lunes, 22 de septiembre de 2008

La tierra del tiempo olvidado

En Madagascar se tiene la sensación de estar muy lejos, y no solo geográficamente, sino también en el tiempo. Las formaciones rocosas que nos recuerdan la ruptura de Gondwana, los "fósiles vivientes", los pre-simios y muchísimas especies de otros animales, de pájaros, árboles y plantas que no se encuentran en ningún otro lugar del mundo nos trasladan a épocas lejanas en las que el país aún no era una isla (la cuarta de mayor tamaño).
Lástima que se conserven también costumbres de hace muchos centenares de años, como la quema de pastos para cebúes (con la intención de renovarlos) que aísla bosques y acaba con la vida de muchos animales, erosionando la tierra y dejándola estéril para el cultivo. La deforestación se ha convertido en un grave problema contra el que no es fácil luchar en un país de costumbres ancestrales y malas carreteras. Y lástima también que una "simpática" compañía de telefonía francesa haya decidido que el tiempo es oro también aquí y que además puede cobrarse por minutos (hay cobertura en los sitios más impensables gracias a que han sembrado el país de torres y puntos de venta de móviles, que arrasan).
En Madagascar todo es inmenso. Cuesta hacerse a la idea de la extensión de los parques nacionales. La vista se nos pierde en el horizonte y en las cifras de muchos ceros. Y cada lugar es diferente, único. La gran variedad de paisajes hace que pasemos en un día del bosque tropical húmedo de Ranomafana a la aridez de las formaciones rocosas y los cañones de Isalo. En los parques y descendiendo por el río
Tsibirihina vemos lémures de diversas especies. Nos quedamos fascinados viéndoles saltar de árbol en árbol, comer hojas de bambú, cargar con sus crías. No nos cansamos de contemplar un animal que no existe en ningún otro lugar, que es el predecesor del mono.
También nos seducen los
niños (guapísmos) que hay por doquier, incluso en medio de la carretera cuando no divisamos ningún pueblo en las inmediaciones. Niños que juegan con palos y con otros niños. Sin juguetes. Niñas cargadas con bebés tan grandes como ellas. Todos ríen (en los pueblos, las ciudades son otra cosa) y nos saludan llamándonos "vazaha" (blancos), dispuestos en todo momento a jugar un rato con los extranjeros. Nos llegan sus risas por la noche, acampados en la orilla del río, y se les oye felices a pesar de vivir en uno de los países más pobres del mundo. A pesar de los síntomas de desnutrición que adivinamos en algunos de ellos, en un país que se alimenta básicamente de arroz.
Quizás mi mejor recuerdo de este viaje sea la placidez del tiempo detenido durante el descenso en piragua por el río
Tsibirihina, buscando pájaros y saludando a la gente con la que nos cruzábamos (mujeres lavando en la orilla, gente en piragua). Nuestros acompañantes (el "piroguier" y nuestro guía) hablaban con todos, y no era (en su caso, nosotros solo podíamos decirles "hola" y "adiós") un mero intercambio de saludos, sino una conversación en toda regla, regada de sonrisas, sin que importase que no se hubieran visto nunca antes.

Más fotos de Madagascar aquí. La foto de la Avenida de los Baobabs es de cosecha propia (con tratamiento digital de Jaime Seuma) .

Banda sonora del viaje:

miércoles, 16 de julio de 2008

"Prométeme": un estreno que no lo es tanto

Emir Kusturica estrena película. O no. La verdad es que sales del cine con la sensación de que ya la habías visto, solo que la otra vez te había gustado más (igual era el día en que se llamaba Gato negro, gato blanco). El propio Kusturica reconoce que siempre hace la misma película, con lo cual, es de mal criticar, la verdad.
Prométeme (Zavet) es un cuento moderno (pero un cuento, al fin y al cabo), con su abuelito sabio, unas promesas que hay que cumplir, un pueblecito nevado y una ciudad llena de tentaciones y perversión, el bufón, los malos, la princesa amenazada, los nobles caballeros que ayudan al prota, y el niño listo que acaba saliendo bien parado del lío que se monta. Y la que se monta es gorda. Zavet empieza bien, pero se va disparatando, disparatando, hasta que no puede acabar de forma razonable (por no hablar de algún momento un tanto zafio que podía haberse ahorrado). Todo ello con actores sólidos, una buena realización, música esperable y un aire de película cómica de cine mudo.
Un rato agradable con una película que podía haber aspirado a más (hubiera estado bien algún diálogo más como el que mantiene el abuelo con el otro anciano del pueblo, pero a Kusturica los diálogos le traen al fresco).

lunes, 14 de julio de 2008

"Fay Grim": segundas partes...

