solidez del puente espiritual construido entre el pasado y el futuro". Y aunque pueda decirse de tantas novelas (suyas y de otros escritores), me recordó la interesante sesión que dedicaron no hace tanto (o se me pasa a mí el tiempo muy deprisa) los Novelantes a Kafka en la orilla.

Os deseo un año lleno de interesantes lecturas y películas, pero también con viajes / paseos / excursiones (me pido lo mismo). No abandonéis las ilusiones y ellas no os abandonarán a vosotros (proclamo). Espero poder dejarme caer de vez en cuando por aquí. De mi tintero, mejor no hablar (reventó y lo puso todo perdido, el muy cochino).

lunes, 8 de noviembre de 2010

Si esto es laicismo...

que venga Dios y lo vea, porque el Papa no lo tiene nada claro. Pero Nacho Escolar sí y lo cuenta mucho mejor que yo, así que...

sábado, 6 de noviembre de 2010

La mala educación

Yo, sinceramente, me viene un invitado a casa (con falda, encima, pero, bueno, para gustos, colores, que dice mi suegra) y me dice que vaya reforma tan desastrosa he hecho en mi piso, y hombre, pues de buena educación no me parecería. Si no te gusta lo que ves, no digo que mientas, eso tampoco; pero con callarte y evitar ofender / entrar en polémicas, listos.
En cambio el Papa viene y con eso de que es infalible o cómo se diga, no solo pretende estar a cuerpo de rey corriendo con los gastos los contribuyentes, sino que encima nos afea la conducta al sector laico de la sociedad. Yo creía que España era un estado aconfesional. Estamos pagando un banquete de boda a un precio astronómico para que vengan y nos digan los invitados qué vaya novio tan horroroso nos hemos buscado. Vivir para ver.
Y luego tenemos a todos esos políticos supuestamente de izquierdas intentando vendernos que esto es una inversión estupenda, que nos traerá turistas (que parece que en Barcelona se han convertido en la solución a todos los males).
Es que lees el periódico y no sabes si te lo están diciendo en serio o qué.

En fin, que estoy viva pero muy desbordada.

lunes, 1 de noviembre de 2010

El hombre que siempre tiene razón

No sé qué me pasa con Salman Rushdie (devoción, supongo), que siempre me descubro dándole la razón en todo. Hoy viene una especie de entrevista en El País, anunciando las memorias de Rushdie sobre la época de la fetua (de paso me he enterado de que la RAE ya tiene adaptación para la "fatwa"). Y Rushdie vuelve a decir algo que creo que ya le había oído: que Shakespeare es el tipo que lo escribió todo hace ya más de cuatrocientos años, "todo sobre todas las cosas".
Amén.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Asia en Barcelona

