lunes, 8 de noviembre de 2010

Si esto es laicismo...

que venga Dios y lo vea, porque el Papa no lo tiene nada claro. Pero Nacho Escolar sí y lo cuenta mucho mejor que yo, así que...

sábado, 6 de noviembre de 2010

La mala educación

Yo, sinceramente, me viene un invitado a casa (con falda, encima, pero, bueno, para gustos, colores, que dice mi suegra) y me dice que vaya reforma tan desastrosa he hecho en mi piso, y hombre, pues de buena educación no me parecería. Si no te gusta lo que ves, no digo que mientas, eso tampoco; pero con callarte y evitar ofender / entrar en polémicas, listos.
En cambio el Papa viene y con eso de que es infalible o cómo se diga, no solo pretende estar a cuerpo de rey corriendo con los gastos los contribuyentes, sino que encima nos afea la conducta al sector laico de la sociedad. Yo creía que España era un estado aconfesional. Estamos pagando un banquete de boda a un precio astronómico para que vengan y nos digan los invitados qué vaya novio tan horroroso nos hemos buscado. Vivir para ver.
Y luego tenemos a todos esos políticos supuestamente de izquierdas intentando vendernos que esto es una inversión estupenda, que nos traerá turistas (que parece que en Barcelona se han convertido en la solución a todos los males).
Es que lees el periódico y no sabes si te lo están diciendo en serio o qué.

En fin, que estoy viva pero muy desbordada.

lunes, 1 de noviembre de 2010

El hombre que siempre tiene razón

No sé qué me pasa con Salman Rushdie (devoción, supongo), que siempre me descubro dándole la razón en todo. Hoy viene una especie de entrevista en El País, anunciando las memorias de Rushdie sobre la época de la fetua (de paso me he enterado de que la RAE ya tiene adaptación para la "fatwa"). Y Rushdie vuelve a decir algo que creo que ya le había oído: que Shakespeare es el tipo que lo escribió todo hace ya más de cuatrocientos años, "todo sobre todas las cosas".
Amén.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Asia en Barcelona

Tenía yo pendiente (entre otras muchas cosas) una entrada sobre la novena edición del Festival Asia, del que soy una gran fan. Este año fuimos dos días; a ver el espectáculo inaugural (de kathakali) en la Sala Gótica de la Biblioteca de Catalunya, y a varios conciertos en el nuevo eje urbano del festival, el formado por el MACBA, el CCCB, la plaça dels Àngels y la de Joan Coromines. Me parece un acierto haber trasladado aquí el Festival (no había encontrado su sitio hasta esta edición); hay espacio suficiente para los talleres, los conciertos, las demostraciones... y en el Raval, lugar donde vive mucha gente de las comunidades implicadas. De hecho, me ha parecido que este año se había hecho un mayor esfuerzo por contar con la participación de dichas comunidades y, por primera vez, el público era una mezcla de razas y culturas de lo más interesante. No éramos los barceloneses de origen no asiático los que íbamos a ver "cosas de Asia"; sino que era una especie de celebración del "multiculturalismo" (bendito palabro) de esta ciudad. Los sijs nos contaron (en catalán) cosas de su gastronomía, la comunidad filipina nos enseñó su vestimenta, había demostraciones de juegos, instrumentos, decoración con henna, un lugar donde aprender a decir una palabra en un idioma asiático... En fin, un esfuerzo loable por que conozcamos más ese continente y la gente de allí que habita aquí.
En el caso del kathakali, se trata de una de las formas teatrales más antiguas del mundo y lo representó una prestigiosa compañía (Margi Theatre) de Kerala (sur de la India, qué recuerdos), que es de donde procede esta manifestación artística. Es un espectáculo muy vistoso que, al transcurrir en sánscrito, pues necesita un poco de información previa. Es cierto que cuesta un poco "entrar" (es muy diferente de lo que nosotros entendemos por teatro); pero luego fascina. En India las representaciones duran horas y horas; aquí se comprendió que el público no estaba preparado para tanto y se limitaron a un fragmento de la epopeya Mahabharata. La música (canto y percusión) era hipnotizante y estaba perfectamente coordinada con la gestualidad (muy ajena a lo que los occidentales entendemos por ese término, no veas cómo movían los ojos) de unos actores con un vistoso (y muy elaborado) maquillaje y unos movimientos precisos y económicos de gran fuerza. Espectacular. El escenario escogido acababa de redondear la oferta; ya que ayudaba a crear una atmósfera sobrenatural. Como anécdota, es la segunda vez que vemos una bailarina india "con bigote"; en este caso metafórico, porque aunque era un hombre el que representaba el papel del personaje femenino, se había afeitado (cosa que no podemos decir del artista que vimos en un palacio de un marajá en Rajastán, que de lejos no se notaba, pero los que se acercaron a darle una propina...).
El día de la clausura del Festival ("Un día en Asia", una jornada familiar dentro de las fiestas de la Mercè), estuvimos en dos conciertos; aunque uno lo vimos dos veces. Y también nos paseamos para ver el ambientillo y el resto de actividades programadas. Primero vimos a Altai Khairkhan interpretando canciones y melodías tradicionales mongolas. Fue precioso; podías "verlos" cabalgando por la estepa (quizá tengo mucha imaginación, pero las canciones eran una maravilla). Y, cómo no, utilizaban las famosas técnicas vocales mongolas (como el canto difónico o khöömei, nacido de la voluntad de imitar los sonidos de la naturaleza, que tan raro suena a palo seco, pero que como parte del concierto era de lo más seductor).
Después de comer volvimos a echar un vistazo a las demás actividades, haciendo tiempo para el segundo concierto que teníamos "apuntado". Nos encontramos otra vez con el grupo mongol, tan elegantes ellos, cantando. Así que volvimos a escucharles. Valía la pena. No sabía que hubiera una comunidad mongola en Barcelona; pero allí estaban con sus trajes tradicionales, guapísimos todos. Después había un grupo de gente de Bangladesh (creo, es que no lo vimos desde el principio), escenificando una boda a la manera tradicional. Un joven espontáneo de su comunidad se subió, ni corto ni perezoso, a la pasarela y se puso a bailar en plan "Bollywood". El narrador de la escenificación decidió integrarlo ("los jóvenes bailan, compartiendo la felicidad de sus familias") y todos tan contentos.
Para acabar, la comunidad paquistaní había pedido que actuara Abrar-ul-Haq, una estrella del bhangra-pop de su país. No sabías si mirar al escenario o a la plaça dels Àngels llena a rebosar de paquistaníes de diversas edades, todos endomingados, cantando y bailando. Fue emocionante, porque, por una vez, era su día; los protagonistas eran ellos. La verdad es que la labor de la Casa Asia en este sentido es de lo más loable (también en cuanto a la difusión de la cultura asiática el resto del año).

