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lunes, 30 de noviembre de 2009

Autoría de la pobreza

Cuando se habla de la pobreza, parece siempre que haya una buena gente que han nacido pobres y que deben resignarse a vivir de la caridad de los que hemos tenido más suerte. Como si la pobreza se generase espontáneamente y sin mediación de nadie. Com si no existieran unos responsables directos, que, eso sí, siempre consiguen irse de rositas. Como dice Esteban Beltrán, director de la sección española de Amnistía Internacional (entrevista en el número 358 de la revista Integral):
"Cuando el Gobierno de Zimbabue utiliza los cereales para matar de hambre a la oposición política, eso es una violación de derechos humanos. Cuando una empresa como Shell, en el delta del Níger, contamina 31.000 km2 y deja sin alimento a millones de personas, eso es una violación de derechos humanos y alguien tiene que pagar por ello. Cuando el Gobierno de Israel destruye 3.500 viviendas de palestinos, eso es una violación de derechos humanos".
Se puede decir más alto, pero no más claro. Y sin embargo, cuando se cumplen catorce años de la ejecución de Ken Saro-Wiwa, Shell sigue operando con total impunidad en el delta del Níger (con pagar 11 millones de euros para evitar una sentencia judicial, listos, será por dinero). Mientras tanto, el pueblo ogoni lleva la friolera (es una expresión, su tierra arde) de medio siglo soportando esta situación. Recuerdo las manifestaciones contra la sede de Shell en Londres, acusándoles de tener las manos manchadas de sangre... Supongo que a los ejecutivos de Shell, la gente a la que se nos ocurren estas ideas les debemos parecer de lo más ingenuo. Pero tenemos las manos un poquito más limpias. Nunca olvidaré los días que transcurrieron desde la detención de Saro-Wiwa hasta su muerte, el día en que le mataron, el funeral en Londres... Todo ello lo compartí con la comunidad nigeriana.
Catorce años más tarde, en un nuevo milenio, en la era de la información, hoy hay más gente que conoce lo que está sucediendo y se sigue contando con el apoyo de AI, de Greenpeace... Somos más, pero no somos de los que cuentan y parece que no esté en nuestras manos que los culpables paguen con algo más que dinero, que dejen de torturar a una tierra y a un pueblo con quienes nunca se les perdió nada en primer lugar. ¿Cuándo se les hará entender que por más capitalista que sea nuestra sociedad no todo vale? No sé si lo verán mis ojos. Los de Saro-Wiwa y sus compañeros (siempre se habla él, pero no murió solo) seguro que no.

Fotografía de Ed Kashi.
Artículo interesante sobre Ken Saro-Wiwa aquí.
Artículo en Público sobre el juicio contra Shell aquí.
Plataforma de recuerdo a la figura y la labor de Ken Saro-Wiwa (web en inglés).

jueves, 26 de noviembre de 2009

Spain is different

Sobre las exhumaciones de fosas de víctimas de la Guerra Civil:

"No conozco ningún otro país en el que las víctimas de desapariciones extrajudiciales sean, además, las que tienen que exhumar los cadáveres de sus familiares".

Y no lo digo yo; son palabras de Esteban Beltrán, director de la sección española de Amnistía Internacional, que sabe lo que se dice (entrevista en el número 358 de la revista Integral).

Pues eso.