Tenía yo pendiente (entre otras muchas cosas) una entrada sobre la novena edición del Festival Asia, del que soy una gran fan. Este año fuimos dos días; a ver el espectáculo inaugural (de kathakali) en la Sala Gótica de la Biblioteca de Catalunya, y a varios conciertos en el nuevo eje urbano del festival, el formado por el MACBA, el CCCB, la plaça dels Àngels y la de Joan Coromines. Me parece un acierto haber trasladado aquí el Festival (no había encontrado su sitio hasta esta edición); hay espacio suficiente para los talleres, los conciertos, las demostraciones... y en el Raval, lugar donde vive mucha gente de las comunidades implicadas. De hecho, me ha parecido que este año se había hecho un mayor esfuerzo por contar con la participación de dichas comunidades y, por primera vez, el público era una mezcla de razas y culturas de lo más interesante. No éramos los barceloneses de origen no asiático los que íbamos a ver "cosas de Asia"; sino que era una especie de celebración del "multiculturalismo" (bendito palabro) de esta ciudad. Los sijs nos contaron (en catalán) cosas de su gastronomía, la comunidad filipina nos enseñó su vestimenta, había demostraciones de juegos, instrumentos, decoración con henna, un lugar donde aprender a decir una palabra en un idioma asiático... En fin, un esfuerzo loable por que conozcamos más ese continente y la gente de allí que habita aquí.
En el caso del kathakali, se trata de una de las formas teatrales más antiguas del mundo y lo representó una prestigiosa compañía (Margi Theatre) de Kerala (sur de la India, qué recuerdos), que es de donde procede esta manifestación artística. Es un espectáculo muy vistoso que, al transcurrir en sánscrito, pues necesita un poco de información previa. Es cierto que cuesta un poco "entrar" (es muy diferente de lo que nosotros entendemos por teatro); pero luego fascina. En India las representaciones duran horas y horas; aquí se comprendió que el público no estaba preparado para tanto y se limitaron a un fragmento de la epopeya Mahabharata. La música (canto y percusión) era hipnotizante y estaba perfectamente coordinada con la gestualidad (muy ajena a lo que los occidentales entendemos por ese término, no veas cómo movían los ojos) de unos actores con un vistoso (y muy elaborado) maquillaje y unos movimientos precisos y económicos de gran fuerza. Espectacular. El escenario escogido acababa de redondear la oferta; ya que ayudaba a crear una atmósfera sobrenatural. Como anécdota, es la segunda vez que vemos una bailarina india "con bigote"; en este caso metafórico, porque aunque era un hombre el que representaba el papel del personaje femenino, se había afeitado (cosa que no podemos decir del artista que vimos en un palacio de un marajá en Rajastán, que de lejos no se notaba, pero los que se acercaron a darle una propina...).
El día de la clausura del Festival ("Un día en Asia", una jornada familiar dentro de las fiestas de la Mercè), estuvimos en dos conciertos; aunque uno lo vimos dos veces. Y también nos paseamos para ver el ambientillo y el resto de actividades programadas. Primero vimos a Altai Khairkhan interpretando canciones y melodías tradicionales mongolas. Fue precioso; podías "verlos" cabalgando por la estepa (quizá tengo mucha imaginación, pero las canciones eran una maravilla). Y, cómo no, utilizaban las famosas técnicas vocales mongolas (como el canto difónico o khöömei, nacido de la voluntad de imitar los sonidos de la naturaleza, que tan raro suena a palo seco, pero que como parte del concierto era de lo más seductor).
Después de comer volvimos a echar un vistazo a las demás actividades, haciendo tiempo para el segundo concierto que teníamos "apuntado". Nos encontramos otra vez con el grupo mongol, tan elegantes ellos, cantando. Así que volvimos a escucharles. Valía la pena. No sabía que hubiera una comunidad mongola en Barcelona; pero allí estaban con sus trajes tradicionales, guapísimos todos. Después había un grupo de gente de Bangladesh (creo, es que no lo vimos desde el principio), escenificando una boda a la manera tradicional. Un joven espontáneo de su comunidad se subió, ni corto ni perezoso, a la pasarela y se puso a bailar en plan "Bollywood". El narrador de la escenificación decidió integrarlo ("los jóvenes bailan, compartiendo la felicidad de sus familias") y todos tan contentos.
Para acabar, la comunidad paquistaní había pedido que actuara Abrar-ul-Haq, una estrella del bhangra-pop de su país. No sabías si mirar al escenario o a la plaça dels Àngels llena a rebosar de paquistaníes de diversas edades, todos endomingados, cantando y bailando. Fue emocionante, porque, por una vez, era su día; los protagonistas eran ellos. La verdad es que la labor de la Casa Asia en este sentido es de lo más loable (también en cuanto a la difusión de la cultura asiática el resto del año).

