domingo, 19 de abril de 2009

Lecturas de Semana Santa

Me tentaron con la segunda entrega de Stieg Larsson (por aquello de que el vuelo se me pasaría "volando"); pero la edición que me prestaron, en español, era muy voluminosa para mi mochila y el vuelo a Munich no requería tanta distracción. Así que me llevé la cuarta novela de Siri Hustvedt, The Sorrows of an American (2008) en edición de bolsillo, que no abultaba nada, junto la novela que comentaba este mes Novelantes (Las Catilinarias (1997), de Amélie Nothomb, publicada por Circe), que era muy cortita, y la novela que comentará Novelantes en junio a propuesta mía (The Blind Assassin (2000), de Margaret Atwood), que también tenía en edición de bolsillo, aunque es más larga, y que requería una relectura a tiempo para la tertulia. La única que se salvó fue Atwood, porque las otras dos "compañeras de viaje" que me busqué... Siempre me había dado mucha pereza leer a Nothomb y he decidido sucumbir a la misma sin remordimientos de conciencia y no intentarlo con una segunda novela (la mujer no necesita más lectores, eso está claro). Y la novela de Hustvedt ha sido una decepción.
En The Sorrows of an American el pasado se adueña del presente de una forma bastante forzada (se supone que catártica, pero poco convincente). El punto de partida, un psicoanalista que se enfrenta a la muerte de su padre intentando aprovechar sus conocimientos, resultaría más eficaz si el pobre hombre no tuviera tantos frentes abiertos (un divorcio reciente, una sobrina traumatizada, una hermana viuda a la que la primavera o no le está alterando un tanto la sangre, un artista chiflado, una vecina seductora, un amigo un tanto patético que no para de sudar). Hustvedt escribe bien pero se equivoca, en mi opinión, queriendo incluir tantas cosas diferentes en una misma trama. Está claro que explorar la mente humana da para mucho, pero de ahí a que tengan que aparecer todos los temas posibles... El trauma de la sobrina de Erik tras el 11-S, especialmente, está metido con calzador; no tanto porque no sea creíble, sino porque, como otros momentos de la novela, no resulta convincente.
Parece tópico referirse a la escritura de Hustvedt como fría (dado sus orígenes noruegos), pero lo cierto es que es así. Esa cerebralidad funcionaba en What I loved (2003); pero no aquí. Aquí se monta un "jaleo" postmoderno de cuidado, se nota demasiado que lo ha escrito una autora de Brooklyn que se mueve en un círculo de privilegio e intelectualidad. Hay tal distancia entre el lector y Erik (por no hablar de los demás personajes), que resulta imposible establecer el vínculo necesario para sumergirse en la novela. El único logro, en mi opinión, es la creación de un ambiente muy auténtico, tanto en Minnesota como en Brooklyn; pero eso realmente no podía ser de otra forma tratándose de una escritora experimentada que ha vivido en ambos mundos y los conoce bien. Al leer al final de la novela el reconocimiento de que los fragmentos de diario pertenecen a su propio padre, no se puede menos que pensar "ah, de ahí viene todo". Estamos hablando de una obra muy personal, de un homenaje a su padre (quien, como Lars, descendía de noruegos, nació en un entorno rural y acabó siendo profesor universitario) disfrazado de ficción. Algo que es perfectamente legítimo si funciona; que no es el caso.

Anagrama ha publicado la traducción española con el título de Elegía para un americano.

viernes, 17 de abril de 2009

La manzana del día

"Fiction is the thing that is so, and not so"
(La ficción es algo que es y no es de una determinada manera)
Salman Rushdie

jueves, 16 de abril de 2009

El médico en Ontario

Dice el refranero particular que "Con un bife a diario, se mantiene al médico en Ontario" (si eres Margaret Atwood, por ejemplo, no te soluciona mucho la vida, pero, bueno). Yo es que soy más de manzanas; dicen que con una al día se mantiene el Alzheimer a raya (lo dudo, pero por probar...). Así que sigo con lo mío.

"You reach no conclusions, you reach endings"
(Nunca se llega a una conclusión, se llega al final)
(Salman Rushdie)

miércoles, 15 de abril de 2009

Keeping the doctor away

"I often have the desire to disappear into my books. The places there are far more interesting than outside"
(A menudo desearía desaparecer en uno de mis libros. Me parece que hay lugares mucho más interesantes que en la realidad.)
Salman Rushdie, durante su visita a Barcelona.

viernes, 3 de abril de 2009

One apple a day...

keeps the doctor away, que dicen los angloparlantes (una manzana al día mantiene al médico en la lejanía).
Vamos a probar a ver si sirve con una frase de Salman Rushdie al día (se puede acompañar de una manzana, para ir más sobre seguro). Es que me he dado cuenta de dos cosas: me dejé mucho en el tintero cuando escribí la entrada sobre su visita a Barcelona y es el escritor al que más se cita en este blog. Pues vamos a seguir con todo ello:
"You might call it lying, I call it art"
(Se puede pensar que eso es mentir; para mí es arte).
Salman Rushdie sobre las licencias literarias