martes, 2 de junio de 2009

Un siglo, una vida, decepcionantes

The Blind Assassin (El asesino ciego, 2000) es una muy premiada novela (ganó el Booker en el 2000 y el Hammett en el 2001, quedando candidata a muchos otros premios, entre los que destaca el Orange Prize for Fiction) de una autora, Margaret Atwood, a la que solo le falta ganar el Nobel. La revista "Time" la nombró la mejor novela del año y una de las "100 mejores novelas en inglés desde 1923" (estas listas, cada vez las hacen más enrevesadas). En 2008, la novelista canadiense ganaba el Premio Príncipe de Asturias, venciendo a Gabriel García Márquez, Jorge Semprún y Andrés Trapiello, Eduardo Galeano, Haruki Murakami, Alí Ahmad Said, Adonis, Ko Un, Antonio Tabucchi y Richard Ford. Ahí es nada. Todo ello tendría un gran mérito si Atwood, considerada la gran dama de las letras canadienses y una de las grandes poetas del siglo XX, se dedicara solo a escribir (que sería lo esperable, dado que se trata de una autora muy prolífica). Pero no; como delataba su donación del Príncipe de Asturias a causas ambientales (hizo lo mismo con el importe del Booker), Atwood es también una activista comprometida que colabora intensamente con varias organizaciones (Amnistía Internacional entre ellas), ha sido profesora en varias universidades y presidenta del Pen Club International; además de escribir guiones para televisión y crítica literaria. Para mí que no duerme.
Se la suele describir como feminista no solo por su militancia, sino porque uno de los temas de su obra es el denominado género. De hecho, debutó con The Edible Woman (1969) sobre la marginación de la mujer. Ese fue el primer libro suyo que leí; le siguieron The Robber Bride (1993) y Alias Grace(1996), y quizá sea este último el que más me haya gustado. La verdad es que d
esde The Blind... no he vuelto a leer nada suyo; algo que habría que solucionar.
The Blind Assassin es un libro que despista de entrada, con su mezcla de géneros y registros. Pero cuando nos adentramos en la historia, esta ficción a diversos niveles nos convence por su solidez. Como el siglo XX, la vida de Iris Chase va perdiendo fuelle hasta llegar al momento en el que la conocemos, sola y con pocos recursos, esperando la muerte; aunque con una considerable lucidez (lo que se suele llamar, coloquialmente, mala leche). Iris es una narradora incisiva y dada a los detalles, todo lo cual se agradece. Gracias a ella conocemos las miserias de la historia de un siglo y de una vida que prometían más de lo que acabaron siendo. Pero Atwood es sutil, aquí no hay brocha gorda, ni grandes denuncias sociales (aunque la parte de ciencia-ficción pudiera hacerlo pensar, pero se trata más de un juego, de una argucia para dar a conocer a sus personajes). Todo se intuye, se deduce; el lector llega a sus conclusiones, aunque no a juicios claros, porque los personajes están creados con grandes dosis de psicología y no es fácil condenar ni salvar a nadie. Se trata de una novela escrita con una fina ironía, en la que todo encaja sirviéndose de una original estructura y del rico estilo de una narradora que no puede ocultar su condición de poeta.

Extracto en castellano aquí.
Traducción al castellano, en Ediciones B (tapa blanda) y Zeta Bolsillo (tapa blanda de bolsillo), y en catalán, en Proa (tapa blanda).
Los Novelantes comentan esta novela el próximo 9 de junio.

miércoles, 9 de abril de 2008

"Amrita": Japón y la muerte

Banana Yoshimoto es otra escritora japonesa que goza de gran éxito en Estados Unidos y, curiosamente, en Italia y en España. Fue la primera escritora japonesa a la que leí (me pareció más accesible que otros autores consagrados), cuando la publicación de su primera novela (Kitchen, a finales de los ochenta) le otorgó una fama casi instantánea sin haber cumplido los treinta. Luego leí también N.P. y Asleep (traducida en España como Sueño profundo), y no había leído nada más de lo mucho que ha publicado (de eso me di cuenta en las librerías de Tokio hace unos meses) hasta que hace unas semanas Amrita me "llamó" desde un estante de la biblioteca. En esa década larga sin leer nada suyo, Yoshimoto se ha convertido en una prolífica, premiada y exitosa escritora en su país y en el extranjero.
En Amrita, Yoshimoto vuelve a temas ya explorados, tan queridos por la literatura japonesa: el amor y la pérdida, la muerte y los muertos... Me he encontrado con una autora más madura, sofisticada y seductora, que logra atrapar al lector occidental con la extraña belleza de su historia a pesar de los fenómenos paranormales que inundan sus páginas. He leído en su página web que la muerte es el tema que más le atrae literariamente y que otro tema recurrente en su obra son los "misterios de este mundo" (y del otro, le faltó añadir). Ambos aspectos quedan reflejados en Amrita (que en sánscrito significa "sin muerte", y es el nombre que le da el escritor a la Sakumi de ficción por haber sobrevivido). Me resultó interesante leer también que uno de sus escritores favoritos es Truman Capote. De hecho, uno de los protagonistas de Amrita, Ryuichiro, lleva siempre Música para camaleones cuando viaja.
Pero, volviendo a la muerte, lo de estos japoneses es obsesión (casi tan grande como la que tienen con la comida, que se pasan las novelas comiendo). Será cultural y la Segunda Guerra Mundial no ayudaría mucho, supongo; pero entre los "haikus" y los poemas de monjes zen que parecen que no saben escribir un verso sin incluir esa palabra en concreto; los escritores que matan siempre a algún personaje (y, a veces, a sí mismos) y las peculiaridades sociales de un país en el que existen "clubes de suicidio" y, lo que es peor, pena de muerte, pues, eso, que casi se alegra una de que algunos muertos (como los de Amrita) se paseen por la playa. Me parece un detalle, vamos.

Actualmente son muy pocos los países que llevan a cabo ejecuciones. Los datos recogidos por Amnistía Internacional indican que, en sintonía con la suspensión de las Naciones Unidas, en 2007 hubo ejecuciones en menos países que en 2006. Japón destaca claramente entre los grandes países industrializados por ser el único con un sistema de pena de muerte plenamente operativo (en Estados Unidos, la Corte Suprema ha bloqueado todas las ejecuciones planeadas en el país hasta que resuelva si las ejecuciones pueden llevarse a cabo mediante inyección letal).