domingo, 13 de junio de 2010

Destino Berlín

















Desde que estuvimos en Berlín (hoy me he dado cuenta de que "solo" hace tres años, a pesar de que pensaba que haría como cinco, tantas cosas han pasado desde entonces) nos quedamos tan prendados de la ciudad que en más de una ocasión hemos comentado que no nos importaría irnos a vivir allí. Ahora mismo nos inclinamos más por la montaña que por otra ciudad a la hora de cambiar de aires; pero, sin duda, Berlín encarna una serie de valores, ventajas y aspectos agradables en general de los cuales Barcelona (cada día peor) haría bien en aprender. Sobre todo porque en Berlín se respira calidad de vida nada más llegar; algo que me temo que los barceloneses no podemos decir de "nuestra" ciudad / parque temático.

En Berlín parece que siempre sea domingo; siempre hay gente en los parques, en bici (muchos con esos remolques tan psicodélicos para llevar a los niños), en las terrazas (al más mínimo rayo de sol), las plazas. Nunca hay una cantidad excesiva de tráfico y la gente no grita, no escupe... (y hasta aquí puedo leer). Como está llena de treintañeros, abundan los cafés y los restaurantes, que no son caros (cuando fuimos no nos lo resultaron a nosotros y menos a los "nativos", no sé si habrá cambiado la cosa con la dichosa crisis) y tienen un toque bohemio en general. El arte te sorprende en cualquier esquina y el amor por la arquitectura es omnipresente. No quiero idealizar tampoco (yo he estado de vacaciones y no he sufrido los inconvenientes que pueda tener), pero hay elementos objetivos para tanta admiración; como el respeto a la memoria histórica que te asalta a cada instante. En Berlín no quieren olvidar (igualito que en este país) y toda la ciudad está salpicada de placas conmemorativas, monumentos... Resultan especialmente interesantes el Memorial del Holocausto y la "Topographie des Terrors" (muy pedagógico, como el Museo Judío, en un impresionante edificio que justificaría la visita por sí solo). Llaman la atención iniciativas como dejar el hueco de edificos destruidos o una iglesia sin reconstruir (Kaiser-Wilhelm Gedächtniskirche).
Aunque la Isla de los Museos es magnífica (los museos no son el British ni el Louvre, son asequibles y no desbordan) y recordaré siempre la mirada del busto de Nefertiti (estuve un montón de rato hipnotizada delante, lo vimos en el Altes Museum, pero ahora debe estar en el Neues, cuando fuimos la isla de los museos estaba aún en obras), para mi Berlín será siempre la ciudad de la dignidad (como demuestra el caso del "Ampelmann" que tanto cautivó a mi compañero de viaje, una campaña popular para evitar que se perdiera el muñequito de los semáforos del Este con la reunificación). Creo que Prenzlauer Berg sería un buen sitio para vivir, con sus placitas y restaurantes. Y para pasearse fuera del barrio, Scheunenviertel (más restaurantes), con la Nueva Sinagoga y las galerías de arte. Y cuando llegue el domingo de verdad, de "brunch" y/o de mercadillo (de hecho, se puede hacer el "brunch" mercadilleando) y luego, si hace bueno, a uno de esos magníficos parques (qué envidia me da este tipo de ciudad) donde la gente es tan civilizada. Porque la gente es un gran atractivo en sí misma, tan amables y concienciados. Recuerdo en concreto dos anécdotas: en el restaurante Austria de Kreuzberg (ponen unos Wienerschnitzel excelentes tamaño colcha) me prepararon un plato exquisito vegetariano cuando comenté que no encontraba nada para comer en un restaurante tan carnívoro (una excepción en un país en el que no nos resulta difícil comer por la abundancia de compañeros de fatigas, comí de maravilla). Y paseando por Scheunenviertel (creo) oíamos a unas mamás explicándoles a sus niños lo que ponía en las placas conmemorativas del suelo y las paredes.
Una ciudad para pasear y aprender. Una maravilla.


Creo recordar que la foto (entrada al Mauerpark, un parque de Prenzlauer Berg donde quedan restos de muro) es de cosecha propia y no del fotógrafo de la familia.

domingo, 30 de mayo de 2010

La realidad que no existe

Ese crudo que cubre a Obama gracias a BP se queda en una mancha de aceite si se compara con las constantes fugas de petróleo que contaminan el agua que beben, el agua donde pescan, los campos que deben cultivar tantas familias en el delta del Níger, uno de los ecosistemas más ricos del mundo. De hecho, se pierde más petróleo en un año en el delta del Níger que todo el derramado en el Golfo de México por la pifia de BP.

