Mostrando entradas con la etiqueta Paul Auster. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Paul Auster. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de septiembre de 2010

Con el mazo dando (I)

Es lo que tiene ser un "héroe en la sombra" (que, al menos, calor no pasas) en lugar de un superhéroe, que sería lo suyo: por más que le vayas con ruegos a San Jerónimo (a quien le dé por ahí, yo soy más del dios hindú Ganesh, aunque el otro sea el santo del día y el patrón de los traductores), tienes que andar siempre con el mazo dando, como en el refrán. Vamos, que si se está hundiendo el barco, rezar, puedes rezar, pero sigue remando.
Todo este desvarío para decir que hoy es el Día del Traductor y aunque no me considere un "héroe" como dijo una vez Paul Auster para hablar de los traductores literarios (los traductores técnicos tenemos que ser más modestos debido a nuestra notoria falta de glamour), en la sombra de la expresión austeriana sí que estamos, sí.
Somos unos currantes invisibles (encima, salimos poco de casa, así que casi ni existimos para la familia y los amigos y no solemos estar morenos), lo cual perjudica mucho el reconocimiento de nuestra labor, como es lógico (la invisibilidad, no el mal color, me refiero).

domingo, 15 de febrero de 2009

Auster à la Murakami

Se suele comparar la obra de Haruki Murakami con la de Paul Auster. Yo nunca he visto un parecido tan claro (la metaficción y la metafísica y cualquier otra "meta" no son exclusiva de Auster); pero las etiquetas son muy útiles en el mundo editorial y en los lejanos tiempos en los que Murakami era un desconocido en Europa, llamarle "el Paul Auster japonés" resultaba muy práctico para vender sus libros. Curiosamente, la última novela de Auster, Man in the Dark (2008) me ha recordado enormemente a The Wind-up Bird Chronicle de Murakami; aunque a años luz, porque una representa una fase de declive del escritor americano y la otra, la obra cumbre del japonés. Pero el hombre en el pozo, la guerra, las historias entrelazadas, el narrador que todo nos lo explica... Me ha dado la sensación de estar ante un ejercicio de estilo realizado por Auster como un juego, como una broma literaria.
Las dos historias que forman esta novela (protagonizada, de nuevo, por alguien que escribe, aunque esta vez sea un crítico literario), tienen varios puntos en común que solo apreciamos al avanzar en la lectura (al conocer mejor al protagonista, podemos ver cómo refleja sus obsesiones en la historia que se cuenta a sí mismo para luchar contra el insomnio). Sin embargo, la "ficticia" (la que inventa el protagonista) queda sin resolver (o se resolvió sin que yo me diera cuenta). La "auténtica" no es que tenga un final muy definitivo tampoco. Porque no son lo importante. De lo que se trata aquí, y nos lo dice desde la primera frase, es de la "gran desolación americana", el estado de ánimo de un país entero pre-Obama. En esta noche oscura del alma austeriana, el gran fallo es que se ven todos los hilos de las marionetas desde la cuarta o la quinta frase. Y eso sería un fracaso para un escritor de menor renombre. Siendo Auster, es poco menos que imperdonable.
No sé si escribe más rápido (él mismo ha comentado que escribió la novela en unos cuatro meses y que nunca había escrito a tal velocidad) o con menos ganas, pero Auster no logra alcanzar el nivel de sus novelas más famosas. Leí en una entrevista que le parecía imposible volver a escribir igual después del 11-S. Claramente, este es el resultado (otras novelas anteriores no se vieron tan afectadas), y es una auténtica lástima. Desde luego, la desolación que el escritor pretende transmitir con personajes que mueren en guerras reales o inventadas está ahí, y Auster no sabe escribir mal. Pero está muy lejos de la sofisticación y fuerza de antaño, de la magia que impregnaba sus narraciones. Le ha faltado construir una ficción que estuviera a la altura de sí mismo.

Un hombre en la oscuridad está publicada en Anagrama.
Puede leerse el comienzo de la novela (en castellano) aquí.