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domingo, 8 de agosto de 2010

À la Batman

No estoy segura de haber visto Insomnia (2002); con mi memoria habitual (o más bien la falta de la misma), me suena muchísimo, pero no la recuerdo. En cambio, sé que Memento (2000) sí me gustó mucho. Repasando la filmografía de Christopher Nolan, estoy casi segura de que me salté su primer Batman (el segundo lo vi volviendo de Hong Kong, en el avión, porque sabía que salía esa ciudad) y recuerdo que vi The Prestige (2006) y me pareció que estaba muy bien hecha; pero no me ha dejado huella alguna (encima, por esa época había dos películas de magos).
Todo esto viene a cuento porque cuando me propusieron ir a ver Inception (2010), fue el recuerdo de Memento lo que más me animó (eso y la insistencia de alguien recordándome que me habían gustado las tres entregas de Matrix, que no es por nada, pero las protagonizaba Keanu Reeves). Fui sabiendo que Leonardo di Caprio me mata, lo cual tiene mérito. Y una vez vista la película, lo primero que tengo que decir es que no me creo nada que tenga a Leo por protagonista. Para la próxima vez, sugiero a Nolan (que suele hacerme un caso que no veas) que repita con Christian Bale (que le ha dado muy buen resultado en tres películas y en esta hubiera dado el pego) o con Guy Pearce, el protagonista de Memento, que yo creo que también lo hubiera hecho bien. Y ya que estamos, podemos seguir con otros actores del elenco. Desde que vi a Cillian Murphy en Breakfast on Pluto (2005) que no puedo imaginármelo en otro papel y le veo cara de niña en todos los que intenta. Lo de Michael Caine es más un cameo (a Nolan le gusta, por lo visto, que aparezca en sus pelis) que otra cosa; porque tiene un papel un tanto intrascendente. Y la que no aporta nada aparte de un bello rostro y una bonita figura es Marion Cotillard. Puede ser culpa de su papel; pero le da un toque empalagoso e innecesario a la historia. Como no me creo a di Caprio, pues menos me creo que este pedazo de mujer esté loca por él; la verdad. El resto de intérpretes, muy correctos en sus papeles; sin quejas.
Por lo demás, mi impresion es que a Nolan le dieron demasiado dinero para hacer esta película. O que se le ha pegado el "toque Batman" y cualquiera se lo quita. Puede también que tenga un poco de "síndrome Bourne", como apuntaba mi acompañante, con tanto ir de un país (o continente) para otro con tamaña soltura. Para mi gusto, la película está bien hecha, tiene ritmo (lo cual no deja de tener mérito teniendo en cuenta lo larga que es); pero le sobran buena parte de los efectos especiales. La idea principal está claro que es buena y no está mal desarrollada. Incluso los "toques videojuego" (las escenas en la nieve) tienen su aquél para los que no somos aficionados. Y que se vuelva a la escena del principio con Watanabe y di Caprio es un toque elegante. El final, inevitable, no había otra manera de salirse del jardín en el que se habían metido. La música es del último Batman total, en plan tétrico. En resumen, mucha grandilocuencia innecesaria. La idea era buena y no requería ponerse tan ostentosos. Pero una vez puestos, pues resulta muy entretenida. Ahora bien, creo yo que poso me va a dejar cero. Pero tampoco debe ser necesario que todas las películas que veamos nos impacten ¿no? Es más, es imposible.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Ciencia-ficción creíble

Premiada como mejor película (y mejor actor, merecidamente, para Sam Rockwell), en el último Festival de Sitges se quedaron cortos; a Moon deberían haberle dado también el premio a la mejor banda sonora, de Clint Mansell. Pero, vamos, no sé si tienen ese premio y ni siquiera vi las demás películas; así que como para opinar. Tanto entusiasmo por una película de ciencia-ficción no es habitual en mí; pero al César lo que es del César.
Nada más empezar la peli ya vemos que esto (gracias a dios) no es Star Trek y la gente tiene orejas normales. De hecho, la gran sorpresa es lo creíble que resulta todo: la crisis energética, las instalaciones lunares, la vida del astronauta-minero... No hay nada como tener poco presupuesto. Se nota que al director, Duncan Jones, le gustan las pelis de ciencia-ficción de los años 70; Moon no parece una película del siglo XXI. Es más, seguramente si la hubiera rodado hace 30 años ahora sería un clásico del género.
Sin efectos especiales ni invasiones disparatadas, con un ordenador que habla con la voz de Kevin Spacey (que es buen actor hasta en semejante papel) y que es un pelín demasiado sentimental para haberlo programado una empresa que cotiza en bolsa, Moon seduce en su conjunto a pesar de las pegas que puedan ponérsele.