lunes, 11 de octubre de 2010

Sábado en Japón

Con mucho retraso, porque los Novelantes le han dado ya tres vueltas al libro (por lo visto había que leerlo más de una vez, cosa que puede que yo, con mi mala memoria, haya hecho de forma inconsciente), conseguí acabar Saturday, de Ian McEwan, a tiempo para releer Kafka on the Shore, de Haruki Murakami (que los Novelantes comentan el jueves 14 de octubre).
Me dio mucha pereza ponerme con McEwan y el texto me dio la razón. Una vez más, el autor nos endilga una historia floja, que se hace leíble por lo bien que escribe el hombre. Saturday (2003) me recuerda muchísimo (demasiado) a Enduring Love (1997), y teniendo en cuenta que esta última me pareció bastante insoportable... Creo que Amsterdam (1998) me gustó más; pero no me acuerdo demasiado. Sé que cuando leí Atonement (2007) respiré aliviada: por fin me contaba algo que me interesaba, una historia con fundamento. Vamos, que por mucho que sea un autor premiadísimo, uno de los 50 mejores escritores británicos desde 1945 según The Times, a mí McEwan tiende a aburrirme / irritarme. Le reconozco lo bien que escribe (si no, no hubiera pasado del primer libro), pero esos mundos burgueses en los que él se siente tan cómodo no me resultan excesivamente interesantes (por no decir que me dan urticaria directamente). En el caso concreto de la novela que nos ocupa, en mi opinión, si se trata de narrar un día "à la Woolf", debe ser un día con sus más y sus menos; pero no tan disparatado y excesivo como el del médico ese (por cierto, cómo se nota que estuvo dos años presenciando el trabajo de un neurocirujano, que ya son ganas, pero al menos le sirvió de mucho en la novela). Es que le pasan unas cosas de lo más inverosímil (y absurdas, no solo se enfrenta a un desequilibrado con problemas neurológicos, que ya es casualidad, sino que va y ¡lo ablandan con poesía!).
Lo curioso es que inverosímil sería un adjetivo muy adecuado para la novela de Murakami y en cambio me lo creo todo (los gatos que hablan, las puertas de acceso a otros mundos, los chulos caracterizados como el señor del Kentucky Fried Chicken y con unos poderes que no veas...). Supongo que es porque no consigo adentrarme en el mundo de McEwan (ni lo deseo) y en cambio Murakami me seduce de tal manera que me sumerjo encantada en las historias más increíbles. De hecho, puede que Murakami no escriba tan bien como McEwan (apostaría algo a que es así, a pesar de a McEwan lo leo en inglés y a Murakami traducido); pero tiene una facilidad pasmosa para fabular y atraer al lector a su mundo. Me parecen, justamente, dos autores totalmente opuestos; cada uno de ellos sobresale en un aspecto clave (a mi entender) de la ficción: el estilo (McEwan), la trama (Murakami). Aunque para ser exactos, en la obra de Murakami no es tan importante lo que pasa como la ambientación que se crea alrededor de los sucesos. Y en eso es muy japonés por más que muchos críticos de su país le tilden de excesivamente occidental (hubiera entendido más que le acusaran de "pop", la verdad, aunque tampoco lo comparto).
Con la relectura de Kafka... se confirma que las novelas (los cuentos no creo) de Murakami resisten nuevas lecturas si se deja pasar un tiempo prudencial. La verdad es que recordaba algunas cosas; pero otras, no. Es curioso porque no me acordaba para nada de la "pulsión sexual" del libro. Y ha sido interesante captar referencias que la primera vez se me escaparon (ahora he leído a Soseki, he visto a los ciervos en los templos, he viajado dos veces a Japón). Habrá que seguir releyendo.

Kafka en la orilla está publicada por Tusquets (también en edición de bolsillo).
Sábado está disponible en Anagrama y Quinteto (bolsillo).

domingo, 10 de octubre de 2010

Miyuki Miyabe, por fin en español

El próximo día 18 sale a la venta la primera novela de Miyuki Miyabe en español, publicada por Quaterni (traducción del inglés de Purificación Meseguer). La primera, pero no la última; porque le seguirán Crossfire, The Devil's Whisper y Shadow Family; todo un festín. Esta "avanzadilla" (es mucho más que eso, la verdad) es Kasha (1992), una novela que me cautivó las pasadas navidades tras comprarla en Tokio. Miyabe es una escritora japonesa de gran prestigio y una abundante (y variada) obra.
Respecto a la edición en español, un primer aspecto a comentar sería el título. Me consta que en la editorial le dieron bastantes vueltas al tema. No era sencillo. El título original es metafórico y hace referencia a una criatura mítica sintoísta que devora los cadáveres. Para un japonés, la referencia es, por lo tanto, clara y puede ver cómo se construye la metáfora al leer el libro. Para un occidental, no está tan claro. Aquí podía optarse por dejar el título original y explicar qué es eso del Kasha (Quaterni lo hace, desde luego), o cambiarlo por otro totalmente diferente, como hicieron en la traducción al inglés (All She Was Worth). La solución de Quaterni (La sombra del Kasha) no me acaba de convencer (para gustos, colores), porque yo creo que llama a error. Puede pensarse (y a eso ayuda el diseño de la portada) que vamos a leer una historia de espíritus (y yo no contaría con ello). Vamos, que puede hacer que algunos lectores se sientan defraudados por un contenido más sociológico que de terror. Y que otros lectores que no se animen a leer la novela pensando que es una historia de terror, se pierdan un libro estupendo que no puedo sino recomendar. Pero, vamos, que el título original suponía, sin duda, un reto.
La traducción parece muy correcta y fluida, lo que me hace pensar que es posible que los lectores en español salgan ganando con una traducción del inglés en lugar de una del japonés. En mi experiencia, las traducciones de novelas en japonés al español no acaban de dar grandes resultados (suelen chirriar bastante, con loables excepciones como el Kafka en la orilla de Lourdes Porta). En cambio las traducciones al inglés suelen ser muy buenas. Quizás a alguien pueda llamarle la atención esta práctica, que es, por otra parte, bastante habitual entre las editoriales de este país. Sin ir más lejos, la versión catalana de dos de los tres volúmenes de Millenium se hizo del francés. En fin no seré yo quien defienda las traducciones de lenguas puente; pero tampoco voy a criticarlas si el lector sale ganando. Y ya digo, muchas traducciones al inglés que he leído me han parecido muy fieles al espíritu original de las novelas japonesas (desde las limitaciones de alguien que no habla japonés, pero que aprecia una prosa natural y no forzada), entre ellas, la de la novela que nos ocupa.
Pues, nada, a disfrutar de una trama rica y variada, bien hilvanada, que además nos descubrirá una cara de Tokio que puede resultarnos desconocida (y brutal). Y todo ello de la mano del inspector Honma, el típico policía japonés que no es un genio, pero que resuelve los casos a base de tenacidad cuando no está comiendo, bebiendo sake, leyendo el periódico o viajando el tren.
Una auténtica novela policíaca (recomendable incluso para quienes no sean muy partidarios de este género), por más que atípica (de ahí su atractivo para muchos públicos diferentes), que engancha y mantiene el interés hasta el mísmisimo final, inesperado por abrupto y muy original.