Suena feo dicho así, pero no sé qué falta hacía rodar Fay Grim (2006), con lo contentos que nos habíamos quedado todos con Henry Fool (1997) que es una película fantástica. Es como si a Hal Hartley se le hubiera acabado la inspiración y hubiera tenido que retomar las historias de antaño.
Después de The Girl from Monday (2005), que tiene su aquel y es menos ciencia-ficción de lo que sería bueno para los "consumidores" (antiguamente llamados ciudadanos) del siglo XXI, Hartley decide contarnos lo que ha pasado con Simon, Fay y Henry desde que les conocimos hace diez años. Algo del todo innecesario, a mi entender. Y lo hace con una película aparentemente menos personal que su filmografía de los 90; aunque desde luego hay cosas que solo se le hubieran ocurrido a él.
El principal problema que le encuentro es lo poco creíbles que son los personajes. Simon ya no es el basurero "freak", Fay se convierte en una especie de "Catwoman" inverosímil, Jeff Goldblum en el papel del agente Fullbright está desaprovechado (y desdibujado, un malo un tanto postizo), los agentes secretos son pura caricatura y, lo peor, Henry deja de ser Henry. Yo prefería las dudas sobre Henry, no saber todo lo que me cuentan ahora; que encima es un tanto descabellado. Era más poético que fuera un bedel con pretensiones. La trama tampoco me convence, ¿por qué demonios esperan tantos años a buscar los dichosos cuadernos? Y van y se ponen todos a la vez; incluso el editor tiene la misma idea.
Igual me he perdido algo; pero aunque haya escenas un tanto de opereta, como la de los espías, esta película no me resulta tan atractiva como cuando los personajes y las historias eran absurdos, pero bien delineados. En mi humilde opinión, se le ha ido la mano, creo yo. Que no sea el cambio de siglo, que está siendo de lo peor.

sábado, 12 de julio de 2008

Souvenirs: 10 recuerdos de Estocolmo

No sabría decir qué me gustó más de Estocolmo; pero tengo un recuerdo que no es de un lugar concreto, sino de una sensación muy placentera. Una ciudad (un país) para visitar en verano, claramente, que es cuando hay un montón de horas de luz e incluso sol (aunque te puede caer un chaparrón todo el año). Nos dejamos el recorrido por el archipiélago (que promete, pero requería más días y no solo un puente) para otra vez.
Entre mis recuerdos (no necesariamente por este orden):
1. La cantidad de parques, jardines y árboles que había. Una tercera parte de la ciudad es zona verde y los suecos la aprovechan para hacer picnics, deporte... Quien como ellos.
2. La tranquilidad y la limpieza de una ciudad que cuida sus espacios con esmero. Los escaparates y las tiendas, muy nórdicas, puestas con muy buen gusto. Y se ve todo andando; en el centro no hay grandes distancias (aunque reconozco que nos pegamos unas pateadas buenas, pero fue en el ecoparque, que es enorme, y en Södermalm, que lo mismo).
3. La gente, decidida a disfrutar del verano (y de la ropa y las terrazas propias de la estación), aunque hiciera más frío que en invierno en Barcelona y tuvieran que taparse con una manta.
4. Millesgärden, un lugar íncreible que celebra su centenario. Un museo y jardines en la isla de Lidingö donde se expone la obra del escultor sueco Carl Milles, discípulo de Rodin (nos recordó nuestra visita al Museo Rodin de París, que nos gustó muchísimo también). Las esculturas tienen mucha fuerza. Y fue muy relajante comer en la terraza de la cafetería (nos debimos contagiar de los suecos, porque disfrutamos de ratos muy agradables en varias terrazas).
5. La plaza Stortorget de Gamla Stan (el casco antiguo), con sus edificios antiguos y sus cafés. Un sitio al que volvimos varias veces.
6. El mercado (Saluhall) de Östermalm, donde todo estaba tan limpio y colocadito (parecía de juguete). Todo tenía una pinta estupenda. Montones de patatas diferentes.
7. Estocolmo con sol. Nos hizo un día (de cuatro) radiante y lo disfrutamos muchísimo. Todo tenía otro color y la gente estaba feliz (es que encima era domingo).
8. Si las ciudades con ríos o lagos (o mar) suelen ser especiales, esta, que tiene de todo y está formada por catorces islas, pues más. Agua por doquier.
9. La sorpresa al entrar en el patio del Ayuntamiento (no te esperas un lugar así tras un exterior tan austero). Muchos de los edificios históricos están coronados por figurillas doradas en perfecto estado de revista (a pesar de lo inaccesibles).
10. La cantidad de museos que había, no siendo una ciudad demasiado grande. Cerraban muy pronto, en mi opinión, eso sí.

