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sábado, 29 de agosto de 2009

Un tanto sosa

Con el tráiler de Public Enemies (2009), se corre el riesgo de llevarse la impresión equivocada; porque es justamente lo que debería haber sido la película pero Michael Mann no supo desarrollar. Y eso que lo tenía todo el hombre: actores muy conocidos como protagonistas y secundarios sólidos, supuesta pericia técnica, una historia atractiva y de actualidad, el gusto del público por los atracos de bancos y los coches, sombreros y abrigos del Chicago de los años treinta... hasta la música estaba bien elegida y auguraba acción de la buena. Todo eso lo desperdicia Mann para acabar rodando una película un tanto sosa e intrascendente que desaprovecha el carisma de Johnny Depp; lo cual tiene delito si se quería retratar a una especie de Robin Hood muy popular en su momento (y siendo esa además la mejor baza de Depp como actor).
Los bandazos de un Depp claramente mal dirigido son espectaculares y su poco sólida interpretación del legendario atracador de bancos durante la Depresión norteamericana John Dillinger (es que no le encuentra el punto en ningún momento) incluye hasta fluctuaciones en el acento (se supone que el chiquillo nació en Indiana), pasando por momentos en los que se suelta la melena y deleita al público con su encanto (básicamente cuando está con Marion Cotillard) aprovechando frases del diálogo con las que claramente se siente más a gusto; pero que chirrían un tanto dentro del conjunto. En la primera parte de la película vemos a un hombre que quizá deba resultar frío e implacable y en cambio es inexpresivo (que no es lo mismo). Ahora, que al que no se le mueve un músculo facial a la hora de intepretar al agente del FBI Melvin Purvis es a Christian Bale. Ignoro si pueda ser una secuela de llevar antifaz; pero Bale hace básicamente de armario.
La desgana de Mann como co-guionista le lleva a no incidir en los aspectos más atractivos de su protagonista, como pueda ser la leyenda de que nunca se llevaba dinero ni pertenencias de las personas que estaban en el banco cuando lo atracaba. Tampoco ofrece el contexto necesario para la historia; ya que no se muestra la grave situación económica que atravesaba el país. A pesar de basar el guión en un libro de no ficción bien documentado sobre la época, se toma múltiples licencias históricas. La más disparatada, cuando Dillinger se da un paseíto por la brigada que lleva su nombre y que está consagrada a detenerle. Por lo visto, el hombre llegó a entrar en una comisaría (para ver si sería posible liberar a su novia, Billie); pero que les pregunte por el resultado del partido a los propios policías encargados de arrestarle... ahí se les va la mano. Hasta el malo de la película es una mera caricatura de un malo, malísimo, de verdad: J. Edgar Hoover, primer director del FBI (solo la muerte pudo arrancarle de su sillón) y responsable de la implantación de métodos más bien sucios y del "todo vale".
Y por último, varias curiosidades. Uno: la película podía haber sido peor, porque iba a protagonizarla Leonardo di Caprio. Dos: uno de los coches, un Studebaker, es un préstamo de un museo, porque lo utilizó Dillinger en la vida real. Tres: sales del cine pensando que los bancos se han hecho un huequecito tal en nuestros corazones durante estos últimos años que sería francamente fácil que volviera a surgir un atracador de bancos que gozara de las simpatías de los ciudadanos.

jueves, 21 de febrero de 2008

"Sweeney Todd": sin sorpresas, pero muy sorprendente

La última película de Tim Burton me seja con una duda: ¿cómo es que este hombre no había hecho esta peli hace años? San Google responde: ya había intentado comprar los derechos diez años atrás. No me extraña; la historia parece perfecta para el tipo que filmó Sleepy Hollow y que encima tiene en casa a Helena Bonham-Carter, tan dada al tema gótico como él, y que aporta una nueva dimensión a la Sra. Lovett. Total, que va Burton y rueda una adaptación del musical como se podía esperar de él: con su estética y su eficacia. Como resultado, desde los mismísimos créditos de la peli uno tiene la sensación de que ya la ha visto, y sabe perfectamente lo que está a punto de encontrarse. Casi.
La historia no es muy sofisticada, desde luego, y el espectador conoce buena parte del argumento por adelantado. La sucesión de muertes por aspersión en la silla del barbero resulta un tanto mecánica (quizás era lo que se pretendía). Los malos son muy malos, los jóvenes muy ingenuos... Pero hay que reconocer que la película no se hace pesada en ningún momento, ni siquiera a los espectadores menos amantes de los musicales. Las canciones son el diálogo, no son superfluas (un gran acierto), los actores no permanecen estáticos mientras cantan y los escenarios tienen un gran atractivo visual. Pero la gran baza de Burton es sin duda alguna su actor principal, un hipnótico y torturado Johnny Depp que interpreta magistralmente al barbero londinense (con su acento y todo) y que seduce desde el primer instante con su voz y su forma de cantar.
Depp se adueña de la película salvándola así de ser algo ya visto y convirtiéndola en toda una sorpresa. Por el camino se deja algunas "víctimas" a las que hace sombra sin piedad. La primera, la propia Bonham-Carter, que se nota que aprovechó las clases de canto que tomó durante meses y que está estupenda en su papel; seguida de los demás actores (magnífico, como siempre, Alan Rickman, quien se marca un dúo memorable, "Pretty Women", con Depp). Al final, sólo Depp permanecerá en la memoria (él y su voz).

P.D.I. La verdad es que me empiezo a plantear si no será que me gustan los musicales (toda la vida pensando que no...). Los de mi generación (producto del "baby boom") somos, por lo general, poco dados a este género. Quizá se deba a una infancia marcada por los niños cantores de la España profunda que se estilaban en aquella época sin diversidad de canales de televisión, o por las pelis de Doris Day (que ahora no estoy muy segura de si cantaba o no, pero a mí me resultaba muy traumática). Pero creo que no, que no me gustan (he visto musicales en Londres y me ha parecido que estaban muy bien hechos, pero tanto cántico sin motivo aparente...). Lo que me gustan son las películas en las que las canciones no sobran, no son un mero acompañamiento, sino parte de la esencia de la historia . Y esta de Burton sería un ejemplo. Pero, sobre todo, me encantó la adaptación que hizo Kenneth Branagh de
Love's Labour's Lost (y me han gustado todas las que ha hecho de Shakespeare), con unos números sensacionales y sorprendentes que no traicionaban en absoluto (sino más bien todo lo contrario) el espíritu original de la obra.

P.D.II. Retiro el vídeo más de un año después de publicado; porque ya no está disponible por problemas de derechos de autor. Qué lástima, la verdad; es algo que no puedo entender.