Se puede descargar el primer capítulo aquí.

sábado, 9 de octubre de 2010

Con la boca pequeña o a puerta cerrada

Seguimos con el tema de la solicitud de libertad para Liu Xiaobo. A última hora, a pesar de la reticencia del Ministerio de Exteriores (por lo visto vamos a dejar de ser el mejor amigo de China en la UE, que dime con quién andas...), España se sumaba a la petición de Francia, Alemania y Reino Unido.

La UE no se atreve a hacerlo en público. Parece que a China no le importa que le pidan democracia siempre que no haya periodistas delante y no se entere la disidencia. Así que la UE hace sus demandas a puerta cerrada, no se vayan a enfadar los chinos estos (que son de aúpa).

viernes, 8 de octubre de 2010

Dos de tres

Por lo visto, Obama sí que ha pedido la liberación del nuevo Premio Nobel de la Paz. Ahí me equivoqué.

Con Francia y Alemania, acerté.

España: no sabe, contesta.

Los nórdicos le tosen a China

Me es igual que esos benditos países estén llenos de asesinos como aseguran los escritores de novela policíaca nórdica; para todo lo que no sea tomar el sol, hay que mirar al norte. No van y le dan el Nobel de la Paz a Liu Xiaobo (igual les perdono lo de Obama, me han demostrado que no son tan lacayos como me temía).

Y tras el anuncio, todos a retratarse. A ver qué países piden la liberación del flamante Nobel de la Paz y a ver quiénes se ponen a silbar como si no fuera con ellos la cosa. Seguro que España no se mete en berenjenales, que con China nos jugamos mucho y no está el horno para hacerse el gallito. Supongo que Francia y Alemania deben haber pedido ya la liberación de Liu Xiaobo, y que los EE.UU. no harán gala de solidaridad entre premiados y se van a callar, fijo.

A pesar de que China lleva meses amenazando al comité del Premio Nobel de la Paz con todo tipo de represalias comerciales, esta buena gente (nunca mejor dicho) han hecho caso omiso y se la han jugado, como les habían pedido el Dalai Lama y Václav Havel.

Y encima es que el anuncio llega después del Nobel de Literatura a Vargas Llosa, que ahí tuvimos que ver a nuestro presidente y demás autoridades más ufanos que si se lo hubieran dado a ellos. Todos a rajar, que parecía que habíamos vuelto a ganar el dichoso Mundial. Tanta declaración para seguirla de tanto silencio... qué poco discreto va a quedar esto.

Suerte que se trataba de un gobierno progresista. Qué mal vamos, señor.