Tráiler bastante inocuo aquí.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Ahora me acuerdo...

de por qué no me gustaba ver pelis asiáticas. Tiempos de amor, juventud y libertad (Three Times, 2005) de Hou Hsiao-Hsien parece rodada para demostrar que mis antiguos temores no eran tan infundados como pudiera pensarse.
Shu Qi y Chang Chen (muy guapos ellos, eso sí) protagonizan las tres historias supuestamente de amor (sin consumar, de pago y turbulento) que transcurren en tres lugares y momentos históricos diferentes. Las tres están narradas con gran belleza visual y (¡ay!) esos silencios que me han mantenido muchos años bien lejos del cine asiático. Lo del ritmo lento, lo de la historia de cine mudo tienen un pase; pero los silencios me matan.
En fin. La crítica más fan la tilda de "hipnótica"; lo cual explicaría por qué casi me quedé dormida.

Tráiler aquí.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Retorno a medio gas

El monológo inicial de Larry David en Whatever Works es tranquilizador; hemos vuelto a Nueva York, se acabaron los dichosos experimentos. Pero también deja claro que David va a hacer de Woody Allen, y que ni él ni ningún otro actor va a conseguir ser tan cómico como el propio Allen; por más que él les escriba las frases (sobre todo porque ya no tiene la garra de antaño con los diálogos).
David tiene poco pelo (aunque es bastante corpulento) y da el pego como judío hipocondríaco, paranoico y faltoso. Pero no es Woody Allen, y eso es un lastre para una película que tiene otro problema importante: todas las películas que ha escrito Allen antes de esta (voy a olvidarme de Vicky... por pura caridad y como agradecimiento a los muchos buenos ratos pasados con las pelis de sus mejores años). Por lo demás, los actores son lo suficientemente buenos para paliar los efectos de una trama excesivamente disparatada.
No es mi Woody Allen preferido, pero al menos es Woody Allen, y como pensé que nunca más volvería a verle, pues casi estoy agradecida de que haya vuelto por sus fueros aunque solo sea a medio gas y con poco fundamento. Con tal de que no vuelva a insultar a su filmografía, aceptaremos "pulpo" por "inspiración".

Tráiler "destripador" para quien la haya visto o no piense ir a verla aquí.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Pretenciosa

Ayer fui a ver Map of the Sounds of Tokio / Mapa de los sonidos de Tokio. Creo que el Anticristo no hubiera resultado peor elección (el de Lars von Trier, aunque quizás tampoco el otro). La última película de Isabel Coixet está a años luz de lo mejor de su filmografía (La vida secreta de las palabras, Mi vida sin mí y Cosas que nunca te dije). Si cuando fui a ver Elegy dije que una de las cualidades del cine de Coixet era, en mi opinión, su capacidad para conmover en la medida justa; en esta ocasión no ha encontrado la medida, ni el punto ni nada. De sus mejores películas me gustó la sutil poesía que destilaban; pero en esta se le ve el plumero, las ganas de ser poético (solo me lo pareció el título y encima luego no encajaba para nada con la película, que no transmite los sonidos que pretende). Para entendernos: esta película es como la Isabel Coixet que se entrevistó a sí misma en lugar de charlar con su admirado Haruki Murakami (que era a quien había ido a escuchar la mayoría del público, por no decir todo el mundo), no como la directora de La vida secreta de las palabras.
También es cierto que Sergi López no es Tim Robbins, eso está claro. Le daba yo vueltas al salir del cine a la posibilidad de salvar a su personaje poniendo a un actor tipo Viggo Mortensen; pero la verdad es que la historia es tan absurda, que no hay manera de apañar el entuerto. Rinko Kikuchi tiene que ser buena actriz por narices, porque sale airosa de los papelitos que le tocan; incluso cuando su personaje no existe, como es el caso. Otra cosa es el supuesto magnetismo (según la directora) entre los protagonistas. Yo no lo vi por ninguna parte; es más, no me creo su historia para nada. Y otro personaje que se las trae es el del narrador omnisciente, que a quién se le ocurre. Encima se desperdicia al famoso bailarín de butoh, Min Tanaka, para que lo encarne, con unos monólogos que no tienen ni pies ni cabeza. Vamos, que el tráiler de la peli no auguraba nada bueno y, al final, de los tráiles hay que fiarse más que de tu propio padre.
Pues eso, una decepción; al principio no le ves el qué, pero es que luego empeora considerablemente, con esas escenas de sexo tan cutres, y el final es de vergüenza ajena. Ni siquiera se captura la esencia de Tokio (en ese sentido, y en otros, se queda a años luz de Lost in Translation) ni aprovecha su fuerza (las imágenes son bastante sosas, para lo que es la ciudad). Un ejemplo muy claro es el mercado de pescado, de lo más fotogénico y potente visualmente que se puede ver por estos mundos de dios. Pues en la película no destaca especialmente. Tokio se queda en excusa, en afanes de modernidad, en un escenario incongruente para una historia pobre y poco interesante.