jueves, 2 de abril de 2009

Dos sin tres

Me parece que ya no le voy a dar más oportunidades a Rachel Cusk. Con un par de novelas tengo bastante. Me leí en su momento The Temporary (1995) y, con la poca memoria que tengo, la verdad es que no la recuerdo demasiado; aunque lo cierto es que no había vuelto a leer nada de esta autora hasta ahora, lo cual es muy signifcativo. Si no seguí explorando su obra, con un currículum como el suyo y una novela publicada previamente (Saving Agnes, de 1993) que había ganado el Whitbread First Novel Award, pues es que no me interesó mucho.
Lo del currículum viene a que Cusk debutó como niña mimada de las letras británicas con todo un premio Whitbread (aunque fuera el de autora novel) y siguió con el Somerset Maugham Award por The Country Life (1997). 2003 fue su gran año; no solo publicó The Lucky Ones (nominada al Whitbread "de verdad"), sino que la revista Granta la incluyó en su famosa lista de los veinte mejores autores británicos de menos de 40 años. Una lista que, en mi humilde opinión, resulta un tanto decepcionante; pero, bueno, igual hay que darles más tiempo. Pero es que con la exepción de Hari Kunzru, a la mayoría de los demás les veo un poco perdidos (incluso a Zadie Smith, que tanto prometía). A pesar de ello, Cusk ha seguido labrándose una carrera llena de reconocimientos y su última novela estuvo entre las finalistas al Organge Prize for Fiction en 2007.
El caso es que no le veo yo el mérito. Acabo de leer
In the Fold (2005), más que nada porque llegaba el fin de semana y la encontré en inglés en la biblioteca, y me ha parecido de lo más insustancial. Cusk retoma la conocida y peculiar obsesión inglesa por las clases sociales que ha generado tantas páginas de buena literatura. Y no hace nada de provecho con ella. Es una historia en la que pasan pocas cosas y las pocas que pasan son un tanto incomprensibles. No está mal escrita (solo faltaría) pero tampoco destaca. Y tiene un gran problema: deja al lector indiferente. Ningún personaje (ni siquiera el protagonista, Michael) se gana el aprecio del lector. Tampoco nadie suscita nuestro odio. Nos quedamos muy lejos, viendo un espectáculo que no nos interesa, que no nos afecta, y eso es lo peor que le puede pasar a un lector ante un libro.

Lumen ha publicado en España la última novela de Rachel Cusk, Arlington Park (2006). Puede leerse el principio (en castellano) aquí.

miércoles, 1 de abril de 2009

Salman Rushdie en Barcelona

Sigo en racha con el ciclo "El valor de la paraula" de la biblioteca Jaume Fuster. ¿Cuántas veces se presenta en la vida la oportunidad de escuchar a tres de tus escritores favoritos en el plazo de 15 días? Salman Rushdie llegó envuelto (casi literalmente, aunque las medidas de seguridad eran discretas, apareció y desapareció sin que pudiera haber contacto directo con los lectores) en una nube de cámaras de televisión y fotógrafos; pero esta vez no hubo colas como con la visita de Murakami. Es lo que tiene ser más famoso que leído. En la conversación (principalmente sobre su última novela) con Juan Gabriel Vásquez, volvió a demostrar que, en cualquier caso, lo suyo son las palabras. Y no dijo ni una de más, a pesar de que no paró de hablar ni un solo momento.
Rushdie comentó que siempre había querido escribir sobre Maquiavelo y que le llamaba la atención que todas las referencias a esta figura fueran tan negativas. Con su habitual sentido del humor, añadió que eso le hizo sentirse más cercano a esta figura y pensar que si ecribía algo positivo sobre él, quizá dentro de 400 años alguien le haría a él el mismo favor. Pero al comenzar con la novela vio que no estaba preparado para escribirla, que necesitaba documentarse, y por ello se dedicó a leer sobre el Renacimiento italiano, el reinado del emperador Akbar, etc., mientras escribía novelas más contemporáneas ("novelas que parecían salidas de los periódicos"). Todo un contraste. Con sus lecturas llegó a la conclusión de que cualquier cosa que pudiera inventar sobre esa época sería "suave" en comparación con la realidad, tan extraña. Cuando descubrió que la historia le permitía incluir al conde Drácula en su novela, se sintió totalmente en la gloria.
Sobre su capacidad para contar historias, Rushdie comentó que "todos contamos historias", alegando que los humanos somos los únicos animales que nos contamos historias para entendernos los unos a los otros y destacando la gran importancia de contar tu propia historia a la persona adecuada y que esa persona la entienda (una necesidad que describió como universal). Por eso, el personaje del viajero de su última novela, The Enchantress of Florence, arriesga su vida para contar su historia a la persona que debe escucharla, el emperador Akbar. Curiosamente, Rushdie desveló que este personaje, verdadero hilo conductor de la novela, fue una incorporación posterior, no estaba contemplado inicialmente. También habló de cómo "proyectó retrospectivamente" la leyenda de la esposa hindú de Akbar, Jodhabai, que en realidad nunca existió, haciendo que tampoco fuese real en esa época, convirtiéndola en una esposa imaginaria (Rushdie hizo al respecto las bromitas esperables de alguien que se ha casado varias veces).
Hablando en general sobre la ficción (toda una clase de literatura), comentó que esta es democrática, que no pretende adoctrinar y que no es verdad pero contiene aspectos que sí lo son. Le parece que la novela nunca ha sido un medio de masas y que no lo puede ser (porque requiere un determinado grado de comprensión, cierta formación); pero que eso no significa que goce de mala salud, aunque se viene hablando de la muerte de la novela prácticamente desde su nacimiento (y él cree que sobrevivirá, aunque le preocupa ver que las nuevas generaciones leen menos, "leer blogs no cuenta", añadió). Respondió a las preguntas de los lectores sobre Midnight's Children, y recomendó leer a los nuevos escritores pakistaníes (dijo que no nos costaría mucho hacernos con todas sus obras, porque solo habían publicado un libro cada uno). La verdad es que solo pesqué el nombre que me resultaba más conocido, Daniyal Mueenuddin (más información aquí).
Más sobre Rushdie, próximamente.