La voz del poeta

La de Juan Gelman es juvenil y potente a sus 80 años, mientras recita sus poemas con una copa de vino delante, acompañado por su amigo de décadas, el músico Rodolfo Mederos, quien ha compuesto un sinfín de temas inspirados por la poesía de Gelman. Además del bandoneón de Mederos, les acompañaban los otros dos integrantes del trío que lleva su nombre (el de Mederos, digo), entre ellos un contrabajo muy destacable.
Tenía yo un amigo que decía siempre que hay instrumentos que no merecen tal nombre y me temo que seguramente incluía al bandoneón. Sin embargo, durante el recital de L'Auditori (organizado por la Casa América de Catalunya), el bandoneón de Mederos, un virtuoso, me llevó de vueltas al Buenos Aires en el que tanto tango bailó Gelman (por lo visto aún baila, pero en México, donde vive). Siempre me acuerdo de una noche que fuimos a ver cómo bailaba la gente, una milonga; fue fascinante. No hay duda de que el bandoneón es el sonido del tango, del "gotán" que dice Gelman. Y su poesía es el sonido del amor; una auténtica "fábrica de amor" (como el título de ese poema que tanto me gusta, el que dice "Tú destruyes el mundo para que esto suceda / tú comienzas el mundo para que esto suceda").
Hay poetas que no aportan nada leyendo lo que escriben, que no han sido dotados de la fuerza, de la personalidad necesaria para transmitir sus palabras si no es por escrito (la mayoría de los escritores, creo yo). Escuchando a Gelman recordé otro acto, con Manuel Rivas, en el Caixafórum de Barcelona (creo que hace un par de años): una maravillosa "performance" en la que Rivas leía fragmentos de su obra Los libros arden mal entrelazados con tangos. Manuel Rivas es otro escritor / poeta a quien hay que escuchar. Por desgracia perdí en un traslado un CD con poemas leídos por él (venía con una de sus antologías de poemas, un regalo que me hicieron que me gustó mucho); era una maravilla.
Con Gelman me pasa como con muchos poetas (Rivas incluido), que tienen muchos poemas que me fastidian, me irritan, y luego tienen algunos que me seducen por completo (como ese de Gotán, de 1962, que empieza "esa mujer se parecía a la palabra nunca", que hay que oírselo a Gelman). Aunque lo que más me gusta de Gelman son versos sueltos (como mi favorito, de "Fábricas de amor", "me haces andar contra la muerte"). Gelman, muy premiado, fue fundador y miembro de diversos grupos de poetas argentinos de izquierdas y estuvo encarcelado por sus ideas; formó parte de los Montoneros, vivió la dictadura militar exiliado y luchando contra la misma; le "desaparecieron" a su hijo y a su nuera embarazada (encontró a su nieta hace tan solo diez años, tras innumerables gestiones). Es un poeta que ha pasado por diferentes fases, cómo no; la popular, la experimental, la descarnada, la serena; pero que siempre le ha cantado al amor.
Desde luego, fue todo un privilegio asistir a la primera puesta en escena de esa maravillosa combinación de palabra y música de dos viejos tangueros. Para mi gusto, sobraba la presentación de Joaquín Sabina, que "perpetró" un poema sobre (parecía más bien contra, qué horror) Gelman. Pero el resto, un lujo.

Se puede oír a Gelman leyendo sus poemas en la Casa de América de Madrid aquí (TV3 grabó el acto de l'Auditori; aunque no sé cuándo lo emitirá, pero recomiendo mucho verlo si se tiene la oportunidad).
Y ver/oír a Manuel Rivas leyendo un fragmento de Los libros arden mal o un poema en gallego.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Con el mazo dando (y III)

A lo que íbamos, que siempre tiene una que escuchar "¿eres traductora? ¡pues vaya traducción llevaba mi batidora, que no entendía nada y acabé fundiendo los plomos tres veces!". Que tú me dirás, qué tendré que ver yo con las traducciones automáticas de productos fabricados en China, que es todo el mismo concepto (abaratar costes, no buscar calidad). Y que, de todas formas, intrusismo hay mucho y malos profesionales, pues como en toda profesión.
Me estoy yendo por las ramas; lo que quería decir es que un día como hoy el lema debería ser "Ponga un traductor en su vida". Que lo mismo sirve para el que quiere leer a Murakami y no tiene ni idea de japonés (como servidora), que para quien necesita leer el manual de una máquina de diálisis en un hospital antes de endilgársela a un paciente (cosa prudente y que entra más en mi liga profesional), o proporcionar información sobre un acto cultural en dos idiomas.
Aquí en Catalunya, parece que con el procesador de textos del amigo Bill se apaña todo y en un momento te escriben un texto en dos idiomas ilegible en ambos. Para muestra, el papelito que repartían en la Sala Gótica de la Biblioteca Nacional de Catalunya (me gustó mucho el sitio, por cierto, no había estado nunca) entre quienes íbamos a ver una (fantástica) representación de teatro kathakali a cargo de una compañía india. Digo yo que los "señores" de Casa Asia podían haberse "estirado" más, empezando por contratar a un redactor profesional y acabando por traducir el texto como (cualquier) dios manda. Más sobre este acto en otro momento.
El tema es que el papelito en cuestión no tenía desperdicio, no se entendía ni palabra. Pretendían explicarnos lo que íbamos a ver (porque no dominamos el sánscrito) y nos confundieron más. Nos dicen que Panchali protesta por llevar el pelo suelto pero no qué problema tenía la buena mujer en llevarlo así y, lo mejor, en catalán Krishna recurre a la "mediación" para evitar una guerra; pero en castellano, a lo que recurre es a la "meditación", que será cosa de una mera "t", pero no veas lo que cambia la cosa.
Parece una anécdota, pero me parece muy representativo del mundo en el que vivimos: un acto patrocinado por todas las autoridades y medios de comunicación imaginables, y un papel (con sus logotipos, por supuesto) que nadie se ha molestado en leer. Pues para eso no andéis talando árboles, digo yo.