lunes, 11 de octubre de 2010

Sábado en Japón

Con mucho retraso, porque los Novelantes le han dado ya tres vueltas al libro (por lo visto había que leerlo más de una vez, cosa que puede que yo, con mi mala memoria, haya hecho de forma inconsciente), conseguí acabar Saturday, de Ian McEwan, a tiempo para releer Kafka on the Shore, de Haruki Murakami (que los Novelantes comentan el jueves 14 de octubre).
Me dio mucha pereza ponerme con McEwan y el texto me dio la razón. Una vez más, el autor nos endilga una historia floja, que se hace leíble por lo bien que escribe el hombre. Saturday (2003) me recuerda muchísimo (demasiado) a Enduring Love (1997), y teniendo en cuenta que esta última me pareció bastante insoportable... Creo que Amsterdam (1998) me gustó más; pero no me acuerdo demasiado. Sé que cuando leí Atonement (2007) respiré aliviada: por fin me contaba algo que me interesaba, una historia con fundamento. Vamos, que por mucho que sea un autor premiadísimo, uno de los 50 mejores escritores británicos desde 1945 según The Times, a mí McEwan tiende a aburrirme / irritarme. Le reconozco lo bien que escribe (si no, no hubiera pasado del primer libro), pero esos mundos burgueses en los que él se siente tan cómodo no me resultan excesivamente interesantes (por no decir que me dan urticaria directamente). En el caso concreto de la novela que nos ocupa, en mi opinión, si se trata de narrar un día "à la Woolf", debe ser un día con sus más y sus menos; pero no tan disparatado y excesivo como el del médico ese (por cierto, cómo se nota que estuvo dos años presenciando el trabajo de un neurocirujano, que ya son ganas, pero al menos le sirvió de mucho en la novela). Es que le pasan unas cosas de lo más inverosímil (y absurdas, no solo se enfrenta a un desequilibrado con problemas neurológicos, que ya es casualidad, sino que va y ¡lo ablandan con poesía!).
Lo curioso es que inverosímil sería un adjetivo muy adecuado para la novela de Murakami y en cambio me lo creo todo (los gatos que hablan, las puertas de acceso a otros mundos, los chulos caracterizados como el señor del Kentucky Fried Chicken y con unos poderes que no veas...). Supongo que es porque no consigo adentrarme en el mundo de McEwan (ni lo deseo) y en cambio Murakami me seduce de tal manera que me sumerjo encantada en las historias más increíbles. De hecho, puede que Murakami no escriba tan bien como McEwan (apostaría algo a que es así, a pesar de a McEwan lo leo en inglés y a Murakami traducido); pero tiene una facilidad pasmosa para fabular y atraer al lector a su mundo. Me parecen, justamente, dos autores totalmente opuestos; cada uno de ellos sobresale en un aspecto clave (a mi entender) de la ficción: el estilo (McEwan), la trama (Murakami). Aunque para ser exactos, en la obra de Murakami no es tan importante lo que pasa como la ambientación que se crea alrededor de los sucesos. Y en eso es muy japonés por más que muchos críticos de su país le tilden de excesivamente occidental (hubiera entendido más que le acusaran de "pop", la verdad, aunque tampoco lo comparto).
Con la relectura de Kafka... se confirma que las novelas (los cuentos no creo) de Murakami resisten nuevas lecturas si se deja pasar un tiempo prudencial. La verdad es que recordaba algunas cosas; pero otras, no. Es curioso porque no me acordaba para nada de la "pulsión sexual" del libro. Y ha sido interesante captar referencias que la primera vez se me escaparon (ahora he leído a Soseki, he visto a los ciervos en los templos, he viajado dos veces a Japón). Habrá que seguir releyendo.

