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domingo, 9 de mayo de 2010

Benditos viajes

El viajar es lo que tiene; te sirve mientras estás por ahí y también después. ¿Que no tienes memoria ninguna y alquilas una película que ya has visto y no te gustó? Pues no pasa nada; disfrutas recordando unas estupendas vacaciones en Hong Kong, que resulta lo único interesante de la peli en cuestión y que, por suerte, es tan protagonista como ese Jeremy Irons mal teñido y esa pobre Gong Li que no sabe qué hacer con su personaje (imagino que de ahí su cara de desconcierto). Por no hablar de Maggie Cheung y su extraño papel (está especializada la pobre en personajes que no entiende ni el guionista).
Creo adivinar lo que quería contar Wayne Wang (que ha tenido mejores momentos, aunque no es la primera vez que lo veo perdido al hombre) en Chinese Box (1997). Pero eso no quita que la historia esté mal explicada, los personajes mal desarrollados y que no consiga entender cómo se puede dirigir tan mal a Jeremy Irons (o eso, o el hombre estaba en crisis). Porque incluso a las más fanes nos pone de los nervios, con esas expresiones faciales (por llamarlas de alguna forma); un personaje que resulta tan patético (y sospecho que no era la intención). En fin, que actúa fatal. Creo recordar que en otros líos parecidos que se ha metido, como en M. Butterfly y Herida, salía bastante mejor parado.
A lo que iba, supongo que Wang pretende crear con estos personajes tan mal hilvanados una metáfora del momento de incertidumbre y vacío en Hong Kong en 1997, cuando pasó a formar parte de China tras tanto tiempo como colonia británica. Pero no lo consigue. Al no quedar claro el argumento, la historia no tiene ni pies ni cabeza. Pero eso sí, pude ver de nuevo los tranvías, The Peak, la bahía, los mercados, las calles, los templos, el metro, la noche de fin de año... Y con eso sí que disfruté.

Un tráiler que hace la visión de la película totalmente prescindible aquí.

lunes, 19 de mayo de 2008

Impenetrabilidad oriental

Mil años de oración es una película melancólica, decididamente minimalista y con un final un tanto abrupto que hace que el espectador salga del cine un poco desconcertado. Dirigida por Wayne Wang ("Smoke"), tuvo un éxito rotundo en el último Festival de San Sebastián, donde se hizo con la Concha de Oro y su protagonista, Henry O., se llevó la Concha de Plata. Probablemente la muy medida interpretación de este actor sea lo mejor de la película. Basada en un relato de la premiada autora china Yiyun Li (se queda una con ganas de leerlo) y con guión de la propia escritora, la película recrea la incomunicación existente entre un padre y una hija a los que les separa mucho más que un choque cultural. Curiosamente será el padre (viudo, de visita en Estados Unidos por primera vez) quien tenga una actitud más abierta y menos anclada en el pasado. Se trata de una historia tierna, pero (¿excesivamente?) lenta, que concluye con una calidez inesperada entre padre e hija. O yo me perdí algo, o saldan sus cuentas con el pasado muy de repente.