El tráiler, así como "making-offs", diario del rodaje, etc. para muy fans, en www.mapofthesoundsoftokyo.com

sábado, 29 de agosto de 2009

Un tanto sosa

Con el tráiler de Public Enemies (2009), se corre el riesgo de llevarse la impresión equivocada; porque es justamente lo que debería haber sido la película pero Michael Mann no supo desarrollar. Y eso que lo tenía todo el hombre: actores muy conocidos como protagonistas y secundarios sólidos, supuesta pericia técnica, una historia atractiva y de actualidad, el gusto del público por los atracos de bancos y los coches, sombreros y abrigos del Chicago de los años treinta... hasta la música estaba bien elegida y auguraba acción de la buena. Todo eso lo desperdicia Mann para acabar rodando una película un tanto sosa e intrascendente que desaprovecha el carisma de Johnny Depp; lo cual tiene delito si se quería retratar a una especie de Robin Hood muy popular en su momento (y siendo esa además la mejor baza de Depp como actor).
Los bandazos de un Depp claramente mal dirigido son espectaculares y su poco sólida interpretación del legendario atracador de bancos durante la Depresión norteamericana John Dillinger (es que no le encuentra el punto en ningún momento) incluye hasta fluctuaciones en el acento (se supone que el chiquillo nació en Indiana), pasando por momentos en los que se suelta la melena y deleita al público con su encanto (básicamente cuando está con Marion Cotillard) aprovechando frases del diálogo con las que claramente se siente más a gusto; pero que chirrían un tanto dentro del conjunto. En la primera parte de la película vemos a un hombre que quizá deba resultar frío e implacable y en cambio es inexpresivo (que no es lo mismo). Ahora, que al que no se le mueve un músculo facial a la hora de intepretar al agente del FBI Melvin Purvis es a Christian Bale. Ignoro si pueda ser una secuela de llevar antifaz; pero Bale hace básicamente de armario.
La desgana de Mann como co-guionista le lleva a no incidir en los aspectos más atractivos de su protagonista, como pueda ser la leyenda de que nunca se llevaba dinero ni pertenencias de las personas que estaban en el banco cuando lo atracaba. Tampoco ofrece el contexto necesario para la historia; ya que no se muestra la grave situación económica que atravesaba el país. A pesar de basar el guión en un libro de no ficción bien documentado sobre la época, se toma múltiples licencias históricas. La más disparatada, cuando Dillinger se da un paseíto por la brigada que lleva su nombre y que está consagrada a detenerle. Por lo visto, el hombre llegó a entrar en una comisaría (para ver si sería posible liberar a su novia, Billie); pero que les pregunte por el resultado del partido a los propios policías encargados de arrestarle... ahí se les va la mano. Hasta el malo de la película es una mera caricatura de un malo, malísimo, de verdad: J. Edgar Hoover, primer director del FBI (solo la muerte pudo arrancarle de su sillón) y responsable de la implantación de métodos más bien sucios y del "todo vale".
Y por último, varias curiosidades. Uno: la película podía haber sido peor, porque iba a protagonizarla Leonardo di Caprio. Dos: uno de los coches, un Studebaker, es un préstamo de un museo, porque lo utilizó Dillinger en la vida real. Tres: sales del cine pensando que los bancos se han hecho un huequecito tal en nuestros corazones durante estos últimos años que sería francamente fácil que volviera a surgir un atracador de bancos que gozara de las simpatías de los ciudadanos.

