También es cierto que Sergi López no es Tim Robbins, eso está claro. Le daba yo vueltas al salir del cine a la posibilidad de salvar a su personaje poniendo a un actor tipo Viggo Mortensen; pero la verdad es que la historia es tan absurda, que no hay manera de apañar el entuerto. Rinko Kikuchi tiene que ser buena actriz por narices, porque sale airosa de los papelitos que le tocan; incluso cuando su personaje no existe, como es el caso. Otra cosa es el supuesto magnetismo (según la directora) entre los protagonistas. Yo no lo vi por ninguna parte; es más, no me creo su historia para nada. Y otro personaje que se las trae es el del narrador omnisciente, que a quién se le ocurre. Encima se desperdicia al famoso bailarín de butoh, Min Tanaka, para que lo encarne, con unos monólogos que no tienen ni pies ni cabeza. Vamos, que el tráiler de la peli no auguraba nada bueno y, al final, de los tráiles hay que fiarse más que de tu propio padre.
Pues eso, una decepción; al principio no le ves el qué, pero es que luego empeora considerablemente, con esas escenas de sexo tan cutres, y el final es de vergüenza ajena. Ni siquiera se captura la esencia de Tokio (en ese sentido, y en otros, se queda a años luz de Lost in Translation) ni aprovecha su fuerza (las imágenes son bastante sosas, para lo que es la ciudad). Un ejemplo muy claro es el mercado de pescado, de lo más fotogénico y potente visualmente que se puede ver por estos mundos de dios. Pues en la película no destaca especialmente. Tokio se queda en excusa, en afanes de modernidad, en un escenario incongruente para una historia pobre y poco interesante.
El tráiler, así como "making-offs", diario del rodaje, etc. para muy fans, en www.mapofthesoundsoftokyo.com
