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viernes, 8 de octubre de 2010

Dos de tres

Por lo visto, Obama sí que ha pedido la liberación del nuevo Premio Nobel de la Paz. Ahí me equivoqué.

Con Francia y Alemania, acerté.

España: no sabe, contesta.

Los nórdicos le tosen a China

Me es igual que esos benditos países estén llenos de asesinos como aseguran los escritores de novela policíaca nórdica; para todo lo que no sea tomar el sol, hay que mirar al norte. No van y le dan el Nobel de la Paz a Liu Xiaobo (igual les perdono lo de Obama, me han demostrado que no son tan lacayos como me temía).

Y tras el anuncio, todos a retratarse. A ver qué países piden la liberación del flamante Nobel de la Paz y a ver quiénes se ponen a silbar como si no fuera con ellos la cosa. Seguro que España no se mete en berenjenales, que con China nos jugamos mucho y no está el horno para hacerse el gallito. Supongo que Francia y Alemania deben haber pedido ya la liberación de Liu Xiaobo, y que los EE.UU. no harán gala de solidaridad entre premiados y se van a callar, fijo.

A pesar de que China lleva meses amenazando al comité del Premio Nobel de la Paz con todo tipo de represalias comerciales, esta buena gente (nunca mejor dicho) han hecho caso omiso y se la han jugado, como les habían pedido el Dalai Lama y Václav Havel.

Y encima es que el anuncio llega después del Nobel de Literatura a Vargas Llosa, que ahí tuvimos que ver a nuestro presidente y demás autoridades más ufanos que si se lo hubieran dado a ellos. Todos a rajar, que parecía que habíamos vuelto a ganar el dichoso Mundial. Tanta declaración para seguirla de tanto silencio... qué poco discreto va a quedar esto.

Suerte que se trataba de un gobierno progresista. Qué mal vamos, señor.

martes, 9 de junio de 2009

Dudas sobre "La cuarentena"

Tusquets publicaba el año pasado, coincidiendo con el premio Nobel de Jean-Marie Gustave Le Clézio, la traducción al español de La Quarantaine (1995). Le Clézio es un autor poco leído/conocido en España (al menos antes del Nobel). Como soy tan anglófona (todo el mundo tiene sus limitaciones), únicamente sabía que era un autor consagrado en Francia (no en vano empezó su carrera hace más de cuarenta años ganando el prestigioso premio Renaudot con su primera novela, Le procès-verbal, y desde entonces ha publicado más de treinta libros); pero no había leído nada de él. Así que decidí ponerle remedio con una traducción al español, porque era de esperar que la abundancia de vocabulario del escritor desbordase mi francés. La verdad es que me he quedado con una sensación un tanto ambivalente; entre la fascinación por el universo que crea el escritor (el infierno en el paraíso) y una escritura que chirría un tanto debido a elecciones poco afortunadas de tiempos verbales, que no sé si achacar a la traducción (en cualquier caso, que la palabra "brebaje" venga del francés "breuvage" no es motivo para escribirla con "v" en castellano). Las traducciones de Tusquets suelen parecerme mejores que las de Anagrama, más cuidadas; pero en este caso no sé qué pensar. El lenguaje (o su traducción) ha sido un inconveniente a la hora de sumergirme en ese microcosmos tan poblado de pájaros (como los rabijuncos que vimos en Madagascar, pero también garzas bueyeras, etc.) y plantas, en el que los hombres reproducen la sociedad clasista y racista de la que proceden a pesar de ser todos víctimas de la misma situación. Aparte de los problemillas estilísticos, la inclusión del poeta Rimbaud en la trama me parece un tanto forzada.
Esta novela forma junto con
Le chercheur d´or (1985) y Voyage à Rodrigues (1986) una especie de trilogía basada en los recuerdos familiares de Le Clézio, cuya familia materna (originaria de Bretaña) emigró a la isla Mauricio a fines del siglo XVIII. En La cuarentena se combina el improbable diario de Léon, el antepasado misterioso y desaparecido, con la historia de Ananda (una niña inglesa que pierde a sus padres durante la rebelión de la India contra los ingleses en 1857 y que encuentra una nueva madre en una mujer india con la que inicia un largo viaje) y el diario del descendiente de Léon que ha recibido el mismo nombre y busca sus huellas en Mauricio. En todas estas historias, la memoria, los orígenes, son lo que impregnan todo, lo que hacen que cada uno sea cómo es, y se les da más importancia que al futuro. La parte final es seguramente la más floja, aunque la mujer de la que se enamora Léon es más un cliché que un personaje y no resulta excesivamente convincente (están mejor conseguidas su madre y su abuela).
En fin, que me haría falta tener la capacidad de leer en francés con criterio para poder valorar mejor a este autor. O leer otras obras suyas, claro.
O mejor, ambas cosas.