Como cuenta hoy John Vidal en The Guardian, mientras el desastre (que lo es) del Golfo de México acapara titulares a diario, casi nadie presta atención a lo que ocurre en Nigeria desde hace décadas. Como bien dice Vidal, el triste panorama de destrucción en el delta del Níger nos ofrece una visión más precisa del precio que debemos pagar por apostar por el petróleo. Y eso no quiere verlo nadie. Por suerte es algo que sucede "lejos" (el Golfo de México tampoco es que esté aquí al lado, pero lo de la aldea global parece un concepto muy elástico) y, sobre todo, les pasa a pobres de solemnidad. Así que podemos hacer como que no existe y a otra cosa, mariposa.

Después de todo, no creo que Obama quiera ponerle el cascabel al gato (las petroleras arañan que da gusto); y esperar algo así del gobierno de Nigeria (socios de Shell) es totalmente impensable.

sábado, 15 de mayo de 2010

Días amargos

Suspenden a un juez de forma antidemocrática, por una "vendetta" (qué bajo hemos caído) y haciendo caso omiso de cualquier tipo de legislación internacional (que ya es ser retorcidos). Solo lo celebran los descendientes de quienes llenaron las cunetas de cadáveres. Los demás, nos quedamos con nuestra amargura.

La recesión (junto con los medicamentos que les endilga la industria farmacéutica, sin compasión) la van a pagar los pensionistas, no los bancos ni los especuladores que la causaron (a esos se les dan ayudas, como es lógico). Solo lo celebran la patronal, los constructores... Los demás nos quedamos pensando si no es curioso que a nadie se le haya ocurrido que lo lógico sería que aportasen más quienes más tienen (los de las sicav y compañía, vaya).

País.

domingo, 9 de mayo de 2010

Benditos viajes

El viajar es lo que tiene; te sirve mientras estás por ahí y también después. ¿Que no tienes memoria ninguna y alquilas una película que ya has visto y no te gustó? Pues no pasa nada; disfrutas recordando unas estupendas vacaciones en Hong Kong, que resulta lo único interesante de la peli en cuestión y que, por suerte, es tan protagonista como ese Jeremy Irons mal teñido y esa pobre Gong Li que no sabe qué hacer con su personaje (imagino que de ahí su cara de desconcierto). Por no hablar de Maggie Cheung y su extraño papel (está especializada la pobre en personajes que no entiende ni el guionista).
Creo adivinar lo que quería contar Wayne Wang (que ha tenido mejores momentos, aunque no es la primera vez que lo veo perdido al hombre) en Chinese Box (1997). Pero eso no quita que la historia esté mal explicada, los personajes mal desarrollados y que no consiga entender cómo se puede dirigir tan mal a Jeremy Irons (o eso, o el hombre estaba en crisis). Porque incluso a las más fanes nos pone de los nervios, con esas expresiones faciales (por llamarlas de alguna forma); un personaje que resulta tan patético (y sospecho que no era la intención). En fin, que actúa fatal. Creo recordar que en otros líos parecidos que se ha metido, como en M. Butterfly y Herida, salía bastante mejor parado.
A lo que iba, supongo que Wang pretende crear con estos personajes tan mal hilvanados una metáfora del momento de incertidumbre y vacío en Hong Kong en 1997, cuando pasó a formar parte de China tras tanto tiempo como colonia británica. Pero no lo consigue. Al no quedar claro el argumento, la historia no tiene ni pies ni cabeza. Pero eso sí, pude ver de nuevo los tranvías, The Peak, la bahía, los mercados, las calles, los templos, el metro, la noche de fin de año... Y con eso sí que disfruté.

Un tráiler que hace la visión de la película totalmente prescindible aquí.

domingo, 25 de abril de 2010

Un manifestante más

Tenía que pasar y menos mal que ha sucedido. Los auténticos "guerracivilistas" (vaya palabro), los hijos y nietos de quienes sumieron a este país en la oscuridad, los partidarios de regímenes dictatoriales pretéritos (son ellos quienes no dejan que se cierren las heridas que ellos mismos abrieron, no los ninguneados familiares de los cadáveres abandonados en las cunetas de las carreteras de este triste país), se han crecido ante nuestra desidia.
Ya lo han dicho estos días los representantes de los presos del franquismo, de los represaliados; nos hemos dormido en los laureles de la democracia. En su momento hubo que mirar para otro lado por el bien de la bendita (y frágil) democracia, en esa transición tantas veces tildada de modélica y que se llevó a cabo a base de que medio país se tragara las lágrimas y el dolor y otro medio país conservara sus privilegios. Lo de siempre. Lo de siempre cansa. Ya es hora de acabar con la impunidad de unos crímenes que no pueden prescribir contra el derecho internacional, contra los derechos humanos, por más que lo diga una ley injusta (vaya contrasentido sin sorpresa) de este mezquino país. No me vale que ambos bando cometieran "desmanes": uno provocó la guerra, el otro defendía a un régimen legal. No me vale que en todas las guerras se fusile; que las guerras civiles sean las más duras, las que sirven para saldar rencillas entre vecinos; no me vale porque a la nuestra la siguieron cuarenta años de derrota para los vencidos, de represión para los reprimidos. Y tras eso, ¿cuarenta años más de olvido? Camino llevamos si no despertamos.

