De van Dongen tenía referencias como influencia de los expresionistas alemanes Die Brücke y poco más. Tuvo que ser toda una provocación lo de este hombre, a principios de siglo; alguien a quien ser impúdico le parecía una virtud y que hacía semejante uso del color. Hasta tal punto llegó la cosa que la policía tuvo que descolgar de una exposición este polémico cuadro, Tableau (también conocido como El chal español), el que más me gustó de toda la exposición.
Hablando de expresionistas, siempre que voy al Picasso (ahora hacía un montón que no me acercaba) recuerdo la exposición de Schiele; debió ser en el año 2000, en mi época de vecina (del museo, no de Schiele), cuando lo tenía más a mano.
Es increíble que las exposiciones duren meses y yo me pierda muchas. A mí es que el tiempo no me cunde nada. Y es una verdadera lástima, porque es una de las ventajas que tiene vivir en Barcelona. Al final, acabamos sufriendo más los inconvenientes que disfrutando de las cosillas buenas que puede aportar una ciudad que ni es grande ni es pequeña, sino todo lo contrario.