lunes, 24 de agosto de 2009

Belleza simple, pero belleza al fin

Ayer estuve viendo El camino a casa / The Road Home (1999), de Zhang Yimou. Es una historia muy sencilla, aunque llena de gestos y detalles: la historia de amor de los padres de un hombre que regresa a su pueblo para enterrar a su progenitor. De hecho, tan simple es la historia que narra esta película que en mandarín se titula "Mi padre y mi madre" (más claro, el agua). El guión es del escritor Bao Shi, quien adaptó su propia novela.
Gran parte del encanto de la película reside en la belleza y candor de una joven actriz (creo que esta es su primera película), Zhang Ziyi. Aunque es sobre todo la fuerza de las imágenes, el estilo visual con el que está rodada, lo que cautiva al espectador. Y, por lo visto, a la crítica, ya que ganó dos premios en la Berlinale 2000 y el premio del público en el festival de Sundance de 2001. Curiosamente, el presente (con la madre anciana y el hijo cumpliendo los deseos de sus padres) discurre en blanco y negro, y los recuerdos, en color (de hecho, a todo color). Y no solo eso, sino que el amor no llega en primavera, sino en un otoño esplendoroso. Las dificultades (la ausencia del amado) llegan, eso sí, en invierno, con toda su dureza.
Un aspecto interesante de la película es la velada referencia a la situación política del momento en el que se enamoran los jóvenes. 1958 fue el año de la purga de "derechistas" (concepto no siempre claro, se podía ser derechista por pedir libertad de expresión o por criticar al gobierno, por ejemplo) instigada por Mao Zedong. Es un tema tabú en China aún hoy en día (por qué será) y la censura no permite alusiones; por ello en la película se pasa de puntillas por los problemas políticos del joven maestro.

Se puede ver el tráiler de la película aquí.

jueves, 16 de julio de 2009

Okuribito: Aprendiendo a vivir

La última película de Yokiro Takita, uno de los directores más famosos en Japón (sobre todo por sus comedias), se hizo con el Óscar a la mejor película de habla no inglesa de la última edición, entre otros muchos premios (más) importantes (acabaremos antes diciendo los que no ha ganado). De hecho, arrasó en los últimos premios de la Academia de Cine de Japón, donde arrambló nada más y nada menos que con diez galardones. Okuribito (por lo visto el título se refiere a la persona que envía a los muertos al "okuru", el otro mundo) se ha estrenado en España con el título de "Despedidas" (traducción a su vez del título en inglés, "Departures"). Es una película que me apetecía mucho ver y no he ido antes por falta de tiempo, que ahora que por combinación de la crisis económica y el cambio climático ya no se hiela uno en el cine, hay que aprovechar (sobre todo si llevas todo el día trabajando y estás un poco hasta la boina de las fuentes de alimentación y los relés).
Esta es una película que atrapa al espectador desde el primer minuto, rezumando belleza de múltiples formas; con la música, las imágenes de las cuatro estaciones en el noreste de Japón, la suavidad de los movimientos de Daigo tanto al chelo (el actor Masahiro Motoki aprendió a tocar este instrumento para su papel en la película) como llevando a cabo su trabajo de "nokanshi" (amortajador). Las interpretaciones de todos los actores y actrices son muy eficaces. Merece mención especial (por ser el protagonista) la de Motoki, por su combinación de momentos de gran comicidad con otros de mayor dramatismo y, muy especialmente, su escenificación de los rituales mortuorios, de gran elegancia y preciosismo (de hecho, se resalta tanto el mimo de los protagonistas en estas ceremonias que queda en un segundo plano el tabú que resulta socialmente en Japón ser una persona que manipula cadáveres, aunque en un par de momentos de la película se alude al desprestigio del trabajo que ha elegido Daigo). Le acompaña un estupendo veterano, Tsutomu Yamazaki, en el papel del Sr. Sasaki (no tiene desperdicio) con quien el joven Daigo aprende a vivir, curiosamente.
En fin, que estamos ante una película emotiva y conmovedora, que hace tanto reír como llorar; y que si tiene un pero, quizá sea el final, más "facilón" que el resto de la película.