Foto de Millesgärden de cosecha propia, con tratamiento digital de Jaime Seuma. Más fotos de nuestro viaje a Estocolmo aquí.

martes, 8 de julio de 2008

Regreso a Suzanne Vega

Suzanne Vega ha pasado por Barcelona para clausurar el Festival Únicas en el Palau de la Música. Presentaba su último álbum, Beauty & Crime, que como era de esperar (siempre nos gustan más los primeros discos de los cantantes que hemos oído de más jóvenes, nos suele dar la sensación de que con la edad han perdido fuerza e inspiración) no está a la altura de sus mejores canciones. Pero su voz sigue siendo increíble, tan aterciopelada y armoniosa como en sus comienzos hace 25 años, y solo por comprobar que no es un efecto de estudio (y por lo cara que se hace de ver) vale la pena rascarse el bolsillo (quizá tarde otros 19 años en volver).
La cantante combinó canciones del último disco con algunas de sus mejores melodías (o al menos las que más me gustan a mí); "Marlene on the Wall", "Penitent", "Small Blue Thing", "Left of Center"... Eso permitió comprobar que las letras de las nuevas canciones carecen, en gran medida, de la sofisticación de las de discos anteriores, aunque siguen estando muy bien escritas; pero no resultan tan misteriosas, poéticas y cautivadoras. Llevan su sello, en cualquier caso, y temas como "Pornographer's Dream" evocan el sonido de antaño. La acompañaban un par de músicos de calidad probablemente incuestionable, pero que aportaban demasiado "chumba-chumba" para mí gusto. Creo que una voz como la suya necesita su guitarra y poco más, o al menos arreglos más sutiles.
El Palau no estaba lleno (estamos en pleno Grec) pero había bastante público madurito que había ido (claramente) a oír la dichosa "Luka" (deberían hacer un estudio para ver cuánta gente entiende la letra) y "Tom's Dinner"... La concesión de cantar parte de "Luka" en español (hizo en su momento, debido al mega-éxito, una versión horripilante) seguramente fue bien intencionada; pero no se lo agradecimos quienes íbamos a oírle cantar sobre soldados y campos de batalla (una obsesión, lo de esta mujer, Freud tendría mucho que decir al respecto). Pero por más pegas que se le pueda poner, la verdad es que fue un placer retomar canciones que tenía bastante olvidadas y sumergirme de nuevo en su voz.
Más info. sobre Suzanne Vega en su página web.

domingo, 6 de julio de 2008

Grec 2008: "Troilus and Cressida"

La compañía de Declan Donnellan no falla una. Su nuevo espectáculo, tan atrevido y lúcido como de costumbre, se ha podido ver durante unos días en el Festival Grec de Barcelona. Se trata de la obra de Shakespeare Troilus and Cressida, que, a pesar de su título, tiene más de pacifista que de romántica. En ella, la guerra no es mítica, sino absurda, y el auténtico héroe, Héctor (el muy carismático David Caves), solo quiere luchar de forma limpia y por causas auténticas, a pesar de la corrupción que le rodea. Y así le va, claro.
Cheek by Jowl ha escogido, de nuevo, una obra poco representada (para ser de Shakespeare, se entiende) y considerada ambigua y difícil. Les van los retos. Y los viajes, algo muy de agradecer (es la segunda vez que los veo en Barcelona). Desde luego, sale uno maravillado (y milagrosamente ileso) tras haber resistido en primera fila en pleno fragor de la batalla; seducido por unos actores impecables y una puesta en escena tan impactante como las de anteriores montajes, con los sobrios diseños a cargo de Nick Ormerod (fundador de la compañía junto con Donnellan).