Sentí enormemente no salir a manifestarme yo también ayer; no tanto en favor de Garzón (que sufre una persecución injusta, política y surrealista, desde mi punto de vista), sino contra la impunidad y a favor de la verdadera memoria histórica (no ese papel mojado que han intentado vendernos como una ley). De eso iban en realidad las manifestaciones de ayer; por más que los medios solo destaquen el apoyo a Garzón, que lo hay, sobre todo porque ha sido a su vez el único apoyo de quienes llevan tantos años luchando en este país para que se reconozca que la muerte de su padre, de su hermano, fue injusta. Para sacar de la cuneta, en todos los sentidos, a todas esas personas condenadas al silencio en más de una manera.

A pesar de que tengo abandonado este blog por exceso de trabajo, no podía dejar pasar el 25 de abril, el aniversario de la Revolución de los Claveles (y el cumpleaños de quien esto firma) sin manifestarme aunque sea desde mi ordenador.

viernes, 16 de abril de 2010

Futuro asegurado

Me parece a mí que los traductores vamos a tener trabajo para rato en este país. Porque hasta que llegue el día en que quienes hablen otros idiomas dejen de ser minoría, lo cierto es que, de momento, o traducimos o no se entiende ni palabra. Y si se puede juzgar el nivel de los colegios bilingües de la Comunidad de Madrid por la incorrección gramatical de sus anuncios... ese día está lejano.
Para mí que esta gente gasta tanto en temas "Mortadelo y Filemón" que luego, claro, las campañas publicitarias las tienen que hacer ellos mismos en un ratico libre. Y si no llegaba el dinero para una campaña publicitaria sin errores gramaticales (siendo encima del Departamento de Educación), pues no te digo nada si tienen que financiar enseñanza bilingüe (y ya no digo que tenga que ser de calidad, porque esta palabra no viene a cuento en semejante contexto).
Este país es tan entretenido...

martes, 13 de abril de 2010

Vacaciones como dios manda

Hace solo una semana que volvimos y casi se me han olvidado ya; pero estas vacaciones de Semana Santa han demostrado que no hace falta alejarse tanto físicamente como tengo tendencia a desear para desconectar del todo, limpiar la mirada cansada de tanto ordenador y tan poco horizonte, y parar. Parar para valorar lo que importa (despertarse de una deliciosa siesta bajo el sol primaveral, rodeada de robles, con un concierto de todo tipo de pajarillos disfrutando del buen tiempo tras el largo invierno) y sorprenderse con lo que damos por sentado (los Pirineos oscenses, tan majestuosos e impresionantes cubiertos de nieve).
Han sido nueve días de descanso a jornada completa, para estirar las piernas y la mente y llenarnos de la energía de la montaña. La verdad es que tras un mes un tanto duro en varios frentes, ha sido una llegada de la primavera (a pesar de la nieve) en toda regla. Acertamos en varias cosas: en la elección de la zona (centrándonos en el Serrablo, en el Alto Aragón de mis amores) y, más concretamente, en la del pueblo (que vino dada por el alojamiento). Javierre del Obispo es de esos lugares que te cautivan con sigilo y sin estridencias. Mención especial merece Casa Oliván, altamente recomendable; una casa de infanzones con varios siglos y mucha historia a las espaldas, con interesantes características arquitectónicas y un mobiliario maravilloso y, lo más importante, unos propietarios entusiastas de su tierra y su pasado que nos hicieron sentir muy cómodos y nos ayudaron a conocer mejor todo lo que visitábamos (no llovió lo suficiente para toda la bibliografía que me prestaron y que disfruté enormemente).
Esperamos volver pronto para ir de excursión a los ibones (lagos glaciares) que en esta época resultaban aún inaccesibles o ir de romería a Santa Orosia, o lo que se tercie, vamos.

Más fotos de las vacaciones aquí. Como siempre, el fotógrafo es Jaime Seuma.