Tráiler de la película con subtítulos en español aquí.

jueves, 4 de junio de 2009

A vueltas con la poesía

No se puede negar que a menudo las películas asiáticas resultan muy poéticas, aunque también considerablemente truculentas. Samaritan Girl (2004, Oso de Plata del Festival de Berlín), del coreano Kim Ki-duk, niño mimado de los festivales de cine europeos, no es una excepción. Estructurada en tres historias, a pesar de los peros que soy capaz de ponerle y de que me gustó más Hierro 3, Samaritan Girl también me convence, con sus dosis de poesía visual, con ese dolor que lo impregna todo y el tono clásico que aporta la naturaleza como contrapunto de serenidad a una ciudad llena de peligros.
De la primera historia destaca la pureza y candor de la joven prostituta, para quien vender su cuerpo es casi un servicio a la humanidad. La segunda es una historia de expiación, totalmente incomprensible para mi mentalidad (no es que me fuera fácil entender la primera tampoco); seguro que la criatura hubiera encontrado mejores causas a las que unirse. Todo ello culmina con un desmedido descenso a los infiernos del padre de la protagonista, un policía viudo con más demonios ocultos de los que parecía (tan cariñoso él, haciendo desayunos), al descubrir a qué dedica su hija el tiempo libre.
Lo curioso es que soy incapaz de identificarme con los personajes y, si se toma aisladamente cada elemento de la ficción (tópicos como las insinuaciones lésbicas y las jóvenes colegialas con sus uniformes, los hombres que dicen que rezarán cada día de su vida por esa joven prostituta que tan felices les ha hecho), no conecto. El mérito del cineasta es el equilibrio que logra, el vínculo que crea con el espectador (a pesar de todo); la capacidad de encontrar amor y generosidad en historias sórdidas. Menos declaradamente poética que Hierro 3, más sutil por ello, Samaritan Girl no deja indiferente (es lo que tienen estas pelis asiáticas, o las odias, o te encantan).

Tráiler aquí.

viernes, 29 de mayo de 2009

Historias de familias (japonesas): el "gendai-geki"

Las hermanas Munekata (1950) son otro interesante ejemplo del cine de postguerra japonés; con la clásica dualidad tradición-modernidad con papel protagonista (una de las hermanas va vestida a la norteamericana, la otra, con kimono) y una gran relevancia de los personajes femeninos. Reconocí rápidamente a la famosa actriz Hideko Takamine (aquí hace de hermana menor), sobre todo por la voz. Por lo visto, empezó su larga carrera (de medio siglo) como una especie de niña prodigio a lo Shirley Temple, pero en japonés, claro. Después de esta película rodó 24 ojos. Pero el resto del reparto es igualmente famoso (solo que hay que haber visto más "pelis" para darse cuenta).
La obra de Yasujiro Ozu (el director de Cuento de Tokio, que la tengo pendiente) se enmarca en su género favorito, el "gendai-geki" (historias de familias) y podría verse como una película norteamericana de la misma época; con Hideko Takamine haciendo sus pucheros, muecas y monerías a lo Katharine Hepburn, y los personajes masculinos de meros comparsas. Pero estos japoneses no sienten la necesidad de caer en la tentación del final feliz (es más, como que les da grima y todo); así que la hermana mayor no acaba casándose con su amor de juventud y deja que el hombre siga esperando (con un estoicismo admirable, supongo que muy nipón, porque era para cantarle las cuarenta a la señora en cuestión).
Y eso, que el año que viene voy a tener que cogerme las vacaciones coincidiendo con el festival de cine asiático de Barcelona.

lunes, 25 de mayo de 2009

Crueldad japonesa (en todos los sentidos)