Con el mazo dando (II)

En una jornada que sigue a una huelga general y en la que se celebra que se murió el primer traductor (ya podían haber elegido la fecha de nacimiento de San Jerónimo y no la de su muerte, digo yo, cuánta mala leche), va a haber que ponerse un poco reivindicativos.
Después de todo, somos un gremio poco gremial que cobra igual o menos que hace diez años (no vamos a hablar ahora de la diferencia del coste de la vida) y encima más tarde (con la que está cayendo, dile tú a tus clientes que te paguen a treinta días, te mandan a hacer monólogos en la tele), que está en formación continua, es esclavo de las tecnologías de la información y está obligado a invertir constantemente en su poco lucrativa carrera profesional.
¿Y quién nos mandaba hacernos traductores? Pues yo le echo mucha culpa a los autodefinidos; pero, en fin.

Con el mazo dando (I)

Es lo que tiene ser un "héroe en la sombra" (que, al menos, calor no pasas) en lugar de un superhéroe, que sería lo suyo: por más que le vayas con ruegos a San Jerónimo (a quien le dé por ahí, yo soy más del dios hindú Ganesh, aunque el otro sea el santo del día y el patrón de los traductores), tienes que andar siempre con el mazo dando, como en el refrán. Vamos, que si se está hundiendo el barco, rezar, puedes rezar, pero sigue remando.
Todo este desvarío para decir que hoy es el Día del Traductor y aunque no me considere un "héroe" como dijo una vez Paul Auster para hablar de los traductores literarios (los traductores técnicos tenemos que ser más modestos debido a nuestra notoria falta de glamour), en la sombra de la expresión austeriana sí que estamos, sí.
Somos unos currantes invisibles (encima, salimos poco de casa, así que casi ni existimos para la familia y los amigos y no solemos estar morenos), lo cual perjudica mucho el reconocimiento de nuestra labor, como es lógico (la invisibilidad, no el mal color, me refiero).

jueves, 9 de septiembre de 2010

Decadencia en Kansas

Cuando las cosas se tuercen, se tuercen de verdad y todo lo que pueda salir mal, lo hará. Esa parece ser la moraleja de esta intrigante novela de la autora estadounidense Gillian Flynn, que ha salido airosa de la famosa "prueba del algodón": la segunda novela tras un debut exitoso. Dark Places (2009) es original y, por lo tanto, difícil de etiquetar. Por más que se intente clasificar como novela negra, nos recuerda más a la serie del detective Jackson Brodie de Kate Atkinson, que a las novelas nórdicas tan de moda. Hay algo un tanto "juguetón" y sarcástico que la hace muy diferente de esas novelas con viento y frío donde la ironía solo aparece tras previo aviso. Aunque algo tienen todas en común: una labor de documentación social e histórica que diferencia la novela negra actual de la clásica (de Raymond Chandler, para entendernos). En este sentido, sigue chirriándome un poquito ese afán (en general) por ofrecernos según qué información; porque el intento a veces resulta demasiado evidente.
La protagonista, Libby Day, es una "víctima profesional" (en palabras de la novelista Laura Wilson), una especie de buitre (muy dado a las metáforas, eso sí) que lleva casi un cuarto de siglo alimentándose de los cadáveres de sus hermanas y su madre. Y sin embargo se nos hace simpática, por su humanidad y por la soltura con la que admite lo que en otras personas se considerarían defectos. También Libby nos recuerda a los personajes un tanto confusos (interiormente, no literariamente, quiero decir) de Kate Atkinson. De hecho, no me extraña que esta autora le guste (llegué a Gillian Flynn por un elogio de Atkinson); podría ser perfectamente una de sus alumnas más aventajadas. Y Libby, con esa lengua tan afilada y sus sentencias y su falta de compasión (empezando por sí misma) parece un tanto "British".
Estamos ante un libro bastante realista (sin gente de esa tan inteligente que lo adivinan todo). Libby Day no busca la verdad, busca pasta. Michelle estará muerta, pero no por ello vamos a decir que fuera un encanto de niña. Patty Day no era una heroína y la paciencia de su hermana Diane tiene sus límites, como la de todo el mundo. Hay que destacar la estructura a dos tiempos; un recurso que a veces resulta pesado, porque uno se encuentra más cómodo en uno de ellos y lee rápido cuando llega el otro, pero aquí funciona sorprendentemente bien. Y es que
Dark Places está bien escrito. De hecho, se trata de una prosa más rica de la que esperaríamos a priori de este género. Empieza con mucha fuerza, con esa frase tan contundente: "I have a meanness inside me, real as an organ" (en español pierde un poco, quizá por un exceso de "floritura", "Albergo la maldad en mi interior, tan real como un órgano más"). Luego, al final, decae un poquillo; pero es un libro interesante que vale la pena leer. Aunque se la ha comparado hasta la saciedad con la novela de Truman Capote sobre unos asesinatos reales en una granja, In Cold Blood, no sé yo si llegaría tan lejos; porque la de Capote me parece una gran novela más digna de llegar a ser un clásico. Pero Gillian Flynn apunta maneras (no era fácil de escribir esa escena tan violenta que, al estar protagonizada por niñas, la verdad es que impresiona bastante). Está por ver si se quedará aquí, con lo cómoda que está, o si será más ambiciosa.
Como anécdota, no entiendo el protagonismo que se le da en la edición española al club de marras (La llamada del Kill Club me parece un título nefasto), que no me parece tan macabro como lo venden. En realidad, en la novela empieza siendo algo clandestino y quizás más oscuro, pero acaba como una reunión de venta de "tupperware".