Kafka en la orilla está publicada por Tusquets (también en edición de bolsillo).
Sábado está disponible en Anagrama y Quinteto (bolsillo).

domingo, 10 de octubre de 2010

Miyuki Miyabe, por fin en español

El próximo día 18 sale a la venta la primera novela de Miyuki Miyabe en español, publicada por Quaterni (traducción del inglés de Purificación Meseguer). La primera, pero no la última; porque le seguirán Crossfire, The Devil's Whisper y Shadow Family; todo un festín. Esta "avanzadilla" (es mucho más que eso, la verdad) es Kasha (1992), una novela que me cautivó las pasadas navidades tras comprarla en Tokio. Miyabe es una escritora japonesa de gran prestigio y una abundante (y variada) obra.
Respecto a la edición en español, un primer aspecto a comentar sería el título. Me consta que en la editorial le dieron bastantes vueltas al tema. No era sencillo. El título original es metafórico y hace referencia a una criatura mítica sintoísta que devora los cadáveres. Para un japonés, la referencia es, por lo tanto, clara y puede ver cómo se construye la metáfora al leer el libro. Para un occidental, no está tan claro. Aquí podía optarse por dejar el título original y explicar qué es eso del Kasha (Quaterni lo hace, desde luego), o cambiarlo por otro totalmente diferente, como hicieron en la traducción al inglés (All She Was Worth). La solución de Quaterni (La sombra del Kasha) no me acaba de convencer (para gustos, colores), porque yo creo que llama a error. Puede pensarse (y a eso ayuda el diseño de la portada) que vamos a leer una historia de espíritus (y yo no contaría con ello). Vamos, que puede hacer que algunos lectores se sientan defraudados por un contenido más sociológico que de terror. Y que otros lectores que no se animen a leer la novela pensando que es una historia de terror, se pierdan un libro estupendo que no puedo sino recomendar. Pero, vamos, que el título original suponía, sin duda, un reto.
La traducción parece muy correcta y fluida, lo que me hace pensar que es posible que los lectores en español salgan ganando con una traducción del inglés en lugar de una del japonés. En mi experiencia, las traducciones de novelas en japonés al español no acaban de dar grandes resultados (suelen chirriar bastante, con loables excepciones como el Kafka en la orilla de Lourdes Porta). En cambio las traducciones al inglés suelen ser muy buenas. Quizás a alguien pueda llamarle la atención esta práctica, que es, por otra parte, bastante habitual entre las editoriales de este país. Sin ir más lejos, la versión catalana de dos de los tres volúmenes de Millenium se hizo del francés. En fin no seré yo quien defienda las traducciones de lenguas puente; pero tampoco voy a criticarlas si el lector sale ganando. Y ya digo, muchas traducciones al inglés que he leído me han parecido muy fieles al espíritu original de las novelas japonesas (desde las limitaciones de alguien que no habla japonés, pero que aprecia una prosa natural y no forzada), entre ellas, la de la novela que nos ocupa.
Pues, nada, a disfrutar de una trama rica y variada, bien hilvanada, que además nos descubrirá una cara de Tokio que puede resultarnos desconocida (y brutal). Y todo ello de la mano del inspector Honma, el típico policía japonés que no es un genio, pero que resuelve los casos a base de tenacidad cuando no está comiendo, bebiendo sake, leyendo el periódico o viajando el tren.
Una auténtica novela policíaca (recomendable incluso para quienes no sean muy partidarios de este género), por más que atípica (de ahí su atractivo para muchos públicos diferentes), que engancha y mantiene el interés hasta el mísmisimo final, inesperado por abrupto y muy original.

Se puede descargar el primer capítulo aquí.

sábado, 9 de octubre de 2010

Con la boca pequeña o a puerta cerrada

Seguimos con el tema de la solicitud de libertad para Liu Xiaobo. A última hora, a pesar de la reticencia del Ministerio de Exteriores (por lo visto vamos a dejar de ser el mejor amigo de China en la UE, que dime con quién andas...), España se sumaba a la petición de Francia, Alemania y Reino Unido.

La UE no se atreve a hacerlo en público. Parece que a China no le importa que le pidan democracia siempre que no haya periodistas delante y no se entere la disidencia. Así que la UE hace sus demandas a puerta cerrada, no se vayan a enfadar los chinos estos (que son de aúpa).