Volvemos al cine japonés con Seishun zankoku monogatari (Historias crueles de juventud) de 1960, el segundo largometraje de Nagisa Oshima, quien dirigiría 16 años más tarde nada menos que El imperio de los sentidos. La película que nos ocupa (y la otra, ni te cuento) fue un gran éxito tanto de crítica como de taquilla.
A mí el final tan truculento me dejó un poco de mal sabor de boca; pero me pareció interesante la sutileza con la que transmite el desencanto de varias generaciones de japoneses (los que salen peor parados son la hermana de Makoto y su amante, representantes, como el propio Oshima, de la generación de universitarios que no supo oponerse con suficiente fuerza a los tratados militares entre su país y los EE.UU., que no supo vivir de una forma realmente revolucionaria, y que han acabado siendo figuras patéticas sin autoridad moral) y el pesimismo con el que retrata el Japón de los años cincuenta.
Por lo demás, masoquismo y sumisión, una juventud sin ideales ni preocupaciones morales... Y una película que no es fácil de ver, en la que es imposible identificarse con un personaje, sin concesiones.

jueves, 21 de febrero de 2008

"Sweeney Todd": sin sorpresas, pero muy sorprendente

La última película de Tim Burton me seja con una duda: ¿cómo es que este hombre no había hecho esta peli hace años? San Google responde: ya había intentado comprar los derechos diez años atrás. No me extraña; la historia parece perfecta para el tipo que filmó Sleepy Hollow y que encima tiene en casa a Helena Bonham-Carter, tan dada al tema gótico como él, y que aporta una nueva dimensión a la Sra. Lovett. Total, que va Burton y rueda una adaptación del musical como se podía esperar de él: con su estética y su eficacia. Como resultado, desde los mismísimos créditos de la peli uno tiene la sensación de que ya la ha visto, y sabe perfectamente lo que está a punto de encontrarse. Casi.
La historia no es muy sofisticada, desde luego, y el espectador conoce buena parte del argumento por adelantado. La sucesión de muertes por aspersión en la silla del barbero resulta un tanto mecánica (quizás era lo que se pretendía). Los malos son muy malos, los jóvenes muy ingenuos... Pero hay que reconocer que la película no se hace pesada en ningún momento, ni siquiera a los espectadores menos amantes de los musicales. Las canciones son el diálogo, no son superfluas (un gran acierto), los actores no permanecen estáticos mientras cantan y los escenarios tienen un gran atractivo visual. Pero la gran baza de Burton es sin duda alguna su actor principal, un hipnótico y torturado Johnny Depp que interpreta magistralmente al barbero londinense (con su acento y todo) y que seduce desde el primer instante con su voz y su forma de cantar.
Depp se adueña de la película salvándola así de ser algo ya visto y convirtiéndola en toda una sorpresa. Por el camino se deja algunas "víctimas" a las que hace sombra sin piedad. La primera, la propia Bonham-Carter, que se nota que aprovechó las clases de canto que tomó durante meses y que está estupenda en su papel; seguida de los demás actores (magnífico, como siempre, Alan Rickman, quien se marca un dúo memorable, "Pretty Women", con Depp). Al final, sólo Depp permanecerá en la memoria (él y su voz).

P.D.I. La verdad es que me empiezo a plantear si no será que me gustan los musicales (toda la vida pensando que no...). Los de mi generación (producto del "baby boom") somos, por lo general, poco dados a este género. Quizá se deba a una infancia marcada por los niños cantores de la España profunda que se estilaban en aquella época sin diversidad de canales de televisión, o por las pelis de Doris Day (que ahora no estoy muy segura de si cantaba o no, pero a mí me resultaba muy traumática). Pero creo que no, que no me gustan (he visto musicales en Londres y me ha parecido que estaban muy bien hechos, pero tanto cántico sin motivo aparente...). Lo que me gustan son las películas en las que las canciones no sobran, no son un mero acompañamiento, sino parte de la esencia de la historia . Y esta de Burton sería un ejemplo. Pero, sobre todo, me encantó la adaptación que hizo Kenneth Branagh de
Love's Labour's Lost (y me han gustado todas las que ha hecho de Shakespeare), con unos números sensacionales y sorprendentes que no traicionaban en absoluto (sino más bien todo lo contrario) el espíritu original de la obra.

P.D.II. Retiro el vídeo más de un año después de publicado; porque ya no está disponible por problemas de derechos de autor. Qué lástima, la verdad; es algo que no puedo entender.