Comienzo en inglés aquí y en español aquí.
Esta novela está publicada en español por la editorial Viceversa.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Última oportunidad

Que conste que me parece loable que Woody Allen siga haciendo una peli al año, a su edad y con una filmografía que no necesita ampliación. Otros hacen sudokus para mantener la mente ágil. Pero, a partir de ahora, me temo que voy a dejar de contribuir a la financiación de su vejez activa. A la tercera va la vencida. Y no se puede decir que no sea yo perseverante; porque lo suyo hubiera sido abandonar el barco después de la irritación barcelonesa (por llamarla de alguna manera). Pero no, aún vi aquel remedo de lo que fue, su película anterior. Lo de ahora, no sé cómo definirlo. Hasta para los títulos se le ha acabado al hombre la inspiración (por lo visto, el guión de la película anterior era de los años 70, así que el respiro de alivio no debería haber sido tal).
Si alguien viera You Will Meet a Tall Dark Stranger sin saber que es de Woody Allen, igual pensaría que es un intento de imitar al famoso director. No lo sé; a mí me costaba creer que estuviera viendo una película suya. Personalmente, estoy dispuesta a perdonar ese "toque tercera edad" que hace que los hombres de sus últimas pelis acaben con jovencitas, e incluso que sus personajes sigan siendo de clase alta. Todo por un guión ocurrente, por unos diálogos chispeantes. Pero, lamentablemente, parece que eso se acabó; porque hace ya varias películas que no lo vemos por ningún lado. Ayer me aburrí soberanamente. Y eso es imperdonable. Solo pido que si no me van a llegar al estómago, al corazón o al cerebro (no necesariamente en ese orden), me entretengan. Pero no hubo manera.
Por no perdonarle, creo que no le voy a perdonar ni que mente a Shakespeare sin venir a cuento. Es que ni Londres sale bien parado. Parece una ciudad tan gris... En cuanto a los actores (los que no son muy conocidos para el público español sí son muy populares en Gran Bretaña), tienen poco margen para el lucimiento con los papeles que les han endilgado. Los que salen más airosos son los veteranos (Jones, Hopkins, Ashton-Griffiths). Me ha sorprendido mucho que Nicole Kidman fuera a interpretar originalmente el papel que hace Lucy Punch; lo encuentro inverosímil, vaya.
En resumen, prescindible (siendo extremadamente benévola, a mí no me pilla más).

