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domingo, 25 de enero de 2009

Desconcertantemente seductora

El título de esta película en inglés (en chino era algo así como "La jungla de Chungking") combina un símbolo de Hong Kong, las Chungking Mansions en el barrio de Tsim Sha Tsui (en la península de Kowloon, es un lugar donde viven personas de más de cien nacionalidades y donde se rodaron muchas escenas de la primera parte de la película), y un elemento de ficción, el puesto de comida rápida (que se llama Midnight Express) que sirve de vínculo entre las dos partes de la película. Así, hace una cierta referencia también a esa gran pasión hongkonesa en particular y china en general: comer. Esta película de 1994 (ha envejecido estupendamente), escrita y dirigida por Wong Kar-Wai, resulta tan hipnótica como desconcertante (marca de la casa). Decidí verla porque, además de que me la habían recomendado, acababa de volver de Hong Kong, y como me cuesta un poco regresar del todo de los sitios, un libro o una película ayudan a permanecer un poco más allí. Pero la verdad es que en esta película Hong Kong es más un estado de ánimo que un emplazamiento geográfico. Se ven las escaleras mecánicas que van a una especie de barrios dormitorio (los Mid-Levels, buena parte de la isla de Hong Kong es una cuesta). Y poco más; los restaurantes callejeros, algún puesto de frutas y verduras, el metro, el aeropuerto de Kowloon (nosotros volamos al nuevo, impresionante, en la isla de Lantau). Aparte de que, con tanto bandazo de cámara (no es la mejor película para ver cuando uno está griposo, como era el caso), cualquiera reconoce nada.
"Chungking Express" es una especie de 2x1: dos historias con policías románticos como protagonistas, los actores Takeshi Kaneshiro y Tony Leung (ambos habituales en las películas de este director, sobre todo Tony Leung). Cuando estás enfrascado en la primera historia, con su mujer misteriosa y todo, hay un momento en el que se pasa (incluso visualmente) a la segunda, y te quedas sin saber nada más del poli guapete (que si sigue comiendo así, perderá la figura rápidamente, por más carreritas que se eche). Y nos quedamos con Tony Leung (enseñando los calzoncillos, eso que no falte) y con el excéntrico personaje que interpreta la cantante Faye Wong. Desconcertados, pero seducidos. Y si hablamos de una película de este director, no podemos olvidarnos de la música, de gran importancia en su filmografía. La banda sonora de Chungking Express obedece, como de costumbre, a la original idea que tiene Wong Kar-Wai al respecto: "California Dreaming", versiones de The Cranberries en cantonés... destacando "Baroque" de Michael Galasso (quien también se ocupó de parte de la música de In the Mood for Love), una envolvente melodía que cuadra a la perfección con el espíritu de la película (es la que suena en el tráiler que he puesto de la película).
Me resulta muy difícil decir si me gustan las películas de Wong Kar-Wai. Me llaman mucho la atención, me abducen... Tantas pestes eché de My Blueberry Nights y resulta que su puesta en escena, la música, el ambiente, me viene a menudo a la mente. Me atrapó más de lo que me pensaba. En cualquier caso, de las tres películas que he visto de este director, esta ha sido, seguramente, la que más me ha gustado (o a la que menos pegas le he puesto). A pesar de que mientras la veía en mi sofá dije varias veces en voz alta "este hombre está como un cencerro".

Entrada acerca de otra película del mismo director aquí.
Faye Wong cantando "Dreams" de The Cranberries en cantonés (impagable, con escenas de la película en las que aparece la cantante), aquí.


domingo, 14 de diciembre de 2008

Precioso envoltorio sin regalo

Hará un año más o menos cedí a las presiones bien intencionadas de una de las personas que opinan que debería ver más cine asiático y vi In the Mood for Love (Deseando amar, 2000). Y resulta que me gustó. Me había negado a ver ni una sola película más de Wong Kar-wai después de mi estreno con Happy Together (1997); un gran éxito de crítica que a mí me resultó insoportable. Pero In the Mood... tiene algo fascinante, que te atrapa a pesar de ti mismo, de tus gustos, de tus ideas (preconcebidas o no)... El contraste de la música (oír "Aquellos ojos verdes" cuando se supone que estás en Hong Kong es un tanto desconcertante) con las imágenes de Maggie Cheung y sus elegantísimos "cheongsam" (los vestidos que lleva), los sofisticados recursos formales, los colores... todo ello transmite una sensación de amor y dolor bastante conseguida. Así que ahora que deberíamos estar preparando las vacaciones de navidad en Hong Kong (preparativos abandonados por exceso de trabajo, gran novedad), parecía buen momento para ver otra película del director hongkonés; aunque fuese la primera ambientada en los EE.UU.
My Blueberry Nights se parece en muchas cosas a In the Mood... De hecho, Norah Jones y sus modelitos me recuerdan bastante a Maggie Cheung. Los tonos rojos y verdes, los juegos de imágenes... De nuevo el diálogo y la historia carece de importancia. Todo es belleza formal. Y cuando digo todo, quiero decir absolutamente todo. No hay nada más. Las imágenes de los trenes y Norah Jones en la calle por la noche, con la banda sonora, son muy evocadoras. Con el helado de vainilla fundiéndose con la tarta, Kar-wai se pasa un poco, para mi gusto. Ya es rizar el rizo. Pero las historias del bueno de Jeremy (Jude Law haciendo el papel más fácil de su carrera) y compañía no emocionan. Y por mucho que la estética nos entre por los ojos, si no nos llega más adentro, si no nos cuenta nada más allá de transmitir una pequeña dosis de dolor, la película resulta un tanto vacía (el dolor llega más si es creíble). Porque seguimos hablando de amor y dolor; pero con tanta intensidad y grandilocuencia que acaba siendo poco real. Aunque todos los actores estén bien en su papel (el de Natalie Portman no se lo cree nadie, pero supongo que no es culpa suya).
Total, que igual con ver el tráiler es bastante. Bueno, eso sería exagerar un poco; pero es que esta película me ha recordado la pasión que sienten los japoneses por los envoltorios de los regalos, que hace que casi sea más importante elegir con cuidado el exterior que el obsequio en sí. En los grandes almacenes de Tokio hay secciones enteras dedicadas al papel de regalo, los lazos, etc. A ver si va a resultar que Wong Kar-wai es japonés...