jueves, 26 de junio de 2008

Tragicomedia provinciana

La segunda novela de Mark Haddon lleva el muy británico título de A Spot of Bother (traducida como Un pequeño inconveniente y publicada por Alfaguara). Y se trata, realmente, de una novela muy británica, en la que no paran de soltar ironías y poner teteras, mientras comen platos precocinados comprados en la omnipresente cadena de supermercados Tesco. A pesar de que desde las primeras páginas uno intuye que Haddon no piensa aventurarse en tierras ignotas con esta historia, tampoco puede dejar de leer, atrapado por un ritmo frenético (que decae un tanto hacia el final) lleno de clímaxes. Al lector casi le da miedo dejar a los personajes por miedo a lo que harán mientras no les observa. Total, que se lee en un fin de semana sin trabajo (y sin trabajos).
Tras un debut por todo lo grande como escritor para adultos (aunque El curioso incidente del perro a medianoche lo publicó simultáneamente una editorial para adultos y otra de literatura infantil con idéntico texto y diferentes portadas) que le valió nada menos que 17 premios en todo el mundo (incluyendo el muy prestigioso Whitbread y ser finalista del Booker), y unas ventas fabulosas en decenas de idiomas, el autor de libros infantiles, ilustrador y guionista británico tenía un importante reto ante sí: no decepcionar a sus legiones de fans sin repetirse. Para ello escogió a un clan al borde de un ataque de nervios y se sirvió de su fino humor para el retrato de personajes. El resultado es una novela que se lee muy fácilmente, pero que no va más allá. Y podría haberlo hecho. Hay comentarios muy ingeniosos y situaciones divertidas que podrían haberse llevado al absurdo, arriesgando un poco más. Esta es una lectura que no compromete en absoluto al lector por más que pueda encontrar algún paralelismo con su vida; no se llega a ridiculizar verdaderamente a los protagonistas. Ni siquiera a George, por más disparates que haga, llega en ningún momento a ser patético (y nunca nos llegamos a preocupar realmente por su integridad).
De alguna forma, Haddon protege en exceso a sus personajes, haciéndoles salir bien librados de todos sus líos. Quizá por su pasado de autor infantil, no se mete en muchos jardines. Me queda la sensación de que si lo hubiera hecho estaríamos ante una novela de más alcance. Quizá Haddon, como buen autor para todos los públicos, se frena a la hora de incluir más momentos como las fantasías eroticas de Jamie o el atormentado recuerdo de la escena sexual que contempla George (en este último caso, el vocabulario elegido es brillante). O quizá no tiene la suficiente mala leche. El caso es que se queda corto y es una lástima, porque Haddon sabe escribir y es, sin duda, lo suficientemente ingenioso (aunque solo el ingenio no pueda sostener una novela). George es, en este sentido, el personaje más logrado, con su peculiar visión de las cosas. Por ejemplo, no le disgusta que su hijo sea homosexual por el hecho de que mantenga relaciones sexuales con otros hombres, sino porque la idea de una pareja de hombres comprando muebles juntos le incomoda. También se retrata muy bien la forma en que los miembros de una familia tienen adjudicados unos roles de los que es imposible librarse aunque las personas crezcan o evolucionen. Cómo los hijos nunca resultan lo suficientemente adultos y son incapaces de ver a sus padres como personas que puedan cometer infidelidades o tener crisis nerviosas. Para Jamie, su padre es la persona que ordena los libros alfabéticamente y le da cuerda a los relojes; y es incapaz de entender qué puede llevarle a perder la chaveta.
Aunque también puede verse de otra forma: una trama tan poco audaz hubiera resultado fallida escrita por alguien menos capaz. Al menos, así lo veían en una crítica en The New York Times; lo cual me hace pensar que a los críticos les cuesta "machacar" una novela cuando previamente han encumbrado a su autor. Y es que quizá se colocó a Haddon en un pedestal demasiado alto. Desde luego, The Curious Incident of the Dog in the Night-time tenía fuerza (aunque daba la sensación de que Haddon no había sabido encontrar un final para su historia). Su retrato del adolescente con síndrome de Asperger nos hacía entender tan bien a Cristopher, que casi dudábamos si no tendríamos nosotros también alguna alteración del mismo tipo. Es una novela sorprendente, que engancha al lector con una estructura muy simple que esconde una fina ironía; pero que quizá no sea la obra maestra que merecía premios literarios tan prestigiosos. En ese sentido, puede que sea uno de esos raros fenómenos literarios que aúnan buenas críticas y entusiasmo de los lectores; pero que no van a resistir bien el paso del tiempo. Un libro que se olvide en una década. Haddon tendrá que esforzarse un poco más si no quiere que se le olvide también a él. Al menos, en cuanto a público adulto se refiere; porque no conozco el resto de su obra.
Se puede leer el primer capítulo (en inglés) de la segunda novela de Haddon aquí.