Con ver el tráiler, basta.

sábado, 28 de agosto de 2010

Historia de una obsesión

El museo de la inocencia (Masumiyet Müzesi, 2008) es la primera novela que publica Orhan Pamuk desde que se le concediera el premio Nobel en 2006; aunque, según ha comentado el propio autor, no la escribió en dos años, sino que es fruto de un trabajo realizado a lo largo de mucho más tiempo. De alguna forma, se trata de una novela que se convirtió, como la ciudad de su juventud, en una fijación para Pamuk; hasta el punto de desear crear el Museo de la Inocencia del título en la casa del barrio de Çukurcuma retratada en la novela, para exhibir una colección que recree el Estambul del período descrito (desde 1975 hasta el siglo XXI). Por lo tanto, estaríamos ante la historia de una obsesión en más de un sentido.
En 1975 Turquía vive obsesionada (si hemos de creer a Pamuk, y no tenemos por qué dudar de él) por una modernidad que ansía y repele al mismo tiempo, así como por la apertura a la cultura occidental. Kemal, un joven burgués, pierde la cabeza por una pariente lejana (y pobre) y tira por la borda su proyección social para vivir esa pasión de una forma poco ortodoxa. El propio autor asegura que la pregunta clave de la novela sería qué es el amor en realidad. Yo diría que lo de Kemal no es amor; a riesgo de ponerme a escribir frases empalagosas tipo tarjeta con corazones, pienso que quien ama de verdad es más generoso consigo mismo y con la persona amada. Hay un cierto masoquismo / infantilismo en la renuncia de Kemal a vivir su historia como un amor correspondido que debe hacer frente a la rutina y el paso del tiempo. Es como si quisiera castigarse a sí mismo por haber tenido todo siempre de cara en la vida. La pasión enfermiza de Kemal convierte a su "amada", Füsun, en un objeto; en un personaje un tanto plano de quien interesa más su aspecto, su ropa, sus complementos, que lo que realmente siente como persona. Sin duda, Pamuk está retratando la forma en la que se veía y trataba a las mujeres en esa época, así como la falsa "modernidad" de Kemal. Pero la historia de amor sale perjudicada de tanto simbolismo.
En tanto que, a mi entender, en la novela hay más de fijación (a veces dudamos de la cordura de Kemal, y que conste que se lo gana a pulso el hombre) que de hüzün (melancolía en turco), la lectura se ve dificultada por el comportamiento compulsivo de Kemal, gracias al cual, por otra parte, puede retratar Pamuk la nostalgia y languidez post-imperial de la ciudad. Aunque en su conjunto el lector se quede con el regusto nostálgico, con el preciosismo de la escritura y las descripciones, con la minuciosidad de quien le ha dedicado mucho tiempo a una ciudad, a una época; puede que haya lectores a los que les resulte difícil soportar la afición de Kemal a contar las veces que cena en casa de sus parientes, las veces que hace el amor... tanta reducción a los números. Yo tuve que hacer una pausa a media novela porque no podía soportar que Kemal fuera a cenar tan a menudo a la casa de los padres de Füsun, que invirtiera tiempo y dinero (su propia vida) en un afán un tanto patético. Me daban ganas de asirle por los hombros y zarandearle a ver si espabilaba... Hubiera entendido más una ruptura de compromiso, un matrimonio desigual... pero, claro, de ahí no hubiera salido el Museo de la Inocencia (aunque igual sí el del Desencanto, mira tú por dónde). Y justo cuando me estaba reconciliando con el afán recolector de Kemal y estaba disfrutando más de esos paseos que nos da Pamuk por su ciudad, va el hombre y nos sale con la parte final de la novela, que me ha dejado un sabor de boca un tanto amargo. Que Pamuk haga cameos en sus novelas tiene un pase; pero que aparezca de repente y nos diga "¡hola, soy orhan!", pues, hombre, eso no tiene perdón de dios. Con decir que era él y no Kemal quien escribía hubiera bastado; también sobra el final con las visitas de Pamuk y el relato de la muerte del protagonista, que para mí no aportan nada.
Pamuk pasará a la historia como uno de los grandes narradores de una ciudad tan seductora como es Estambul, y como un investigador de la identidad moderna turca. Por ello cuesta un tanto perdonarle que no haya tensado más esta novela tan larga, que la haya desequilibrado con un final algo burdo. Aunque nada de ello le reste el mérito de hacernos pasear por su ciudad de una forma tan vívida.

Mondadori ha publicado la novela en castellano (se puede leer el comienzo aquí) y Bromera, en catalán.
Extracto de la traducción al inglés publicado en septiembre de 2009 en The New Yorker. La traductora al inglés es Maureen Freely, que ya ha trabajado con Pamuk en varias de sus novelas anteriores. Por lo visto, colaboran estrechamente dado que (lamentablemente) muchas de las traducciones de las novelas de Pamuk a varios idiomas se realizan desde la traducción inglesa y no a partir del original. Por ello, suele considerarse que la traducción al inglés (como pasa con las novelas de Haruki Murakami, cuya traducción al inglés supervisa el propio autor) es la más fiel de todas las que se realizan.